En notas anteriores habíamos mencionado los nuevos métodos no convencionales de las nuevas guerras, más allá de los drones no tripulados y las inhibiciones electrónicas de los radares de última generación de EE. UU. por parte de China en su asociación estratégica con Irán, lo que hizo abortar el famoso ataque por parte de Donald Trump, con un intenso bombardeo como no se veía desde la Segunda Guerra Mundial. Pero, al comprobarse la eficacia de los inhibidores de rastreo aéreo de los aviones, tanto de Israel como de EE. UU., lo que ocasionaría pérdidas incapaces de absorber por la «Banda Epstein».
En complemento a la impactante «teoría de la Internet muerta», también puede morir de forma local o regional debido a la geopolítica en «selectivos» puntos de estrangulamiento, como es el caso del superestratégico estrecho de Bab el Mandeb (que en árabe quiere decir lágrimas del cielo). Ahora, alrededor del estrecho se ha reiniciado la guerra entre Arabia Saudita y los guerrilleros de Ansar Alá (Soldados de Dios), que ha elevado la escalada en el Mar Rojo a grado tal que, en medio de la Guerra de Medio Oriente, se acaba de gestar un «Pacto de defensa» en La Meca, entre Arabia Saudita/Pakistán, única potencia islámica no árabe dotada de 170 ojivas nucleares, y Turquía, miembro de la OTAN.
Se habla mucho sobre la indiscutible trascendencia del transporte de hidrocarburos, tanto en el estrecho de Ormuz como en el de Bad el Mandeb, pero se soslaya su relevancia estratégica como ruta de tránsito submarino global, y a que gran parte del tráfico de Internet pasa por sus cables de fibra óptica. Hay 17 cables submarinos en el Mar Rojo que facilitan el tráfico de datos globales entre Asia, África y Europa. Según un Mapa Planificador de Rutas, existen en el mundo 694 sistemas de cables submarinos que transportan Internet, con 1.983 «estaciones de aterrizajes», frente a los satélites que incluyen a los Starlink. Según MAPPR, el Mar Rojo es el más peligroso punto de «estrangulamiento» de Internet.
Antes de la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, Jon Gambell, de AP, previno sobre la interrupción de esos cables, atribuyéndose la causa a los hutíes con el fin de presionar a Israel para finalizar su guerra con Gaza. Pero hete aquí que los sistemas de cables submarinos no solamente conectan Egipto, Arabia Saudita y Yibuti, sino que también continúan su ruta hacia el océano Índico y el golfo Pérsico, nada menos. No cuesta mucho imaginar el desastre administrativo económico si los yemenitas e Irán, en peligro de ser atacados, pueden inhabilitar esas vías de comunicación. Casi un colapso petrolero. ¿Y hacia quién irían las miradas buscando responsables de esa tragedia?
En fechas recientes, Mostafa Salem y Sarah Tamini, de la CNN, afirmaron que Irán y Yemen vislumbraban nuevas «fuentes de poder» en las profundidades del estrecho de Ormuz, en relación a los cables submarinos que transportan el amplio tráfico de Internet entre Europa, Asia y el golfo Pérsico. Mientras tanto, el portavoz iraní Ebrahin Zolfaghari declaró que su país impondrá cargos de licencia a los cables de Internet de Google, Microsoft, Meta y Amazon. Y no solo eso: si se produce una interrupción en el suministro de Internet en el golfo Pérsico, afectaría severamente los Fondos Soberanos de Riqueza de los Emiratos Árabes Unidos.
Como se ve, los escenarios de guerras presentan distintos campos de batalla, tanto en la superficie terrestre, en superficie marina y en sus profundidades, en el aire, donde campean y ganan batallas la superioridad tecnológica, además de la guerra espacial, donde los satélites se han convertido en una fuente de información de localización de objetivos con notable precisión, en la que China y Rusia llevan años de investigación. Por supuesto, no me olvido de la «batalla cultural», donde los medios de desinformación manipulados por las grandes corporaciones periodísticas secuestran la verdad en la evolución de los conflictos, hasta que el cese de estos demostrarán la verdad desnuda de los «señores de la guerra» no eran los que decían ser…
Como dijo el maestro de los reporteros de guerra Kapuscinski: «En toda guerra, la primera víctima es la verdad».
Fuente: Opinión.

