Por Gustavo Vergara, senador provincial
También fue una entusiasta defensora de Sergio Urribarri. En aquellos años no escribía cartas abiertas ni reclamaba transparencia. Tiene derecho a cambiar de opinión, pero no a borrar su propia historia.
Ahora acusa al Gobierno de favorecer a una empresa sin aportar una sola prueba. La licitación fue pública, atravesó los controles correspondientes y no recibió impugnaciones durante su trámite. Si Osuna conoce un delito, debe denunciarlo ante la Justicia. Si no, debería dejar de utilizar a los chicos como escudo para una operación política.
Igualdad significa que ningún alumno reciba una alimentación peor por la escuela o el lugar de la provincia donde le tocó nacer. El sistema anterior dejó cientos de establecimientos prácticamente imposibles de controlar y enormes diferencias entre escuelas. En algunas había una prestación adecuada; en otras, mate cocido con pan, facturas, alfajores o lo que cada una pudiera conseguir. Eso no era diversidad. Era desigualdad.
Y no pueden alegar desconocimiento. Ya en 2014, estudios realizados por la Universidad Nacional de Entre Ríos advertían sobre las deficiencias del sistema y sus carencias nutricionales. El diagnóstico existía, pero durante años miraron para otro lado.
La fragmentación de las compras también dificultaba controlar en qué se gastaba el dinero destinado a los chicos. Esta gestión detectó y denunció compras injustificables, precios fuera de mercado, rendiciones inconsistentes y utilización indebida de fondos. Existen actuaciones administrativas y denuncias concretas.
Centralizar significa establecer productos y precios verificables, garantizar trazabilidad y saber qué recibe cada escuela. Significa aplicar controles nutricionales, administrativos y económicos que antes eran imposibles.
La Justicia no anuló la licitación, no rescindió el contrato ni prohibió la provisión centralizada. Dispuso que no se entreguen productos con sellos y el Gobierno cumplirá esa decisión. También reconoció las facultades de la Provincia para organizar el programa, definir los menús, seleccionar proveedores y establecer controles.
A Osuna le molestan los cambios de nuestro Gobierno porque traen transparencia. Ella y los suyos quieren seguir conviviendo con los nichos de corrupción que ellos mismos propiciaron.
El Gobierno está transformando un sistema que conocieron durante años y nunca se animaron a cambiar.
Por eso, sí: con los chicos no. No se los utiliza para recuperar una autoridad moral perdida ni para acusar sin pruebas.
Blanca Osuna puede cuestionar al Gobierno. Lo que no puede hacer es borrar su propia historia.
Carta abierta de Blanca Osuna al gobernador: «Con los chicos no, Frigerio»


