El economista, profesor de la Universidad de Berkeley (California) y director del International Tax Observatory, lleva más de una década estudiando y analizando cómo el mundo está diseñado para que las grandes empresas y grandes patrimonios eludan los sistemas tributarios y ahorren en sus facturas fiscales, mientras el peso de mantener los estados de bienestar acaba recayendo sobre las clases trabajadores y pequeñas empresas. Pero, además, también ha planteado soluciones concretas, con cifras y estrategias de implementación e integración, para que los millonarios no sigan riéndose en la cara de los demás y aporten lo que les toca. No hay debate sobre impuestos a nivel mundial en el que no aparezca el nombre del francés, ni partido político o movimiento civil que quiera gravar la riqueza de los que más tienen que no haya llamado a su puerta o leído sus libros y propuestas al dedillo.
Tras sus dos grandes éxitos La riqueza oculta de las naciones (Editorial Pasado y Presente, 2014) y El triunfo de la injusticia. Cómo los ricos evaden impuestos y cómo hacer que paguen (Taurus, 2021) escrito junto a su compañero de batallas Emmanuel Saez, Zucman nos trae un breve pero directo texto bajo el sugerente título de Por qué los multimillonarios no pagan impuestos sobre la renta y cómo vamos a ponerle fin, publicado este 2026 por la editorial Anagrama. El libro, que se ha convertido un fenómeno mundial, recoge lo que el economista ha planteado y ha sido utilizado para promover los últimos acuerdos del G20 en materia fiscal, debates sobre gravar a los milmillonarios en parlamentos como el francés o para impulsar un referéndum que se celebrará el próximo noviembre para que los ultra ricos californianos paguen hasta un 5% de su riqueza anualmente y por lo que está recibiendo el señalamiento y la campaña de desprestigio de los grandes señores de Silicon Valley, que están gastando cientos de millones de dólares en intentar tumbar la votación.
Eres impulsor de una fuerte campaña a nivel mundial a favor de un impuesto a los multimillonarios. ¿En qué punto cree que se encuentra el debate y la aceptación de este impuesto a nivel global?
El debate ha avanzado de forma notablemente rápida. Hace unos años, un impuesto mínimo a los multimillonarios se consideraba algo poco realista. En 2024, bajo la presidencia brasileña, todos los países del G20 acordaron por primera vez que las personas con un patrimonio extremadamente elevado deben tributar de forma más efectiva. Se trata de un logro importante, y estamos muy orgullosos de que el International Tax Observatory haya podido contribuir a este esfuerzo redactando el informe que sirvió de base para la propuesta de Brasil.
El diagnóstico es cada vez más claro. En todos los países donde disponemos de evidencia, el impuesto sobre la renta de las personas físicas falla precisamente en la cúspide, porque los multimillonarios pueden estructurar su patrimonio de manera que no genere renta imponible que aparezca en sus declaraciones fiscales. Como resultado, pagan, de media, el equivalente a solo alrededor del 0,3% de su patrimonio en impuestos personales cada año, proporcionalmente menos que la mayoría de los contribuyentes de clase media. Existe hoy un reconocimiento mucho más amplio de que esto es tanto injusto como económicamente insostenible.
El debate se está desplazando progresivamente de si los multimillonarios deben tributar de forma más efectiva a cómo lograrlo
Desde el G20 de Brasil, el propio Brasil, España, Sudáfrica y otros países han seguido construyendo apoyos para gravar más a los súper ricos, mientras varias propuestas han entrado en el debate político nacional en Francia, los Países Bajos, Bélgica, España, Hungría, Suecia, Estados Unidos y otros lugares. California votará en noviembre un impuesto sobre el patrimonio de los multimillonarios. El debate se está desplazando progresivamente de si los multimillonarios deben tributar de forma más efectiva a cómo lograrlo.
Tu último libro concluye afirmando que el impuesto acabará imponiéndose “porque la evidencia habla por sí sola”. Pero es cierto que los datos no siempre vencen a los relatos, y el relato antiimpuestos también es muy fuerte a nivel global, con figuras como Milei y Trump. ¿Cree que la evidencia acabará imponiéndose y llegaremos a ver algún día un acuerdo para imponer este impuesto a nivel global?
El impacto de la investigación es extraordinario, y lo hemos comprobado en todos los países donde ha sido posible —gracias a la colaboración con las administraciones tributarias— mostrar el nivel de tributación, incluyendo todos los impuestos, en todas las clases sociales. Existe una gran opacidad sobre los impuestos que pagan los súper ricos, el 0,001% más rico, para quienes no se publican estadísticas oficiales. Pero hemos logrado disipar esa opacidad. Una vez que se ve el gráfico que muestra que los ultrarricos pagan, de media, la mitad que otros grupos sociales, resulta difícil no verlo más. Y eso cambia los términos del debate: la pregunta ya no es si existe un problema, sino cómo solucionarlo.
El relato antiimpuestos es poderoso, en parte, porque la riqueza extrema también produce una influencia política extrema. Los multimillonarios pueden financiar campañas electorales, comprar medios de comunicación y financiar operaciones de lobby. No dudan en presentar políticas que protegen su propia riqueza como si sirvieran a la sociedad en su conjunto.
Pero hay una paradoja. Los políticos financiados por multimillonarios que están recortando impuestos a los súper ricos y desmantelando salvaguardas frente a la concentración de poder económico también están haciendo más evidente la necesidad de estos impuestos. Están demostrando lo que ocurre cuando la riqueza extrema se traduce en poder político. La conexión entre la injusticia fiscal, la desigualdad y la erosión de la democracia es cada vez más difícil de ignorar. Por eso, soy optimista, aunque es difícil saber cuánto tiempo tardará la evidencia en traducirse en políticas concretas. Eso requiere movilización democrática y gobiernos dispuestos a tomar la iniciativa y a hacer frente a la influencia de la riqueza extrema.
Tras el G20 de Brasil, y en un contexto de multilateralismo fracturado, ¿sigue siendo viable esa vía? ¿Tiene sentido? ¿Cómo puede reactivarse?
La vía más prometedora consiste en que un país grave a sus multimillonarios y actúe como ejemplo. Así es como ha ocurrido con mayor frecuencia a lo largo de la historia. El impuesto sobre la renta de las personas físicas no se creó mediante un acuerdo internacional, sino que algunos países lo probaron, y después se convirtió en lo habitual.
La principal objeción a la acción unilateral es que podría provocar que los multimillonarios se marcharan. Aunque es una preocupación legítima, la amenaza del exilio fiscal no debería exagerarse ni utilizarse como excusa para la inacción. La evidencia disponible sugiere que la migración inducida por motivos fiscales entre los muy ricos es real, pero limitada. Los países también pueden reducir considerablemente el incentivo a trasladarse fortaleciendo los impuestos de salida e introduciendo la tributación de arrastre (“trailing taxation”), según la cual los residentes muy ricos seguirían sujetos al impuesto mínimo durante un tiempo (digamos, 5 o 10 años) tras marcharse, con créditos por los impuestos pagados en su nuevo país.


