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Portada / Concordia, Opinión

Salud mental: la Provincia declara la emergencia, el Municipio adhiere, hay cintas amarillas y mucho discurso, pero la asistencia no llega

Hablar de prevención del suicidio no puede reducirse a campañas, cintas amarillas o consignas sobre la importancia de hablar. En una ciudad atravesada por la pobreza, el desempleo y la desesperanza, la prevención exige políticas públicas concretas, asistencia accesible y dispositivos de posvención para quienes quedan afectados. La Ley 27.130 establece responsabilidades precisas para el Estado, pero en Concordia seguimos esperando respuestas mientras quienes atraviesan estas situaciones encuentran, demasiadas veces, desamparo.

Por: Sergio Brodsky

27 septiembre, 2026

10:35 am

El protagonista de la novela “Una sombra ya pronto serás” (1) es un ingeniero informático desocupado. Camina por las desérticas rutas del sur, por el vértigo de la llanura interminable, sin destino, y vuelve siempre al mismo lugar. No tiene trabajo, solo tiene hambre. La imagen del ferrocarril abandonado, al costado del pueblo, no deja dudas de que se trata de una metáfora de la Argentina autodestructiva de los 90, la década de los 12 años, de las privatizaciones y la desocupación, que estalló en 2001.

En ese viaje sin destino, como el país, se encuentra con desopilantes personajes. Uno de ellos es una adivina que tira el tarot por jamones, quesos y huevos de gallina. Ella le dice algo que no deja de resonarme; le dice que él —se lo dicen las cartas, en verdad—, ese ingeniero desocupado, sin salida, en ese país devastado, es “un hombre cansado de llevarse puesto”. Es una definición extraordinaria que bien cabe al hombre de hoy. Al que lleva consigo los pesares de la existencia. Una existencia que pesa, que duele. Un hombre cansado de llevarse puesto y —agregaría— de que se lo lleven puesto.

Es, claro, el hombre que sufre, como el ingeniero, el desempleo, el tener que endeudarse para poder comer, la angustia económica, el ajuste, la crueldad, la desesperación, la desesperanza. No se puede hablar de salud mental, ni de prevención de conductas autodestructivas, aisladas de las condiciones concretas de existencia de las personas. Sobre todo si habitan la ciudad más pobre del país.

Sin embargo, se ha dicho, hasta el cansancio, en el mes amarillo de la prevención del suicidio, que “hablar salva vidas”. Es una frase de las redes que repite el funcionariado, una sentencia parcialmente cierta, sin embargo, porque no alcanza con hablar. Y vea que he sido un propulsor de terminar con el tabú del suicidio. Pero no alcanza con hablar, hay que hacer.

Lo que hay que hacer es muy claro: es lo que dice la Ley 27.130, cuyo objeto es la prevención, asistencia y posvención del suicidio. Naturalmente, lo tiene que hacer el Estado, el garante del derecho a la salud, a través de la aplicación de programas que concreten esos objetivos.

No se puede hablar de prevención, ponerse cintillas amarillas y sacarse fotos sin cuestionarse las políticas de destrucción del empleo, del futuro de los jóvenes —los más perjudicados—, del ajuste a los jubilados y los trabajadores que esos mismos gobiernos ejecutan, esas políticas que han agravado la pobreza, la desesperación y la desesperanza, porque ellas constituyen significativas dimensiones de riesgo en la compleja multicausalidad de las autodeterminaciones.

Es una contradicción o una disociación alienante hacer congresos de prevención del suicidio y despedir 400 empleados públicos (que se suman a los despedidos de las empresas privadas), dejarlos en la calle y agravar la pobreza y la desesperación en una ciudad donde hay cada vez más gente que come de la basura (2).

Es una falacia pretender —como lo hace el Municipio local— realizar prevención primaria con un pequeño equipo, en una ciudad de 200.000 habitantes, para trabajar de un modo genérico la salud mental y el bullying en algunas escuelas (eso se supone), como respuesta a una problemática tan grave, tan compleja, tan inmensa. Daría pudor (ajeno) si no diera indignación por el dolor que generan los casos.

Eso no es prevención del suicidio en una provincia que ha declarado, ante la gravedad de los hechos, la emergencia y la urgencia en salud mental para poder asignar recursos donde se los necesitare. Hasta la fecha, no se sabe de ningún nuevo programa ni de refuerzos de psicólogos ni psiquiatras que haya surgido de esa declaración, al menos en Concordia.

Hoy sigue siendo imposible conseguir un turno con la inmediatez y la premura que las circunstancias apremiantes lo exigen en salud mental, en ningún hospital de Concordia. Eso lo puede comprobar cualquiera que pida asistencia psicológica y quede enredado en una interminable y eterna lista de espera.

La provincia, que cuenta con la línea 135 para consultas, ha declarado la urgencia y emergencia en salud mental. Hasta ahora ha sido pura declamación. Prevención, asistencia y posvención.

La posvención es el tercer nivel de prevención y representa el abordaje del entorno afectado de la persona cuando el suicidio se ha consumado. La asistencia a la familia, a los compañeros de escuela, facultad o trabajo, a los amigos, para prevenir nuevos casos.

En las situaciones de autodeterminaciones que se han producido en nuestra ciudad, los afectados solo han encontrado el desamparo, la ausencia del Estado. Porque tenemos que recordar que el Estado es el responsable de ejecutar políticas públicas (no solo hablar) de prevención del suicidio.

Lo reitero porque “Lazos en Red”, que es consultado y requerido en estos casos, es solo un voluntariado, una red de vecinos voluntarios sin más recursos que la solidaridad, pero que de ninguna manera puede (ni debe) hacerse cargo de tapar los agujeros de lo que debe hacer el Estado.

En el mes de la prevención del suicidio, de la concientización para la prevención del suicidio, seguimos esperando esas respuestas.

(1) Osvaldo Soriano, “Una sombra ya pronto serás”. Seix Barral, Biblioteca Soriano.

(2) Miguel Orellano, “Trabajo, desocupación y suicidio. Efectos psicosociales del desempleo”. Editorial Lumen Humanitas, donde la correlación entre estas variables se deriva de una investigación rigurosa.

Sergio Brodsky

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