No es delito la estafa cripto ni las coimas del 3 %. No son delitos las cascadas mal habidas. No es delito incumplir con la Ley de Presupuesto Universitario ni con la Ley de Emergencia en Discapacidad. No es delito hambrear jubilados ni reprimirlos salvajemente. No es delito quitar derechos a las personas con discapacidad ni reprimirlos brutalmente. No es delito hambrear docentes ni despedir trabajadores. No es delito ignorar el hambre, la pobreza, la indigencia. Sí es delito, un grave delito, la quema simbólica de una cartulina. ¿Qué delito es? Como en el caso Gaspar, el personaje de Elsa Bornemann que un día fue detenido porque había decidido caminar con las manos, nadie sabía de qué delito se trataba, pero lo detuvieron porque era evidente que su conducta iba contra las costumbres.
Finalmente concluyeron que —el de los “jubilados violentos”— (1) era un delito de intimidación pública. ¿Qué será lo que intimida? No está claro, por eso los llevaron, para averiguar sus antecedentes. Los tienen floridos, flores de prontuarios. Tienen antecedentes por protestar todos los miércoles contra las políticas inhumanas que destruyen a los jubilados. Contra el hambre, el ajuste y el abandono a los adultos mayores. Tienen antecedentes de honradez, decencia y dignidad. ¿Será eso lo que intimida? Eso intimida y por eso quieren intimidarlos. Intimidan las fotos, intimida la transparencia, la dignidad. El delito de la decencia.
(1) “Jubilados violentos”, canción de Illya Kuryaki and the Valderramas.
Sergio Brodsky

