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Opinión

11 octubre, 2026

“Toto” está en problemas

El ministro lidia con el escándalo de la mala praxis con las reservas en oro, cuestionamientos de los economistas amigos de Milei y una montaña de deuda próxima a vencer. De fondo, el clima de malestar social creciente cuestiona aquello de los 18 mejores meses por venir.

5:45 pm h
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Por: Eduardo Aliverti

Los ruidos cada día más estentóreos sobre la suerte que puede correr Caputo Toto, lanzados desde dentro del propio Gobierno y junto con una economía que técnicamente ya entraría en recesión, pusieron una pausa en el entusiasmo oficial tras las urnas brasileras.

Una semblanza generalizada indicaría que después del triunfo bolsonarista no hay mucho más que hablar en cuanto a “enseñanzas” electorales.

Los oficialismos no reeligen virtualmente en ningún caso. La “izquierda” está vieja, sin renovación de discurso y carente de diagnóstico —mucho más de recetas— sobre cómo enfrentar nuevas condiciones materiales y subjetividades de las masas. Lula personalizó su campaña en exceso pero, se trate de quien se trate, la ola de (ultra) derecha abarca cuanta población se releve.

Desordenado, incompleto y a la vez ilustrativo, ese combo viene a ser una síntesis de lo que se cita como ausencia casi absoluta de opciones frente a un clima de época deprimente.

Si se supera tal impresión, lo cual es muy difícil, quizás las cosas no sean tan necesariamente nefastas.

Que las gestiones oficialistas tengan problemas severos para consolidarse, visto ese clima de malestar epocal creciente, es algo a lo que El Hermano y sus mandantes debieran atender.

Que lo ubicado a la izquierda tiene dramas severos para articular propuestas fuertes y “moderación” -lo segundo, se afirma, para no espantar modositos si es que se pretende ganar en las urnas en lugar de meramente testimoniar- es otro apunte imprescindible.

Que sea un intríngulis tremebundo hallar la sucesión de liderazgos fuertes, en la práctica irremplazables, jamás puede ser una novedad. Ni histórica, ni coyuntural.

Que los gobiernos progresistas tengan serias dificultades para asentarse, luego de haber satisfecho necesidades básicas de amplios sectores –porque estos exigirán más y más– y la mejora en las condiciones de vida no garantiza lealtad política, tampoco es noticia.

Y que la Historia se acabó porque el neoliberalismo es una victoria cultural, antes que un paso político-modélico, no implica determinismo histórico.

Allí está lo que sucede en Francia y España, con disparadores sociales que, en su magnitud, no estaban en los cálculos de prácticamente nadie. Y es apto seguirlo por redes y medios alternativos. No por los que aún se denominan “tradicionales”.

Hay más vale ninguneo en ese aparato. Asimismo, hay manipuleo y resignación en observar que las derechas extremas ganan de forma inevitable. Es cierto que el rechazo a ellas pierde las votaciones, como en Brasil. Pero también lo es que hay un piso desde el cual re-construir, bien que a la deriva.

En lo estrictamente local, es sólo por ahora -o podría serlo- que el experimento mileísta compite contra sí mismo. Porta la seguridad de que enfrente se persiste en internas ya cercanas a lo incomprensible. Pero nada les certifica que eso será imperecedero.

Tenemos así un ministro de Economía, Messi de las finanzas según supo definirlo el jefe de Gabinete macrista Marcos Peña mientras endeudaba al país por los tiempos de los tiempos, encerrado en la “macro” que estaría andando sobre rieles. Los próximos mejores 18 meses de nuestra historia económica ya transcurrieron en buena medida, sin comprobación. Y un “ministro infiltrado” -Alberto Ades, de Harvard él, invitado a la mesa chica presidencial- sugirió devaluación y expresó incógnitas sobre la eficacia del programa de Toto.

Disponemos también de un Banco Central que perdió mil millones de dólares en la especulación con el oro, del que aún no se sabe dónde está, aunque todos los indicios apuntan a Londres.

Hay, o debiera haber, una competencia de escándalos a propósito de cuál es peor: si haber perdido semejante cifra debido a cálculos fallidos o no saberse en qué sitio se encuentra lo que, en definitiva, es ahorro de todos los argentinos (corresponde aclarar que las operaciones de cobertura son un mecanismo corriente, y que se dieron en toda administración. Pero sí es insólito que Toto y su socio Santiago Bausili resolvieran “resguardarse” ante una caída del precio del metal… justo cuando en todo el mundo se lo venía comprando para asentar calidad de reservas).

Podrían sumarse los cuestionamientos, profundos o atendibles, a la venta de Aysa.

Ni siquiera los opinólogos y sabiondos más próximos al ideario libertarista se privan de sospechar acerca del bajo precio ofrecido sin base, la falta de transparencia y los efectos (remarcados) que habría sobre las tarifas y categoría del servicio.

Lo paupérrimo del monto ofrecido y aceptado es uno de los componentes que agrega preguntas, mayúsculas, respecto de esos ingresos que Toto jura o juraba tener pisados para honrar -vaya palabra- los vencimientos de deuda en 2027.

De acuerdo con las proyecciones oficiales y privadas, Argentina deberá pagar, en año electoral, alrededor de 25 mil millones de dólares.

Debe adosarse la masa en pesos, aunque esta se “resuelve”, vía emisión de bonos, mediante capitalizar intereses que el Gobierno no cuenta en su invento pornográfico de superávit fiscal.

Es una fantasía contable que debiera producir repudio en cualquier liberal ortodoxo, como el ultrista presidencial dice que es.

Por si asomara excesivamente técnico: el Gobierno debe pagar una montaña en divisa extranjera, el estimado le da negativo porque sus entradas se fugan tanto o más que lo ingresado, el récord de exportaciones no lo compensa y las promesas inversoras son a no menos de varios años vista en áreas que no ocupan mano de obra intensiva.

Marina Dal Poggeto, una de las consultoras más respetadas del “mercado”, avisó que el Estado tiene “un bache” descomunal entre lo anunciado y poseído. Cabe añadir unos 8500 millones de dólares perdidos gracias al RIGI, al permitir inversiones arribadas o anunciadas sin que hiciera falta ese régimen excepcional de tráiganla como se les ocurra.

También es adecuado, en términos didácticos más ligados a “lo político”, tomar nota de que el trío de Supremos, en su sitial de barones de la Nación, “repuso” la ley que limita la venta de tierras a extranjeros.

Hasta Clarín quiso o debió titular el hecho precediéndolo con el icónico “Ahora dicen…” que innúmeras veces le dedicó al kirchnerismo.

La voltereta de la Corte, apenas días después de dictaminar que la soberanía no es un bien jurídico colectivamente tutelable, aceptó —análogo a la marcha atrás cuando el 2 x 1 a favor de los genocidas, dando cabida a una de las manifestaciones populares más conmovedoras— que sabe “oler” el humor masivo. O clave.

Es veraz que lo fallado por el terceto le habría quitado al oficialismo el problema de enfrentar la votación en Diputados, susceptible de voltear el decreto redactado por el coloso Sturzenegger para la campaña de la ex Comandante Pato dentro de la interna macrista.

Pero no deja de ser un síntoma en torno a los contrastes que afronta el Gobierno en su bloque corporativo, mediático y judicial.

Los elogios mutuos que se regalaron Sergio Massa y Daniel Hadad también se inscriben en las considerables, grandes o inmensas dudas del poder real.

Sin que lo correcto del “rumbo” tenga un mínimo rasgo de incertidumbre entre los cortadores de la torta, sobran las vacilaciones en cuanto a Milei y “lo” Milei como garantía más eficiente para endosar la continuidad del modelo.

¿Y si acaso ocurriera que no debería residir en manos del “loquito” o loco a secas asentar la dirección general, por la desconfianza ejecutiva que despierta? ¿Y si fuera que sería contemplado como mucho más eficaz encontrar la alternativa en alguna figura del “peronismo moderado”, “desarrollismo”, “estatalidad moderna” o “modernidad de mercado productivo, pero sensible a la justicia social” (y semblante de persona normal, claro)?

Alguien que no sea el sospechoso kuka Kicillof, desde ya, y menos que menos si carga con el estigma de que no puede o no sabe desprenderse de la, así imputan, pérfida influencia o espectro de Cristina.

Son observaciones objetivas de lo que se habla en los circuitos de quienes van midiendo los escenarios posibles o probables, a un lado y otro.

Nada de lo anterior se extiende sobre las preocupaciones del grueso social más grande. No llegan ni al rango de inquietudes. El día a día es lo único que impacienta, exaspera o anestesia la bronca. Ninguna de las especulaciones de palacio tiene repercusión directa sobre ese paisaje.

Sin embargo, no debe dejar de aludírselo porque esa cocina termina involucrando a todos.

Nunca sucedió que algo de la política deje de estar en movimiento, con efectos impensables. Tarda menos o tarda más en manifestarse, en la dirección que fuere.

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