El profesor de Filosofía Juan Jesús Mora repasa la historia de este movimiento, el perfil de sus precursores, sus ideas y sus proyecciones en La Ilustración Oscura ¿Y si la democracia fuese un error? (Almuzara, 2026). Según el autor, el libro funciona como un manual que busca explicar «desde una aproximación académica» una corriente eminentemente digital que, soterradamente, va abriéndose camino en el mundo real. Las ideas de la Ilustración Oscura asoman en las declaraciones públicas de tecno-oligarcas como Peter Thiel (Palantir), Elon Musk (Space X) o Balaji Srinivasan (Myriad Genetics), cuyas visiones y capital retroalimentaron a sus impulsores: el ingeniero Curtis Yarvin y el filósofo Nick Land.
P: La estructura del libro simula a la de un manual. ¿A qué se debe este esfuerzo de sistematización que lo aleja del ensayo convencional?
El libro está concebido para sobrevivir al tiempo. Aunque ya se han publicado otros trabajos, estos se centran exclusivamente en la Administración de Donald Trump [presidente de EEUU]. Bajo mi punto de vista, esta es solo la punta de un iceberg mucho más amplio que perdurará más allá de su mandato. Mi objetivo ha sido abordar el fenómeno desde una perspectiva académica y rigurosa, no para juzgarlo o condenarlo a priori, sino para comprender sus argumentaciones. Para contrarrestar una postura hay que entender primero sus estrategias a largo plazo; catalogarla de entrada como un monstruo impide analizar su funcionamiento real. Por ello, he buscado realizar una aproximación explicativa y una radiografía completa del territorio para que el lector saque sus propias conclusiones con total autonomía.
P: En el libro dedica varios capítulos a ahondar en la biografía y en las ideas principales de los precursores de la Ilustración Ocura, como Curtin Yarvis o Nick Land. ¿Qué aporta conocer sus figuras?
Es crucial porque la Ilustración Oscura es una corriente multiforme que, a pesar de sus divergencias internas, comparte un núcleo común: una aversión acérrima hacia la democracia y hacia el pensamiento ilustrado. Resulta indispensable adquirir herramientas conceptuales para defender el sistema democrático. La Ilustración Oscura no plantea una crítica constructiva, sino la sustitución total de la democracia por un modelo tecnocrático y meritocrático, inspirado en ejemplos como Singapur o experimentos a gran escala en la isla de Hainan (China) o Roatán (Honduras). En estos esquemas, la gestión económica y la meritocracia prevalecen sobre la política, considerando la libertad individual como un obstáculo para el crecimiento. En definitiva, es un movimiento antidemocrático y antiigualitario que reacciona contra las consecuencias de la modernidad.
P: No figura ninguna mujer entre los referentes intelectuales de este movimiento…
No la hay ni la habrá. Este movimiento considera que el feminismo y la igualdad de derechos y obligaciones entre hombres y mujeres son perniciosos para la supervivencia de la especie. Es una corriente profundamente masculina y misógina. Autores destacados de esta órbita relegan a la mujer a una función meramente reproductiva o a un segundo plano. Un ejemplo claro es Nick Land, quien plantea una dicotomía teórica entre un mundo de oscuridad y un mundo feminizado.
Milei está claramente seducido por los oligarcas tecnológicos de Silicon Valley. Hablamos de Peter Thiel, Marc Andreessen o Elon Musk. Más que como ideólogos originales, actúan como aceleradores de este proyecto. Un ejemplo de esta influencia es la reforma legislativa en Argentina para permitir la existencia de sociedades mercantiles no humanas, lo que sienta las bases para un entorno poshumano. Es decir, un mundo-máquina donde los seres humanos quedamos como una especie de ciborg dentro de ese sistema prácticamente mecánico e inefable. Aunque los neorreaccionarios que lo defienden se apoyan en textos como el Manifiesto Ciborg o el Manifiesto Tecnostinista, se produce una paradoja evidente: no pueden prescindir de una estructura de poder coercitiva.
Su propósito no es abolir el poder, sino descomponer el Estado-nación en redes de micro Estados, ciudades flotantes (seasteading) o «arcas» privadas concebidas para preservar a una élite tecnológica frente a eventuales crisis mundiales. Asumen posturas aceleracionistas, sosteniendo que la aceleración tecnológica destruirá la democracia para reemplazarla por un sistema cibernético.
Es aquí donde Milei y Bukele, salvando las diferencias, conectan con estas tesis, porque no pretenden actuar como presidentes de una república, sino como CEO o directores ejecutivos de una corporación rentable. Bajo sus gobiernos, lo público se reduce al mínimo y el Estado pasa de ser un garante protector a un mero administrador de contratos privados. Pero hasta ahí van a llegar, porque no pueden ir hacia la destrucción del Estado desde la perspectiva anarcocapitalista, ya que es una tesis autodisolutiva. El propio mercado requiere de un poder jerárquico, un policía que garantice las reglas del juego.
Sí, todo esto parte de una fracción concreta de la Escuela Austriaca. No se trata del liberalismo clásico representado por Friedrich Hayek, que por cierto, al lado de esta corriente, parece un santo. Ellos beben de vertientes mucho más extremas. Estas tesis, reflejadas en obras como Democracy: The God That Failed (2001) de Hans-Hermann Hoppe, plantean tanto la crítica a la democracia como la dinámica de un mercado desbocado. Al convertir al mercado en el único instrumento de distribución de derechos y de méritos, el sistema desemboca en una meritocracia que deriva en una anarquía pura y dura, la cual termina requiriendo inevitablemente una reorganización y una estructura de poder.
Sin esa estructura de poder que la garantice, la autonomía individual plena de la que tanto presumen no puede existir. Por ello, las viejas tesis de Robert Nozick, un autor históricamente ligado a los ideólogos neoliberales, vuelven a estar de moda. Diversos divulgadores en el ámbito hispanohablante están rescatando continuamente el pensamiento de Nozick y su raíz intelectual en John Locke, presentándolo como un retorno a una especie de liberalismo progresista.
En sus orígenes, el liberalismo fue revolucionario frente al absolutismo, aunque más tarde se volviera conservador. Hoy se pretende aplicar de nuevo un liberalismo revolucionario, pero con una diferencia clave: desligando por completo la teoría liberal de las instituciones democráticas. Al prescindir de la democracia, la regulación queda exclusivamente en manos de la lex mercatoria, es decir, de un mercado puro y duro dirigido por grandes empresas, lo que demuestra que la famosa mano invisible ni ha existido ni existirá jamás
P: ¿Ha detectado la presencia o influencia de este movimiento en el contexto español?
Más que partidos políticos consolidados con esta ideología explícita, en España se observa una estructura argumentativa transideológica centrada en la llamada «guerra cultural». Se caracteriza por el uso de mensajes directos, escuetos y de fuerte impacto emocional en lugar de racionales. Su meta principal no es necesariamente alcanzar representación parlamentaria, sino erosionar el consenso democrático desde fuera, convenciendo a un sector de la sociedad de que las instituciones tradicionales son inútiles e ineficientes para resolver las crisis del presente.
La gente tiende a pensar en que los representantes son Vox, AfD o el partido de Marine Le Pen. Es decir, la derecha europea tradicional. Pero existen diferencias sustanciales. Partidos como Vox representan una derecha tradicionalista, conservadora y profundamente estatalista. La Ilustración Oscura, por el contrario, no es estatalista ni conservadora en el sentido clásico, sino un movimiento gestado en el ciberespacio que pretende superar la estructura del Estado. Sus referentes no son las extremas derechas parlamentarias europeas, sino modelos autoritario-tecnocráticos como el chino, la autocracia del Kremlin o las narrativas disruptivas de la cultura meme.
Volviendo a España y a la cuestión que planteaba de la batalla cultural, pensaba en la ventana de Overton en el marco de la crisis en Ceuta y en cómo está penetrando la idea de que es necesaria una mayor militarización. ¿Cómo comulga este cambio de tendencia con las tesis de la Ilustración Oscura?
La ventana de Overton se desplaza cuando determinados acontecimientos saturan la agenda mediática y polarizan el debate público. En la guerra cultural, las emociones prevalecen sobre los datos objetivos. Sucesos coyunturales como el de Ceuta son utilizados para redefinir el estado de la opinión pública, instalando debates sobre el control social, la inmigración y la necesidad de autoridad. Cuando la ciudadanía percibe inseguridad o inestabilidad, aumenta la disposición a sacrificar libertades individuales a cambio de garantías de orden y seguridad. Esto es compatible con algunas de las ideas de la Ilustración Oscura.
P: La idea de la «desigualdad natural» ha sido desmontada ampliamente por la biología y las ciencias sociales desde hace décadas. Pese a ello, ¿por qué continúan calando estos discursos? ¿Qué es lo que falla en las explicaciones que los desmienten científicamente?
La Ilustración Oscura opta deliberadamente por ignorar las explicaciones de las ciencias sociales para decantarse de forma tajante por un biologicismo radical. Aunque la propia biología moderna tampoco respalda sus premisas sobre la desigualdad, este movimiento utiliza tesis científicamente cuestionables e incendiarias sin preocuparse por demostrarlas, exigiendo únicamente que se acepten como verdades de fe.
El gran peligro radica en que, si aceptamos estos argumentos biológicos como normas prescriptivas para el ámbito social, podemos llegar a justificar cualquier clase de horror. Es indispensable distinguir entre la «lotería biológica» o natural —las diferencias físicas o cognitivas individuales que son inevitables, pero que un modelo de convivencia razonable puede atenuar— y la desigualdad social, que es un constructo puramente social.
La Ilustración Oscura pretende trasvasar directamente las diferencias de la lotería biológica a la estructura social para legitimar privilegios y jerarquías meritocráticas. En el fondo, lo que están planteando abiertamente es un retorno a la eugenesia a escala global: buscan promover un modelo humano muy específico con coeficientes intelectuales y rasgos físicos determinados. Por eso es sumamente peligroso biologizar la política.
Estos discursos biologizantes calan con tanta facilidad porque sus explicaciones son inmediatas, tangibles y perceptibles a simple vista. Cualquier persona palpa en el día a día que otra es diferente, más lista o con distintas aptitudes. En cambio, comprender la desigualdad como un constructo social no se percibe directamente a través de los sentidos; requiere un nivel de abstracción, maduración intelectual y elaboración teórica mucho mayor. Piensa, por ejemplo, en las leyes de Núremberg de la Alemania nazi. Resultaba sumamente fácil para la población alemana asimilar un discurso biológico simplificado e intuitivo, mientras que cuestionarlo exigía un esfuerzo conceptual mucho más complejo.
Resulta indispensable si queremos desmontar estas tesis, pero no basta con hacerlo de forma esporádica o abstracta. Es necesario ser constantes e insistentes, divulgando de forma pedagógica y a través de ejemplos cotidianos las consecuencias reales y devastadoras de biologizar la sociedad. La ciudadanía solo toma conciencia del verdadero peligro de estos planteamientos cuando comprende cómo estas tesis pueden llegar a amenazar de forma directa su propia vida, sus derechos y abocarnos a un escenario distópico.


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Qupel otudo
El reloj avanza hacia la derecha y retrocede hacia la izquierda. Fin