Yanina es docente en tres escuelas secundarias de Concordia, además de ser madre y jefa de familia, inquilina, madre de tres niños y dos están bajo su cuidado. La mujer sostuvo que
Yanina es docente en tres escuelas secundarias de Concordia, además de ser madre y jefa de familia, inquilina, madre de tres niños y dos están bajo su cuidado. La mujer sostuvo que emocionalmente se siente muy afectada. “Al estar endeudada, el dinero que se genera es solo para pagar alquiler y servicios y las deudas que voy contrayendo para poder comprar comida”, dijo.
Yanina explicó que el 80 % del sueldo se va en el alquiler, que aumenta cada cuatro meses. “Pago un alquiler de casi $800.000 y mi sueldo es de $1.300.000”, detalló.
La joven, incluso, va en bicicleta para ahorrarse el dinero del transporte público a la escuela N.° 37, ubicada en la zona noroeste, los martes a la noche. “Es una realidad ver a los docentes los riesgos que corremos a la hora de trabajar. Trabajo los martes de 7:30 a 8:30, atravieso la ciudad, son 7 km y el estado de las calles, cómo está la ruta, incluso es muy riesgoso”, mencionó. Refirió el temor a ser atropellada por un camión, ya que no puede circular por la bicisenda. “Está destrozada”, dijo. Y los días de lluvia es muy incómodo circular con el pavimento mojado, además de acrecentarse el riesgo a un incidente de tránsito.
Trabaja en tres escuelas, pero no tiene la carga horaria completa, que son 36 horas, ya que bajaron los concursos. “Nosotros trabajamos por horas cátedras y lo cierto es que tampoco están habiendo muchos concursos”, dijo. Por ende, subsanar las dificultades económicas a través de la vía de ensanchar los ingresos se encuentran con un escollo: la reducción de las posibilidades laborales comienza a reducirse en la profesión docente.
En cuanto a la comida, explicó que comienza a utilizar las billeteras virtuales a partir del día 15 de cada mes. “Llegado el 10, ya no tengo más dinero”, admitió. En ocasiones, recurre a los familiares, como la madre o el padre, quienes le proveen alimentos o alguna ayuda económica.
La docente sostuvo que no tienen problemas de salud, pero cuando surge una enfermedad sencilla que haya que tratar —que no sea grave— o se rompe algo en la casa, impacta de modo “inesperado” y “desagradable”. Además, en ciertos meses, se atrasa en el pago de los servicios. Tiene que afrontar el pago de la luz, del gas y de la tasa inmobiliaria.
A causa de las estrecheces que afronta a diario, salir con amigas, ir a un paseo a lugares cercanos con sus hijos se ha reducido o es nulo. El consumo de bienes culturales, como una salida a un teatro o a un recital una vez al mes, cuando “antes era algo habitual”. También la compra de libros fue quedando postergada. Incluso, la ropa, la vestimenta y el calzado también se redujeron. “Todo lo que no sea indispensable para vivir como techo, comida y abrigo”.
¿Qué tiene que cambiar para que el panorama sea más promisorio? Por empezar, sostuvo que deberían comenzar por el respeto a un “sueldo digno” de parte del sector político. “El gobierno debería cambiar. Tiene que haber un gobierno que garantice el derecho a las personas a vivir dignamente. Un salario por encima de la línea de pobreza porque hoy estamos por encima de la línea de indigencia. Los que alquilamos no llegamos al día 10”, remarcó.
“Queremos un gobierno que sostenga a sus trabajadores, que somos la fuerza que sostiene el Estado; que nos garantice una vida digna porque lo que están haciendo es intentar tirar para el lado del privado, diciendo que lo público no funciona, para justificar lo privado”, remarcó.
Tres trabajos y no alcanza
Gladis es docente de primaria, tiene 25 horas en un turno durante la tarde, tiene 15 años de antigüedad. A su vez, debe trabajar como acompañante terapéutica en una escuela a la mañana y a la noche, en la ESJA (Escuela Superior de Jóvenes y Adultos) con una estudiante que cursa 1° año. En consecuencia, tiene tres trabajos. “Salgo a las 7:30 y vuelvo a esta hora a mi casa”, destacó. Anoche eran las 9 cuando pudo dialogar con DIARIOJUNIO.
A su vez, es madre de dos hijas. Aunque no tiene que alquilar, debe pagar la luz. “Tengo tres facturas, pago una y me quedan dos y así voy, antes de que me corte”, indicó. “Lo único que tengo es una pava eléctrica cuando se me termina el gas”, mencionó. No obstante, sí paga un alquiler, pero no en Concordia sino en Paraná, donde estudia una de sus dos hijas. “Ella da clases particulares allá y se la rebusca de alguna forma para la comida. Yo le paso un sueldo entero para el alquiler”, indicó. La otra está terminando 6° año en Concordia.
Y otros servicios como la tasa de agua potable. Debe cerca de $500.000. “Ahora me llegó la intimación de que me la van a cortar. No puedo hacer refinanciación porque si pago dos o tres meses y un mes no puedo pagar, eso vuelve todo para atrás, lo que pagué y queda en la nada. No sé cómo me voy a acomodar”, narró.
A raíz de esa situación, su situación financiera se fue agravando. Está endeudada con MUPER (Mutual de la Policía de Entre Ríos). “Me saca casi todo. En mano estoy cobrando $250.000 o $300.000”, indicó. Además, adeuda $2.500.000 a la Tarjeta Naranja. “Hace casi tres años que no le he pagado porque ni pide y ahora tengo que hacer refinanciación, pero son cuotas de $120.000 que no tengo. No sé si me van a embargar el sueldo y no sé qué va a pasar”, remarcó.
El problema estriba en que no le alcanzan sus ingresos. Por ejemplo, como acompañante terapéutica, sostuvo que le pagan atrasado, del año anterior. Percibe en marzo lo del ejercicio precedente y luego debe “remarla” abril, mayo, junio y julio para pagar el alquiler de su hija. “Tengo que sacar préstamos para ayudarla porque mi sueldo, de un solo cargo, no le alcanza”.
También debió acudir a Sidecreer. “Por ejemplo, en abril le he pasado todo mi sueldo y yo me la tuve que rebuscar con la Sidecreer que, de $750.000, me descuentan $250.000 todos los meses. Es para mi hija más chica que tiene que comer”, remarcó. Gladis admite que, a veces, cuando sobra mucho pan que los estudiantes no comen, lo trae a su casa. Lo mismo con las facturas que sobran y al día siguiente no se entregan. Las encargadas le preguntan si no la quiere llevar y responde que sí. “Son para mi hija y las come con un café”.
Además, Gladis remarcó que debió dejar de atender necesidades de salud. Antes iba a un gimnasio por problemas en una rodilla. Pero debió dejarlo de lado ese gasto porque representan $ 40.000 mensuales que los necesita. Gastos de peluquería debió ponerlos al final de la lista de prioridades. “Tuve que dejar de comer carne roja. Tenemos que comer pollo y con mi hija en cualquier momento salimos volando”, mencionó. Un fin de semana, que podría tomarse una cerveza que vale $ 4.000, prefiere comprar una leche para la hija más chica.
Antes, en AGMER Concordia podía acceder a un viaje para jubilados a precios más económicos. “Ahora no puedo ir. No me da. No es solo el pasaje. Vos decís $ 100.000 me lo pago como sea. Pero allá tenes que tomarte un agua, necesitas llevarte dinero”, dijo. Su hija, que solía viajar desde Paraná a Concordia en las vacaciones de verano o de invierno o los fines de semana largos, dejó de hacerlo. Un pasaje, solo de ida, vale cerca de $ 40.000. Aunque a los estudiantes les cobran un poco menos y mas aún, de madrugada. Pero prefiere ahorrar ese importe para la comida.
La mujer dijo que el gobierno no toma nota de la situación. En Entre Ríos, con la reforma previsional, sostuvo que los docentes que tiene que llegar a 30 años de antigüedad en el aula. Se magina cerca de los 60, en la escuela, con problemas de rodilla. Voy a tener que estar con un andador. Como acompañante terapéutico, si debe correr detrás de un chico con autismo, ¿Cómo lo hago con 60 años?”, se preguntó.
Además, reclamó mejores condiciones laborales para los maestros, para el personal e salud y para las fuerzas de seguridad porque son el pilar del funcionamiento del Estado. “Nosotros les enseñamos a leer, a escribir, a comprender, a conocer, a viajar con la lectura. Nosotros teníamos chicos en Los Charrúas que no conocían San Carlos porque no podían viajar”.
Gladis aclaró que no estaba reclamando cobrar una “millonada” pero al menos, tratar de llegar a la canasta básica. “Estamos mico más abajo”, dijo. Una canasta básica para cuatro personas ronda $ 1.546.716 mientras que intendente que recién comienza percibe $ 850.000. Poco más de la mitad.
La diferencia, en muchos casos, se cubre con deuda: préstamos, tarjetas y adelantos que permiten llegar a fin de mes, pero que, al acumularse, se transforman en una bola de nieve cada vez más difícil de detener.

