La desaceleración estuvo impulsada principalmente por el comportamiento del rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas, que aumentó apenas 1,3%, la menor suba desde junio de 2025. El dato tiene un peso determinante en el índice general debido a la incidencia que tienen los alimentos en la canasta de consumo de los hogares.
Entre los factores que explican esa moderación aparecen la estabilidad en el precio de la carne, la baja de las frutas —que compensó parcialmente el aumento de las verduras— y también un contexto de consumo debilitado, que continúa limitando la capacidad de empresas y comercios para trasladar aumentos a los precios finales.
Distintos relevamientos privados vienen señalando desde hace meses que el consumo masivo sigue sin recuperarse. Las ventas en supermercados y autoservicios permanecen por debajo de los niveles del año pasado en varios rubros, mientras que las empresas de alimentos reconocen que la retracción de la demanda dificulta la aplicación de nuevos incrementos. Esa menor presión de la demanda aparece como uno de los elementos que contribuyeron a contener la inflación de junio.
En contraste con los alimentos, los servicios continuaron mostrando aumentos superiores al promedio. El rubro Recreación y cultura encabezó las subas con un 4,2%, impulsado por el inicio de las vacaciones de invierno y el encarecimiento de los paquetes turísticos. Le siguió Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un incremento del 3,3%, explicado por los aumentos en alquileres, expensas y tarifas.
Los precios regulados crecieron un 2,3%, impulsados por las subas en electricidad y transporte público, mientras que los precios estacionales aumentaron 3,4%, principalmente por el incremento de las verduras y de los servicios turísticos.
Por su parte, la inflación núcleo, que excluye los precios regulados y los estacionales para medir la tendencia de fondo, se desaceleró del 1,9% de mayo al 1,6% en junio, lo que también fue interpretado como una señal de moderación del proceso inflacionario.
Otro dato destacado es que la inflación de junio se mantuvo por debajo de la evolución del tipo de cambio. Durante ese mes el dólar registró un incremento cercano al 5,2%, aunque ese movimiento tuvo un traslado muy limitado a los precios.
De cara a julio, la mayoría de las consultoras privadas estima que el IPC volvería a ubicarse alrededor del 2%, impulsado principalmente por factores estacionales asociados al receso invernal y por el impacto de algunos ajustes en servicios. Sin embargo, los analistas coinciden en que la tendencia general continúa siendo de desaceleración gradual, aunque advierten que la evolución del consumo, los precios regulados y el tipo de cambio seguirán siendo variables determinantes para los próximos meses.


