La celebración de la gala por el aniversario del 9 de Julio, en el Teatro Odeón, se dio en el marco de una manifestación de los trabajadores despedidos por el Municipio local, que rozan las 400 personas. Una valla policial impidió su ingreso. Los despidos son graves en una ciudad que se destaca por ser una de las más empobrecidas del país. Que fueran contratados a quienes se les terminaba la relación laboral es un detalle administrativo que, en los hechos, no lleva el pan a la mesa de las familias afectadas. Esa circunstancia de vulnerabilidad es aún más espinosa porque denuncia una precarización laboral que viene de mucho tiempo atrás y hace a los damnificados doblemente víctimas.
Un dato significativo es que no se vislumbra, como en los despidos anteriores, un festejo cruel, al menos a niveles masivos. Más aún, un partido vecinal aliado del partido gobernante y un exfuncionario municipal, como mínimo, pidieron «respeto y humanidad» por los trabajadores perjudicados y sus familias. No se referían a las desafectaciones en sí, que arrojan a cientos de trabajadores a la tragedia del desempleo y dejan a las familias en el abismo de la pobreza, con las cuales están de acuerdo, sino a las formas de hacerlo, es decir, en muchos casos, por un mensaje de WhatsApp. No cuestionar los despidos, sino sus maneras, parece un acto de cinismo, pero revela también que ya no divierte a una buena parte de la población, ni le alimenta el morbo, como antes.

Foto: El concordiense/Federico Gularte
Luis Ignacio García dice al respecto que «articular austeridad y goce, términos incompatibles, quizá sea uno de los logros más sorprendentes de este gobierno… Milei inicia su gobierno en la zona en que ese ajuste (se refiere al iniciado por el gobierno de Macri) no solo se radicaliza, sino que se convierte en motivo de goce colectivo. La motosierra simboliza ese tránsito. Eso es lo pavorosamente novedoso. Mostrar el despido de miles de trabajadores como un trofeo político supone y, a la vez, instituye un clima de época regido por la crueldad y el goce específico que esa crueldad puede ofrecer a escala masiva». (1)
Es probable que la cultura de la crueldad —nacida de un modo complejo de los efectos de la pandemia y de un relato, hoy cada vez menos creíble, de la austeridad y del abuso y la falta de disciplina de los empleados públicos echados— esté comenzando a hacer crisis. El daño severo al mercado interno producido por los despidos masivos en una ciudad económicamente devastada, el inevitable aumento de la desocupación, la pobreza y el hambre que esas medidas producen, la destrucción de la salud y la educación, la concentración de las riquezas en pocas manos, para quienes «sí hay plata», comienza a dejar al desnudo las falacias que no hace mucho eran argumentos convincentes.
Hoy la gente vuelca las tensiones de esta situación delicada en el desahogo de los triunfos agónicos de una selección que es una metáfora perfecta del drama argentino: puro sufrimiento para sobrevivir. Es una hermosa alegría que merece festejar nuestro sufrido pueblo.
(1) Luis Ignacio García, Fascismo Cosplay: crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino.
Sergio Brodsky

