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Los fusilados de Racing: fútbol y dictadura

Hay seis fusilados sin nombre, sin cuerpo, sin sepultura, leyó seguramente inquieto, conmovido, Rodolfo, e inició una investigación periodística basada en esos datos. Estremecedores, fantasmales, espeluznantes. Al igual que su homónimo, autor de Operación Masacre (1), la información impulsó a Rodolfo Petriz a emprender una rigurosa indagación que, ardua, difícil, por momentos atravesada por miedos, silencios y tabúes de los consultados, culminó con el documental "Los fusilados de Racing".

Sergio Brodsky

24 febrero, 2026

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5:37 pm

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No se supo quiénes eran esos cuerpos, cuatro masculinos y dos femeninos, ejecutados en la noche del 22 de febrero de 1977; esas personas que aparecieron baleadas en la calle Colón, entre Alsina e Italia, en Avellaneda, en un paredón de la cancha de Racing. Claro que los asesinos fueron fuerzas de la dictadura que, en los expedientes judiciales, refieren a las víctimas como “delincuentes subversivos”. Los cuerpos, ametrallados en un paredón del Estadio Presidente Perón, quedaron tendidos en la calle hasta que fueron recogidos por un vehículo nunca identificado.

En su investigación, Petriz se encuentra con azorados testigos que cuentan, y otros que no quieren decir ni saber nada. Esta película se proyectará en Concordia, en el marco de los cincuenta años del golpe de Estado de la última dictadura militar, actividad organizada por organismos de derechos humanos, clubes y Pescadores de zona sur.

Es, creo, un episodio más de la tenebrosa relación entre el fútbol —en este caso, una ejecución en un estadio, a la vista de testigos del club— y el Terrorismo de Estado en Argentina. Más aún en la América que padeció el “Plan Cóndor”.

A mí, esta historia tan espeluznante, me conectó de inmediato con el Estadio Nacional de Chile. Allí miles de personas fueron secuestradas, torturadas y asesinadas durante el golpe de Pinochet, incluido Víctor Jara, con especial saña en sus manos, para que dejaran de salir palomas, melodías y sueños. Increíblemente, Chile sigue jugando; su selección sigue jugando; Copas América han seguido jugándose en ese recinto de la barbarie.

Mi amigo Santiago Fernández me contó que la selección de la URSS se negó a jugar en el estadio en repudio a la dictadura sangrienta de Chile. La FIFA, que hoy no deja jugar a los rusos, cumplió entonces el reglamento del doble estándar. Los chilenos salieron a la cancha, ellos solos, sin el rival que repudiaba asesinos; hicieron un gol y listo, se terminó el partido. Cuatro años más tarde celebraban el Mundial en una Argentina desangrada por el Terrorismo de Estado.

A diferencia de la renegación de la matanza del Estadio Nacional de Chile, Racing ha realizado murales y otras manifestaciones artísticas como marca de la memoria de la masacre. Aquí, el Mundial 78 fue pura propaganda de la Junta para ocultar el genocidio. Yo era chico y había algo extraño: la euforia parecía sobreactuada y la tristeza desmedida, obliterando un sótano sórdido. Años después supe que había centros de tortura a pasos de los estadios.

Supe de la renuncia heroica, valiente, digna de Carrascosa a jugar el Mundial, unos meses antes. Era el capitán del equipo y desistió de jugar el Mundial porque, para él, la pelota no se mancha, como para el Diego, con quien compartían habitación en las concentraciones. ¡Cuántos balones éticos, cuántos pases solidarios habrá dado Carrascosa a Maradona, otro ausente del Mundial! “Carrascosa era más derecho que la General Paz”, decía el Diego con sus insuperables ocurrencias para definir la honradez del gran capitán.

Cuánto de la formación política y humana del mejor jugador del mundo habrá nacido de Carrascosa: que la pelota no se mancha, profundo significado; y que “hay que ser cagones para pegarles a los jubilados”, frase que convocó a la conciencia crítica de tantos hinchas, seguro.

Supe también, después, con pena y con dolor, del infinito desconsuelo de Romildo Baravalle, el padre de Ana María y suegro de Julio César, desaparecidos por la dictadura, que no soportó la impotencia, ni la injusticia, ni la crueldad, ni la experiencia ruin de la final del Mundial; su corazón no toleró ese día cuando todo era festejo y alegría.

Advertí unos libros enterrados en los fondos de mi casa; supe del fracaso y el olvido, pero también conocí Madres valientes que enfrentaron, con pañuelos, rondas y palabras, la más monstruosa tiranía. Sé bien de nuestra tragedia y no quiero que se repita Nunca Más.

Rechazo visceralmente a quienes reivindican el terror y/o lo niegan; por eso deseo profundamente que vaya mucha gente, sobre todo los jóvenes, este miércoles 25 de febrero al comedor de los pescadores “Pal Río”, en avenida de los Pueblos Originarios y San Juan. Allí se pondrá en acto el ejercicio de la memoria y de la verdad, para que no se detenga la justicia, que fue producto de la lucha de las Madres y de lo mejor del pueblo argentino.

Allí se proyectará y se compartirá el documental Los fusilados de Racing. Rodolfo Petriz, su director, se comunicará para contar la experiencia de su realización. Después se abrirá el debate y, como si no fuera suficiente, Nicolás Pasarella estará registrando desde la gráfica este singular acontecimiento. Pasarella, creo que huelga decirlo, es un extraordinario artista de nuestra ciudad, comprometido con su arte y con el movimiento de los derechos humanos.

Especialmente en Concordia ha realizado el significativo mural Secuestro, en Salta y Damián P. Garat, que se ha transformado en punto de referencia de las marchas del 24. Ese mural reproduce el momento en que es secuestrado Julio Solaga, un concordiense, militante por un mundo mejor, desaparecido.

Ojalá pueda ir mucha gente, en este momento histórico en que encontrarse, recordar, reflexionar y debatir es de una importancia vital para construir con esperanza —aun en estas realidades funestas— una sociedad que se reencuentre con los pilares éticos de la Memoria, la Verdad y la Justicia como soportes de una comunidad que recupere su dignidad.

Para contrastar la poesía y la barbarie, la creación —lo más elevado de lo humano— y el abismo del horror, comparto con ustedes estas notas de Víctor Jara, su última palabra, la que sella una vida incomparable.

Estadio Chile, de Víctor Jara

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí
que se pudiera golpear a un ser humano.

Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
unos saltando al vacío, otros golpeándose la cabeza contra el muro;
pero todos, todos con la mirada fija en la muerte.

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión…

Sin importarles nada,

La sangre para ellos son medallas,

La matanza es carta de heroísmo

¿Es este el mundo que creaste Dios mío?

¿Para esto siete días de asombro y de trabajo?

 

(1) Referencia a Rodolfo Walsh que comienza su investigación de “Operación Masacre” cuando escucha, en el bar que hay un “fusilado que vive” de las ejecuciones clandestinas de militantes peronistas en los basurales de José León Suarez.

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