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Memorándum de paz entre Irán y EE.UU.: ¿quieres la paz? Prepárate para la guerra

En un escenario lleno de incertidumbre y presionado por un futuro próximo lleno de complicaciones, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó exultante una decisión con carácter definitivo de la tan ansiada paz en una guerra absurda, en la cual se dejó embarcar cuando Israel, a través del Mossad y Netanyahu, lo convencieron en una aventura bélica que solo duraría, a lo sumo, dos o tres semanas. Y pagó caro ese error al no saber valorar y subestimar las capacidades del régimen a derrotar.

Por: Ricardo Monetta

15 junio, 2026

8:50 pm

Tanto EE.UU. como Israel se asociaron en una acción de guerra que tenía un enemigo común, pero objetivos distintos: a Trump le entusiasmó la idea de apoderarse del petróleo y del gas iraní y, de esta manera, debilitar a su enemigo de última instancia, que es China. Israel, por su parte, creyó que era la oportunidad de sacarse de encima al enemigo «visceral» que entorpece su ruta en la eliminación de todos los Estados proxy para culminar su aspiración máxima, que es la construcción del «Gran Israel», aunque para conseguir sus objetivos tenga que eliminar a siete Estados, ya sean de naturaleza «chiita» o «sunita».

Pero los dos cometieron un gran error al calificar a su enemigo común como un Estado musulmán similar a los del Islam. El desconocimiento de la idiosincrasia e historia de Persia, de la cual es emergente la República Islámica de Irán, no les permitió inferir, ni siquiera a los «cráneos» del Pentágono ni a la Cancillería israelí, que el actual Irán es una civilización superior a todos los otros Estados musulmanes, que solo tienen dinastías tribales que se hicieron poderosas cuando se descubrió que bajo su suelo había petróleo.

En cambio, el actual Irán es heredero de una de las superpotencias más grandes del mundo antiguo, abarcando tres continentes. Desde Ciro el Grande, en el año 550 a. C., conquistó los reinos de Lidia, Babilonia y la Mesopotamia asiática. Este imperio fue conquistado entonces por Alejandro Magno, que invadió Persia y fue elegido como nuevo rey. Luego Darío conquistó el imperio, que terminó con su muerte en el 330 a. C. Dejaron una impronta civilizatoria hasta nuestros días. Hasta se dieron tiempo para inventar el álgebra.

Es decir que la historia nos enseña que todos los pueblos del Islam no tienen la misma idiosincrasia ni categoría.

Esta reseña es para poder comprender la naturaleza, la sabiduría y la inteligencia de un pueblo que viene preparándose desde hace 47 años para estas circunstancias que iban a ocurrir, porque desde 1979, cuando el ayatolá Komeini destronó al Sha de Persia, impuesto por EE.UU., que no le perdonó haber nacionalizado el petróleo, Irán sufrió la presión de EE.UU. e Israel, con todo tipo de sanciones, y una guerra fabricada en 1980 con Irak por la CIA y el Mossad, que duró ocho años y en la que ambos países sufrieron, entre los dos, un millón de muertos.

Todo esto como antecedente de otra guerra provocada por los mismos actores, que creyeron que la nación persa no les resistiría más de dos semanas, como le prometieron el Mossad y Netanyahu a Donald Trump. Y el 26 de febrero de 2026 desataron un conflicto que ya todos conocen, con resultados tan inesperados que propios y extraños se negaban a aceptar la realidad, en la que el país al que iban a mandar «a la edad de piedra» no solo resistió con una estrategia asimétrica de suma inteligencia, sino que, sufriendo alevosos ataques a traición sobre su población civil, incluidas mujeres y niños, respondió siempre, porque no atacó primero nunca, dejando al descubierto la mentira de la invencibilidad de sus rivales, dejándolos en ridículo cada vez que traicionaban un posible alto el fuego.

Hasta que Donald Trump, acosado por la falta de tiempo para llegar a las elecciones primarias de noviembre, y Netanyahu también, con elecciones dos meses antes donde se juega su futuro político, como Trump, llegaron a una situación límite.

Fue entonces que EE.UU., a través de negociaciones por intermedio de Pakistán, llegó a establecer una posibilidad de firmar un «memorándum», que no es un acuerdo de paz definitivo, sino un paréntesis de 60 días donde se discutirán los puntos más álgidos del memorándum, pero dejando en claro la cuestión del uranio de Irán para otra ocasión.

Ahora bien: el memorándum se firmará entre EE.UU. e Irán. ¿Pero aceptará Israel las condiciones de ese acto?

Porque el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán sostuvo que, pese al pacto para poner fin a la guerra, la desconfianza de Teherán sigue siendo profunda (y razones no le faltan). Esmail Baghaei afirmó que el respeto a la soberanía nacional de Líbano es uno de los pilares fundamentales del memorándum. Lo que incluye a Yemen y Palestina. O sea, en todos los frentes.

Al mismo tiempo, lamenta reconocer que la desconfianza del gobierno iraní es profunda debido a «las maldades históricas de EE.UU. e Israel debidamente comprobadas».

Por su parte, el primer ministro Netanyahu, como echando sombras sobre el futuro, sostuvo que ese tratado de EE.UU. e Irán «no significa nada», porque «la lucha no ha terminado» y «tenemos que seguir vigilando y defendiéndonos» de la supuesta pretensión de Teherán de exterminar al Estado hebreo.

Es evidente que Israel no acatará las disposiciones que crea que no le favorecen, ni tampoco va a renunciar a su política expansionista, que es la base en la que se inspira el estado de guerra constante.

El canciller de Irán dice que el próximo 19/06/2026, en Ginebra, se firmará el memorándum. Donald lo «venderá» como un logro personal de hombre de paz (sic), cuando fue cómplice directo, tanto con dinero, armas y mentiras, junto con Israel, en esta aventura bélica que al mundo entero le costará años recuperar lo perdido.

A su vez, ambos países tratarán de rearmarse todo lo posible porque tienen una diferencia tecnológica en las tácticas de la nueva guerra del siglo XXI de alrededor de 15 años, y sobre todo con el apoyo inconmensurable en tecnología por parte de Rusia y China.

Por eso, como lo expresé en el título:

«¿Quieres la paz? ¡Prepárate para la guerra!»

Fuente: con información de Opinión

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