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Portada / Economía, Opinión

¿Para qué queremos crecer?: Productividad, tecnología y el sentido del desarrollo

Durante siglos, la humanidad buscó aumentar su capacidad de producir. Hoy, frente a la inteligencia artificial y la robotización, quizás haya llegado el momento de preguntarnos no solamente cuánto podemos producir, sino para qué, cuánto es suficiente y qué significa vivir bien.

Roberto Schunk (*)

10 septiembre, 2026

4:32 pm

1.- LA VIDA COMO PUNTO DE PARTIDA

La economía existe para hacer posible la vida humana. La vida de la que hablamos no es una abstracción. Es la vida concreta de las personas.

– Es el niño que necesita alimentarse;

– Es la familia que necesita una vivienda digna;

– Es la comunidad que necesita agua potable y cloacas;

– Es la persona que necesita atención médica y medicamentos;

– Es el trabajador que necesita un ingreso suficiente para vivir;

– Es la persona mayor que necesita una jubilación digna;

– Es el joven que necesita educación y oportunidades para construir su futuro.

En una sociedad donde estas necesidades todavía no están garantizadas, hablar solamente de productividad, inteligencia artificial o tiempo libre puede ser prematuro. Antes de preguntarnos qué hacemos con el tiempo que la tecnología puede liberar, tenemos que preguntarnos cómo conseguimos que todas las personas tengan las condiciones materiales necesarias para vivir dignamente.

Por eso, quizás el punto de partida de toda economía debería ser la afirmación de la vida.

2.- LA ENTRE RÍOS REAL

Entre Ríos tiene enormes posibilidades productivas, pero también tiene necesidades concretas que todavía no hemos resuelto. Hay entrerrianos que viven en condiciones muy diferentes. Mientras una parte de la población dispone de servicios, infraestructura, educación, salud, conectividad y oportunidades, otra parte enfrenta todos los días carencias elementales.

No podemos construir una idea de desarrollo que mire solamente los indicadores agregados de la provincia. Tenemos que mirar también cómo viven las personas. Una provincia puede aumentar su producción y, al mismo tiempo, mantener hogares sin vivienda adecuada, barrios sin infraestructura suficiente, personas sin acceso regular a medicamentos, trabajadores con ingresos insuficientes o jóvenes sin oportunidades.

Por eso esta propuesta comienza por donde duele: por las necesidades que todavía no están resueltas.

3.- HAY DOS PARANÁ

Esta realidad se puede observar con especial claridad en Paraná.

Existe una ciudad que muchas veces vemos cuando hablamos de la capital provincial: la ciudad consolidada, sus avenidas, el centro, sus servicios, sus instituciones. Pero existe también otra Paraná. Una Paraná que está detrás de los bulevares, donde se concentran muchas de las necesidades más duras: problemas de vivienda, agua, cloacas, infraestructura, transporte, salud, educación, ingresos y oportunidades.

No son dos ciudades distintas. Es una misma ciudad que presenta realidades profundamente diferentes. Si queremos hablar de desarrollo, no podemos construir la imagen de la provincia solamente desde la parte de la sociedad que ya tiene satisfechas sus necesidades. El desarrollo tiene que comenzar precisamente allí donde las capacidades de las personas están limitadas por la pobreza y la falta de oportunidades. Entre Ríos Humana no puede ser solamente una visión de futuro. Tiene que ser también una respuesta al presente.

4.- DE LA NECESIDAD A LA DIGNIDAD

A partir de aquí aparece un primer camino. DE LA NECESIDAD A LA DIGNIDAD. Mientras una persona no tiene alimentación suficiente, vivienda adecuada, agua potable, cloacas, salud, educación o un ingreso que le permita vivir, la primera obligación de una sociedad es garantizar esas condiciones.

Esto no significa conformarnos con administrar la pobreza. Significa construir las capacidades productivas, institucionales y sociales necesarias para superarla. Cuando faltan bienes fundamentales, necesitamos producir más y mejor. Necesitamos más infraestructura, más conocimiento, más inversión, más productividad y más trabajo de calidad. Por eso Entre Ríos Humana no propone una provincia menos productiva. Propone una provincia mucho más productiva, pero con una productividad orientada a resolver las necesidades humanas.

5.- DE LA DIGNIDAD A LAS CAPACIDADES

La dignidad es un piso indispensable, pero no es todavía el punto de llegada. Una persona que tiene alimento, vivienda y salud puede comenzar a desarrollar sus capacidades. Puede estudiar, aprender un oficio, crear una empresa, trabajar mejor, participar en su comunidad, desarrollar una vocación.

Por eso el desarrollo no consiste solamente en entregar bienes. Consiste en ampliar las posibilidades reales de las personas. Una sociedad desarrollada es aquella en la que cada persona tiene mayores posibilidades de convertirse en aquello que puede llegar a ser. La educación, la salud, la cultura, la ciencia, la tecnología, el conocimiento, la conectividad y el trabajo digno son instrumentos para ampliar esas capacidades.

6.- DE LAS CAPACIDADES A LA LIBERTAD

La libertad no consiste solamente en que nadie nos impida elegir. Consiste también en tener las capacidades reales para poder hacerlo. Una persona que no tiene qué comer puede ser formalmente libre, pero sus posibilidades reales son extremadamente reducidas. Lo mismo ocurre con quien no tiene acceso a la educación, salud, vivienda, transporte, conectividad o un ingreso suficiente.

Generar esas condiciones no es solamente una política social. Es también ampliar la libertad real de las personas. Por eso podemos pensar un segundo tramo del camino. DE LA DIGNIDAD A LAS CAPACIDADES. Y DE LAS CAPACIDADES A LA LIBERTAD.

7.- DE LAS CAPACIDADES A LA LIBERTAD Y DE LA LIBERTAD A UNA VIDA PLENAMENTE HUMANA

Si una sociedad logra garantizar las condiciones materiales básicas y ampliar las capacidades de sus habitantes, aparece una pregunta todavía más profunda:

¿para qué queremos esa libertad?

No solamente para consumir más. No solamente para producir más. No solamente para acumular más. Queremos libertad para estudiar, crear, cuidar, amar, participar, pensar, construir vínculos, desarrollar una vocación y darle sentido a nuestra propia existencia. Por eso podemos formular el camino completo: DE LA NECESIDAD A LA DIGNIDAD – DE LA DIGNIDAD A LAS CAPACIDADES – DE LAS CAPACIDADES A LA LIBERTAD — DE LA LIBERTAD A UNA VIDA PLENAMENTE HUMANA.

8.- ARISTÓTELES: LA ECONOMÍA COMO MEDIO PARA LA BUENA VIDA

Quizás esta frase no sea tan nueva como parece. Hace más de dos mil años, Aristóteles reflexionó profundamente sobre la relación entre riqueza, economía y buena vida. En su pensamiento aparece una distinción entre la adquisición de recursos necesarios para sostener la vida y otra forma de acumulación en la que la riqueza deja de ser un medio y se transforma en un fin en sí mismo.

La diferencia es fundamental. En la primera concepción, la riqueza sirve a la vida. En la segunda, la acumulación comienza a convertirse en el objetivo de la vida. Y entonces podemos formular una pregunta que atraviesa más de dos mil años de historia: ¿La economía está al servicio de la vida o la vida termina estando al servicio de la economía?

Si el objetivo último es la buena vida, entonces la producción, el comercio, la inversión, el capital y la tecnología son instrumentos. No son el fin último. La riqueza es un medio, la buena vida es el fin.

9.- MARX Y LA VIDA DETRÁS DEL CAPITAL

La tradición crítica de la economía política vuelve a colocar la vida humana en el centro de la discusión. Marx nos ayuda a comprender la relación entre trabajo, productividad y apropiación de la riqueza. El capital no aparece de la nada: detrás de la producción y de la acumulación existe trabajo humano. En la lectura de Enrique Dussel, esta relación puede expresarse mediante una imagen muy fuerte: el capital aparece como acumulación de vida, como acumulación de sangre. No se trata de una cita literal de Marx, sino de una interpretación que Dussel utiliza para mostrar que detrás de la riqueza acumulada existe la vida humana incorporada al proceso productivo.

La pregunta vuelve a aparecer, entonces, con toda su fuerza: ¿qué hacemos con el aumento de productividad y con la riqueza que genera el trabajo humano?

10.- KEYNES: CUANDO EL PROGRESO PUEDE LIBERAR TIEMPO

La pregunta sobre qué hacemos con el aumento de productividad adquiere una dimensión diferente cuando incorporamos las posibilidades del progreso tecnológico. John Maynard Keynes imaginó que el aumento de la productividad podía conducir, en el largo plazo, a una reducción significativa de las horas necesarias para trabajar. El problema dejaría de ser exclusivamente cómo producir más y comenzaría a ser qué hacemos con el tiempo que la sociedad consigue liberar. Esta idea resulta especialmente importante para nuestra discusión porque permite imaginar que el progreso económico no tiene por qué traducirse indefinidamente en más producción y más consumo. Podría traducirse también en algo que muchas veces olvidamos considerar como una forma de riqueza:

Más tiempo para vivir.

El tiempo liberado podría utilizarse para estudiar, cuidar, crear, participar, descansar, desarrollar una vocación o simplemente estar con otros. La cuestión que aparece entonces es profundamente humana:

¿Qué hacemos con el tiempo que el progreso nos permite recuperar?

11.- PERÓN: EL HOMBRE COMO PRINCIPIO Y FIN DEL PROYECTO NACIONAL

Esta preocupación tampoco es ajena a nuestra propia tradición política y cultural. En el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Juan Domingo Perón planteó la necesidad de pensar un proyecto nacional capaz de orientar el futuro de la Argentina.

Su punto de partida resulta particularmente cercano a la discusión que estamos desarrollando: el hombre no debe ser considerado simplemente un instrumento de la organización social, sino su razón de ser.

Perón lo expresa con una formulación contundente: “El hombre es principio y fin de la Comunidad Organizada”.

La idea resulta especialmente significativa para Entre Ríos Humana. Si la economía, la producción, la tecnología, la infraestructura y las instituciones son instrumentos, debemos preguntarnos siempre para quién y para qué los construimos.

Una provincia no se desarrolla simplemente porque produce más. Se desarrolla cuando esa mayor capacidad de producir permite que las personas vivan mejor, amplíen sus capacidades y participen de una comunidad en la que puedan realizar sus proyectos de vida. En el Modelo Argentino, esta concepción se vincula además con la necesidad de construir un proyecto que permita ordenar las decisiones colectivas y orientar el desarrollo del país.

No se trata de copiar modelos del pasado. Se trata de recuperar aquellas ideas que todavía pueden ayudarnos a pensar nuestro futuro. Y aquí aparece una cuestión central para Entre Ríos:

No alcanza con tener recursos, capacidades productivas o posibilidades tecnológicas. Hace falta un proyecto que permita orientarlas hacia un objetivo común.

12.- LA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA CAMBIA LA PREGUNTA

Ahora imaginemos que la tecnología permite algo que durante siglos parecía imposible: producir mucho más utilizando mucho menos trabajo humano. La inteligencia artificial, la robotización y la automatización pueden transformar profundamente la relación entre trabajo, producción y tiempo.

Aquí aparece una oportunidad extraordinaria. Si necesitamos menos horas de trabajo para producir los bienes necesarios para vivir, podemos utilizar esa productividad para liberar tiempo. Pero también podemos hacer otra cosa: utilizar la mayor productividad para producir todavía más bienes, aumentar todavía más el consumo y continuar acumulando riqueza. Las dos posibilidades existen. La tecnología no determina por sí misma nuestro futuro. Nosotros tendremos que decidir qué hacemos con ella.

13.- GUSTAVO PETRO Y LA ENCRUCIJADA DE NUESTRO TIEMPO

Las reflexiones de Gustavo Petro resultan particularmente provocadoras porque colocan esta cuestión en el centro de la discusión contemporánea. La robotización y la inteligencia artificial pueden aumentar enormemente la productividad. Pero la pregunta decisiva es:

¿quién se apropia de los beneficios de esa productividad y para qué se utilizan?

Si los beneficios quedan concentrados fundamentalmente en quienes poseen las máquinas, los algoritmos, los datos y el capital, la productividad puede generar mayor concentración económica. Pero existe otra posibilidad: que una parte importante de la productividad se transforme en menos tiempo de trabajo y más tiempo para vivir. Petro denomina a esto la riqueza del tiempo libre pago. La expresión merece ser tomada en serio, porque quizás el verdadero beneficio de la revolución tecnológica no sea simplemente que podamos producir más. Quizás sea que podamos necesitar trabajar menos para satisfacer nuestras necesidades. La encrucijada que Petro plantea puede ser expresada como una decisión entre distintos usos de la productividad: mayor concentración y control, o mayor libertad, democracia y tiempo para la vida.

14.- PERO LA TIERRA ES FINITA

Aquí debemos introducir una condición que no podemos ignorar: vivimos en un planeta finito. La Tierra tiene una superficie limitada, los recursos naturales son limitados, el agua dulce es limitada, los ecosistemas tienen límites y también los tienen la capacidad de los océanos, los suelos y la atmósfera para absorber nuestros impactos. Por eso no podemos imaginar razonablemente un sistema económico basado en un crecimiento material infinito dentro de un planeta finito.

Esto no significa que debamos dejar de crecer. Hay personas, comunidades y sociedades que todavía necesitan crecer mucho en términos materiales para alcanzar condiciones dignas de vida. El problema no es el crecimiento en sí mismo; el problema aparece cuando confundimos crecimiento con desarrollo y suponemos que más siempre significa mejor.

15.- CRECER CUANDO HACE FALTA

Mientras existan necesidades básicas insatisfechas, necesitamos aumentar la capacidad de producir.

– Más viviendas cuando faltan viviendas;

– Más infraestructura cuando faltan agua, cloacas y servicios;

– Más alimentos cuando falta alimentación suficiente;

– Más salud cuando faltan hospitales, médicos o medicamentos;

– Más educación cuando faltan oportunidades;

– Más empleo e ingresos cuando las familias no pueden vivir dignamente.

No hay ninguna contradicción entre una visión humana del desarrollo y la necesidad de producir más. Al contrario, cuando una sociedad tiene carencias fundamentales, aumentar su capacidad productiva es una condición para superarlas. La discusión aparece cuando esas necesidades fundamentales han sido garantizadas.

16.- ¿CUÁNTO ES SUFICIENTE?

Quizás una de las preguntas más importantes que debería hacerse sea una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuánto es suficiente para vivir bien?

La economía moderna ha desarrollado instrumentos extraordinarios para medir cuánto producimos. Medimos el Producto Bruto, las exportaciones, la inversión, la productividad y el consumo. Pero mucho menos frecuentemente preguntamos cuánto necesitamos para vivir bien. Y tampoco preguntamos con suficiente frecuencia qué cosas hacen realmente mejor nuestra vida.

Una sociedad puede tener más automóviles, pero no necesariamente más tiempo, puede tener más bienes, pero no necesariamente más tranquilidad, puede tener más consumo, pero no necesariamente más felicidad, puede tener más producción, pero también más contaminación, puede tener más riqueza, pero menos tiempo para estar con sus hijos.

No todo aumento de riqueza material constituye necesariamente un aumento equivalente del bienestar humano.

17.- CUANDO TENEMOS SUFICIENTE

Imaginemos una sociedad que logró garantizar para todos alimentación suficiente, vivienda digna, salud, educación, seguridad, infraestructura, energía, conectividad e ingresos adecuados.

¿Tiene sentido que el objetivo continúe siendo acumular indefinidamente más bienes materiales?

Tal vez allí el desarrollo deba cambiar de dirección. No necesariamente abandonar la producción, sino poner el énfasis en otras formas de riqueza: más conocimiento, más cultura, más tiempo, más salud, más vínculos, más participación, más libertad, más cuidado de la naturaleza.

Cuando tenemos suficiente para vivir bien, la pregunta deja de ser cuánto más podemos tener y empieza a ser qué hacemos con nuestro tiempo.

18.- EL TIEMPO COMO RIQUEZA

Durante mucho tiempo hemos pensado la riqueza fundamentalmente en términos de bienes, pero existe otra forma de riqueza: el tiempo.

– Tiempo para nuestros hijos;

– Tiempo para nuestros padres;

– Tiempo para estudiar;

– Tiempo para descansar;

– Tiempo para cuidar;

– Tiempo para crear;

– Tiempo para participar;

– Tiempo para pensar;

– Tiempo para conversar;

– Tiempo simplemente para vivir.

Si una sociedad logra producir los bienes necesarios con menos horas de trabajo, ese tiempo liberado constituye una forma extraordinaria de riqueza. Un bien material puede ser comprado, el tiempo de vida no puede recuperarse. Por eso una de las grandes preguntas del desarrollo tecnológico debería ser: ¿cuánto tiempo humano podemos liberar sin reducir las condiciones materiales de una vida digna?

19.- UNA NUEVA IDEA DE PROGRESO

Durante mucho tiempo pensamos: progreso = producir más.

Quizás tengamos que avanzar hacia otra definición:

PROGRESO = PRODUCIR LO NECESARIO DE MANERA CADA VEZ MÁS EFICIENTE, SOSTENIBLE Y EQUITATIVA, LIBERANDO CAPACIDADES Y TIEMPO PARA QUE LAS PERSONAS PUEDAN VIVIR MEJOR.

Eso no significa producir menos por principio. Significa producir mejor: producir lo que necesitamos, con menos desperdicio, utilizando menos recursos naturales, con más conocimiento y productividad y distribuyendo mejor los frutos del progreso. Cuando las necesidades materiales fundamentales estén satisfechas, el aumento de productividad puede utilizarse principalmente para ampliar la libertad humana.

20.- PREBISCH: EL MERCADO NO DEFINE POR SÍ SOLO EL HORIZONTE

Aquí aparece la enorme actualidad del pensamiento de Raúl Prebisch. El mercado es un instrumento fundamental de la economía, pero no tiene por sí mismo un horizonte social ni un horizonte suficientemente amplio de tiempo. Puede coordinar decisiones descentralizadas, estimular la innovación y asignar recursos, pero no garantiza automáticamente:

– Una distribución socialmente aceptable de los frutos del progreso;

– La preservación de los recursos naturales;

– La consideración de las generaciones futuras;

– La construcción de capacidades estratégicas;

– La satisfacción de necesidades que no tienen suficiente capacidad de compra.

Por eso una sociedad necesita construir deliberadamente un horizonte. El Estado tiene allí una responsabilidad, no para reemplazar al mercado en todo, sino para orientar aquello que el mercado, por sí mismo, no puede resolver. No se trata de estar contra el mercado. Se trata de reconocer sus límites y construir instituciones capaces de darle un horizonte social y temporal.

21.- PRODUCTIVIDAD: ¿PARA QUIÉN?

La revolución tecnológica nos obliga a recuperar una vieja pregunta con una nueva intensidad: ¿quién se queda con los frutos del aumento de productividad?

Supongamos que una empresa incorpora inteligencia artificial y robotización y consigue producir el doble con la mitad de las horas de trabajo. Ese aumento de productividad genera una riqueza adicional. Podría traducirse en mayores ganancias, menores precios, mayores salarios, más inversión, mejores servicios, menor jornada laboral o una combinación de todas ellas. La discusión no debería ser impedir la productividad, todo lo contrario, necesitamos aumentar fuertemente nuestra productividad, pero necesitamos construir instituciones que permitan que ese aumento de productividad se transforme en bienestar colectivo.

22.- NO QUEREMOS UNA ENTRE RÍOS MENOS PRODUCTIVA

Esta propuesta no significa una provincia menos productiva, significa lo contrario: Una provincia que quiere ser más productiva porque quiere que esa productividad se traduzca en una vida mejor para su población.

– Queremos incorporar tecnología;

– Queremos mejorar la productividad;

– Queremos empresas competitivas;

– Queremos inversión;

– Queremos innovación;

– Queremos conocimiento;

– Queremos exportar;

– Queremos agregar valor

Pero todo eso tiene que responder a una pregunta superior:

¿Cómo se transforma esa capacidad productiva en una vida mejor para los entrerrianos?

23.- LA PREGUNTA QUE EL CRECIMIENTO NO PUEDE RESPONDER

El crecimiento económico puede responder cuánto producimos, pero no puede responder por sí mismo: ¿para qué vivimos?

Esa es una pregunta filosófica, social y política.

La economía responde cómo producir; la política debería ayudar a responder para qué queremos producir; la filosofía pregunta qué significa vivir bien. Y una sociedad democrática debe decidir colectivamente cómo articular esas respuestas.

24.- UNA NUEVA MEDIDA DEL DESARROLLO

Quizás en el futuro tengamos que medir el desarrollo no solamente mediante cuánto produce una sociedad, también deberíamos preguntarnos:

– ¿Cuánto tiempo libre tiene su población?

– ¿Cuánto trabajan las personas?

– ¿Qué calidad tienen sus empleos?

– ¿Qué nivel de educación alcanzan?

– ¿Qué esperanza y calidad de vida tienen?

– ¿Cómo se distribuye la riqueza?

– ¿Cuánto consume la economía de recursos naturales?

– ¿Cuánto conocimiento produce?

– ¿Qué capacidad tiene la sociedad para participar en las decisiones?

– ¿Qué posibilidades tiene cada persona de desarrollar sus capacidades?

Esto no significa abandonar las estadísticas económicas tradicionales, significa que el Producto Bruto es una medida de actividad económica, no una medida completa de la buena vida.

25.- LA TECNOLOGÍA COMO INSTRUMENTO DE LIBERACIÓN

Hay una posibilidad histórica que no deberíamos desperdiciar: por primera vez, la humanidad puede estar acercándose a un escenario donde la productividad tecnológica permita satisfacer una enorme cantidad de necesidades con una cantidad relativamente pequeña de trabajo humano. Eso podría ser una tragedia si genera desempleo masivo, concentración y exclusión, pero podría ser una de las mayores conquistas de la historia si conseguimos convertir esa productividad en:

– Menor trabajo obligatorio;

– Más tiempo libre;

– Más educación;

– Más cultura;

– Más creatividad;

– Más participación social;

– Más cuidado;

– Más vida.

La tecnología no debería servir solamente para reemplazar trabajadores, debería servir para liberar seres humanos.

26.- PRODUCIR PARA VIVIR

NO SE TRATA DE PRODUCIR CADA VEZ MÁS. SE TRATA DE PRODUCIR LO NECESARIO PARA VIVIR BIEN, HACERLO CADA VEZ MEJOR Y UTILIZAR EL PROGRESO PARA LIBERAR TIEMPO HUMANO.

La productividad deja de ser el objetivo final: se convierte en un instrumento. La riqueza deja de ser el objetivo final: se convierte en un instrumento. La tecnología deja de ser un objetivo final: se convierte en un instrumento. El objetivo final es la vida humana.

27.- ¿QUÉ SIGNIFICA DESARROLLARSE?

Podemos comenzar a pensar que desarrollarse no significa simplemente tener más, significa poder vivir mejor. Y vivir mejor no significa necesariamente consumir más. Puede significar:

Tener mejores relaciones / tener más salud / tener más conocimientos / tener más libertad / tener más seguridad / tener más tiempo / tener más oportunidades / tener una naturaleza preservada / tener una comunidad en la que podamos confiar.

El desarrollo no debería medirse solamente por el lugar al que llegamos, sino también por las personas en las que nos convertimos durante el camino.

28.- CAMINAR JUNTOS

Todo esto nos lleva también a una cuestión política. No existe una sociedad humana sin diferencias. Pensamos diferente, tenemos intereses diferentes, historias diferentes e ideologías diferentes. Pero quizás precisamente esas diferencias puedan ayudarnos a construir mejor. El que piensa distinto puede mostrarnos aquello que nosotros no estamos viendo.

Por eso no deberíamos buscar una sociedad donde todos piensan igual, deberíamos buscar una sociedad capaz de pensar juntos aun pensando diferente. No necesitamos pensar igual para caminar juntos; necesitamos saber hacia dónde queremos caminar.

Las diferencias, cuando existe voluntad de escuchar, pueden ayudarnos a precisar mejor el objetivo.

29.- EL OBJETIVO Y EL CAMINO

Aquí vuelve una frase de mi padre:

“Acordate, hijo, que el objetivo es muy importante, pero el camino para encontrarlo es el que te hace más humano”.

Quizás esta frase sea una de las mejores síntesis posibles de esa concepción, porque no alcanza con obtener determinados objetivos económicos, importa también cómo construimos la sociedad mientras intentamos alcanzarlos.

Si queremos una sociedad más humana, debemos practicar la humanidad durante el camino. Si queremos una sociedad más solidaria, debemos aprender a escucharnos. Si queremos una sociedad más democrática, debemos aceptar las diferencias. Si queremos una sociedad más desarrollada, debemos ampliar las capacidades de todos.

30.- LA ENCRUCIJADA DE NUESTRO TIEMPO

La humanidad está entrando en una etapa en la que las posibilidades materiales son enormes, pero también son enormes los riesgos. Podemos utilizar la inteligencia artificial, la robotización y la productividad para producir más y acumular más, o para producir lo necesario, trabajar menos y vivir mejor.

Podemos utilizar la tecnología para concentrar poder o para democratizar conocimiento y capacidades; podemos utilizar la productividad para consumir cada vez más recursos, o para producir mejor y preservar la naturaleza; podemos permitir que las diferencias nos separen o podemos convertirlas en una fuente de aprendizaje colectivo.

En última instancia, estamos frente a una decisión profundamente humana.

31.- EL CAMINO HACIA UNA NUEVA IDEA DE DESARROLLO

ESTE ES UN CAMINO: DE LA NECESIDAD A LA DIGNIDAD. DE LA DIGNIDAD A LAS CAPACIDADES. DE LAS CAPACIDADES A LA LIBERTAD. DE LA LIBERTAD A UNA VIDA PLENAMENTE HUMANA.

Este camino tiene una consecuencia importante: no podemos comenzar por el final. Para hablar de tiempo libre, primero tenemos que garantizar dignidad, para hablar de libertad, tenemos que ampliar capacidades, para hablar de una vida plenamente humana, tenemos que construir las condiciones que hagan posible esa libertad.

Esta propuesta no es entonces una fotografía de una sociedad ideal. Es un proceso de transformación.

32.- LA PREGUNTA CENTRAL 

Después de todo este recorrido, quizás la pregunta que debemos dejar abierta sea esta: Si la tecnología nos permite producir cada vez más con cada vez menos trabajo humano, ¿queremos seguir acumulando indefinidamente más riqueza material o queremos utilizar ese progreso para garantizar que todos vivan bien, trabajar menos, disponer de más tiempo y preservar la Tierra para las generaciones futuras?

¿Qué significa realmente vivir bien cuando una sociedad ya tiene la capacidad de satisfacer las necesidades materiales fundamentales de todos?

Esa pregunta todavía no tiene una respuesta definitiva y quizás sea bueno que no la tenga, porque precisamente ahí comienza la discusión que esta propuesta quiere abrir.

33.- UNA PRIMERA SÍNTESIS

Aristóteles nos recuerda que la economía debe estar orientada a la buena vida y que la acumulación ilimitada no debería convertirse en el fin de la existencia.

Marx nos ayuda a comprender la relación entre trabajo, productividad y apropiación de la riqueza.

Keynes nos permite imaginar que el progreso tecnológico puede liberar enormes cantidades de tiempo humano.

Prebisch nos advierte que el mercado no tiene por sí mismo un horizonte social ni un horizonte dilatado de tiempo.

Perón nos recuerda que un proyecto nacional debe colocar al hombre en el centro y orientar la organización de la comunidad hacia su realización.

Petro nos enfrenta a las nuevas condiciones de nuestro tiempo: inteligencia artificial, robotización, concentración económica, crisis ambiental y la posibilidad de utilizar la productividad para liberar tiempo o profundizar la concentración y el control.

Y desde Entre Ríos buscamos formular una respuesta propia.

No contra el crecimiento, no contra el mercado, no contra la empresa, no contra la tecnología, no contra la inversión, sino a favor de una idea superior:  QUE LA ECONOMÍA SEA UN INSTRUMENTO PARA LA VIDA Y NO QUE LA VIDA SEA UN INSTRUMENTO PARA LA ECONOMÍA.

34.- HACIA UNA NUEVA IDEA DE PROGRESO

¿Qué necesitamos producir?

Para garantizar una vida digna para todos.

¿Cómo debemos producirlo?

Con conocimiento, tecnología, productividad y respeto por los límites naturales.

¿Cómo debemos distribuir los frutos del progreso?

De manera que la productividad se traduzca en bienestar colectivo y no solamente en acumulación concentrada.

¿Qué hacemos cuando tenemos suficiente?

Liberamos tiempo para vivir.

Cuando tenemos suficiente para vivir bien, la pregunta deja de ser cuánto más podemos tener y empieza a ser qué hacemos con nuestro tiempo.

35.- UNA IDEA FINAL PARA DEJAR ABIERTA

Quizás el gran desafío del siglo XXI no sea conseguir que las máquinas trabajen cada vez más, eso probablemente lo harán. El verdadero desafío será decidir qué hacemos los seres humanos con el tiempo que las máquinas nos permitan recuperar.

Pero para llegar a esa discusión tenemos que recorrer primero el camino que nos toca como sociedad: garantizar la vida concreta, superar las necesidades básicas, construir dignidad, ampliar capacidades y hacer posible una libertad real.

Podemos llenar el tiempo nuevamente de trabajo, podemos llenarlo de consumo, podemos llenarlo de acumulación. O podemos utilizarlo para estudiar, crear, cuidar, amar, participar, encontrarnos con otros y desarrollar nuestras capacidades.

Quizás allí aparezca una nueva idea de riqueza: no solamente riqueza de cosas, sino riqueza de tiempo; no solamente riqueza material, sino riqueza humana.

Y entonces la pregunta fundamental ya no sería solamente: ¿Cuánto más podemos producir?

Sino: ¿Cuánto necesitamos producir para que todos podamos vivir bien, y qué queremos hacer con la vida que la productividad nos permita recuperar? 

 

(*) Roberto Schunk es contador público y docente universitario. Fue ministro de Producción de Entre Ríos entre 2011 y 2015. Se dedica a la investigación y la docencia en la Universidad Nacional de Entre Ríos (Facultad de Trabajo Social y Facultad de Ciencias de la Educación) y en la Universidad Nacional del Litoral (Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales). Su trabajo académico se centra en economía y políticas públicas provinciales.

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