FRIGERIO Y MILEI: EL AJUSTE AHORA ES CONTRA LA DEMOCRACIA
Eliminar las PASO no es ahorrar dinero: es quitarle a la ciudadanía el derecho a participar en la elección de sus representantes.
El gobernador Rogelio Frigerio pretende justificar este retroceso alegando que votar muchas veces molesta a la gente. ¿Desde cuándo consultar al pueblo es una molestia? ¿Desde cuándo el costo de una elección vale más que el derecho de millones de argentinos a decidir?
La democracia no es un gasto que deba recortarse. Es un derecho que debemos ampliar y defender.
Frigerio afirma que la política debe escuchar a la sociedad, pero propone exactamente lo contrario: quitarle una oportunidad de expresarse. La baja participación electoral no se resuelve suprimiendo elecciones, sino recuperando la confianza de los ciudadanos. Y en todo caso habla muy mal de quienes nos representan.
Resulta difícil no advertir detrás de esta excusa economicista la conveniencia política de quienes prefieren que las candidaturas se resuelvan entre dirigentes y acuerdos de cúpula, en lugar de someterlas al voto popular.
La Justicia entrerriana ya dio una advertencia contundente. En abril de 2026, la Cámara de Casación de Concordia declaró inconstitucional una reforma que restringía el juicio por jurados, calificándola de “regresión constitucionalmente intolerable”. Su fundamento fue claro: las dificultades presupuestarias del Estado no justifican cercenar las garantías conquistadas o logradas por leyes que evolucionan en materias centrales que mejoran la vida y la participación ciudadana.

Aunque se trate de instituciones diferentes, el principio democrático que defendemos es el mismo: los derechos de participación se amplían, no se recortan por conveniencia de los gobernantes.
Frigerio vuelve a coincidir con Milei en una dirección preocupante: menos participación ciudadana y más decisiones concentradas en el poder.
La Argentina ya conoció tiempos oscuros en los que el pueblo no podía elegir libremente.
No aceptemos retrocesos disfrazados de ahorro. Combatir en la calle y los estrados judiciales es el camino que como ciudadanos debemos elegir.
Gobernador: escuchar al pueblo no es un gasto. Lo verdaderamente costoso para la democracia es que sus gobernantes le tengan miedo a las urnas.

