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El despido de Liliana López Foresi: una cruel censura con olor a dictadura

El abrupto despido de Liliana López Foresi de Radio 10 es un nuevo episodio de censura y disciplinamiento contra el periodismo crítico en la Argentina. Su salida se da en un clima creciente de hostigamiento hacia las voces opositoras al gobierno de Javier Milei, donde proliferan las presiones políticas y empresariales sobre periodistas y medios. El objetivo de fonde es el silenciamiento de posiciones críticas frente al extractivismo, la megaminería y la política internacional oficial.

Por: Ricardo Monetta

19 mayo, 2026

5:54 pm

Desde tiempos inmemoriales, el periodismo crítico y de investigación se ha convertido en un obstáculo molesto para el “poder” que pretende ejercer impunidad en sus acciones incompatibles con el ejercicio de una supuesta legalidad.

Todos los medios de comunicación, sean escritos, de radio, televisión o páginas online, han sufrido, de una manera u otra, presiones de variada intensidad, de acuerdo a la importancia del medio y a la crítica subyacente. En la “patria de la libertad” de expresión (EE. UU.) es muy difícil ejercer oposición porque los grandes medios son financiados por las corporaciones que, a su vez, eligen a los representantes del poder a través del “Estado profundo”.

En nuestro país es larga y ancha la calle por donde transitaron los distintos gobiernos, de diferente naturaleza política, que de distinta manera ejercieron “influencia” intimidante, ya sea directamente o a través de los dueños de los medios.

Todo este marco conceptual es procedente porque el domingo pasado se produjo un ataque a la libre expresión de enorme resonancia, por la magnitud de la “víctima” en cuestión, que era un faro de expresión cultural y periodística, de notables méritos acumulados en una larga trayectoria y absolutamente insobornable.

Ya se habrán dado cuenta de que estoy refiriéndome a Liliana López Foresi, cariñosamente “La Negra”.

El atropello periodístico al que ha sido sometida, mediante un despido abrupto e inconsulto, insulta a la inteligencia de la sociedad toda, porque constituye un ataque artero a la tan declamada libertad de prensa; tan declamada, pero poco defendida. Liliana llevaba casi cinco años al frente de un programa que tenía reconocimiento unánime por su capacidad periodística y por el tenor de su oposición a las medidas soterradas del gobierno en cuanto se refieren a la contaminación ambiental, destrucción de territorios, la reforma de la Ley de Glaciares y la catástrofe humanitaria en Gaza, hecho incontrastable para más de 180 países del mundo. Por supuesto que detrás de esta salida intempestiva también cuenta su oposición a la megaminería y al saqueo extractivista, porque estos hechos surgen como respuesta a una combinación muy visible de un gobierno vasallo, aliado a las corporaciones empresariales y alineado ideológicamente con los sectores más reaccionarios.

Liliana López Foresi llevaba años al frente de un programa que había logrado construir audiencia y reconocimiento sin resignar profundidad ni pensamiento crítico. Mientras gran parte de los grandes medios reproducen discursos y narrativas oficiales o agendas empresariales, “Reloj de Arena” abría espacio para debates incómodos para el poder.

Desde que asumió, el gobierno de Javier Milei convirtió el ataque al periodismo, y a quienes piensan distinto, en una política sistemática. Insultos presidenciales a toda hora, campañas de hostigamiento en redes, operaciones mediáticas, persecución a voces críticas y la represión brutal a quienes registran las movilizaciones forman parte de un “clima” político cada vez más autoritario, que tiene como ejemplo emblemático el intento de asesinato de Pablo Grillo. Pero el despido no aparece en el vacío. Ya hubo distintos periodistas censurados, amenazados o corridos de espacios mediáticos por expresar opiniones críticas o denunciar al poder político y económico.

En C5N, por ejemplo, fueron apartados periodistas y panelistas que cuestionaban con dureza el rumbo político del gobierno y el alineamiento internacional oficial, como fue el caso de Silvina Sterin Pensel, quien se desempeñaba como corresponsal del canal en EE. UU. También en A24 hubo salidas y reconfiguraciones editoriales marcadas por la presión política y empresarial.

El mensaje fue claro: en la Argentina de Milei, como lo fue con Mauricio Macri, se busca un periodismo domesticado, sin cuestionamientos al ajuste cruel, al saqueo extractivista ni a la subordinación geopolítica humillante del gobierno.

El despido de Liliana López Foresi de Radio 10 de Mar del Plata, que hacía conexión con Radio 10 de Buenos Aires, y el levantamiento abrupto de su programa constituyen un artero golpe a la libertad de expresión y al periodismo crítico en la Argentina, que cada vez son menos por la cantidad de amanuenses del poder.

En ese marco, el alineamiento absoluto del gobierno con el Estado de Israel y los sectores sionistas más conservadores fortaleció a organizaciones como la DAIA, que hace años intenta disciplinar y criminalizar a quienes denuncian los crímenes contra el pueblo palestino. Lo sé porque hace más o menos tres años intentaron silenciarme en Radio Ciudadana por parte de una comunidad religiosa.

El problema es cómo sectores vinculados con el sionismo buscan instalar que toda crítica al Estado de Israel constituye antisemitismo, lo que significa una operación peligrosa porque banaliza la verdadera lucha contra la discriminación y pretende silenciar el repudio internacional frente a la masacre en Gaza.

Pero el conflicto no se limita a una censura por parte del sionismo. La periodista también fue una de las pocas figuras de medios masivos que sostuvo una crítica persistente al extractivismo y a las corporaciones mineras que nadie controla. Durante años dio voz a asambleas ambientales, especialistas y activistas que denunciaban contaminación, saqueo de recursos naturales y destrucción de ecosistemas enteros en beneficio de grandes empresas.

La megaminería, presentada por Milei, gobernadores sumisos y empresarios como una supuesta salida económica, implica contaminación del agua —cada vez más escasa en el planeta—, destrucción ambiental y subordinación total a intereses privados. Por eso buscan silenciar a quienes desmontan el discurso del supuesto progreso extractivista.

Durante todo el debate alrededor de la reforma de la Ley de Glaciares, impulsada para beneficiar a las corporaciones mineras, existió un verdadero blindaje mediático para que la gente no se enterara de la importancia vital que tenía esa ley de protección. Pero “La Negra” fue una de las pocas voces que se alzó en protesta.

Los legisladores no son inocentes cuando votaban el SUPER RIGI, que abrió la puerta a beneficios extraordinarios para las corporaciones mineras. Ellos también, junto con sus gobernadores, tratan de consolidar una política de saqueo con escasos controles y enormes privilegios empresariales.

Por eso es necesario comprender que defender a Liliana no es solo solidarizarse con ella, sino evitar la naturalización de una censura que viene de poderes ocultos que avanzan sobre toda América Latina, y frente a la cual nuestra sociedad todavía no ha “despertado” de un estado de semiinconsciencia. Porque nuestro país es tan ancho y cada vez más ajeno, que pareciera que lo que está por venir les pasará a “los demás”.

Por eso, cuando las voces que denuncian la entrega de nuestra soberanía política, geopolítica y periodística son acalladas, hay que responder con una resistencia masiva a lo largo y a lo ancho de nuestra Patria.

Nota: Me pareció extraño que en C5N no se hubieran alzado voces de condena por esa supresión, sobre todo en los programas de Gustavo Sylvestre y otros del mismo canal y de Radio 10. ¿Es temor patronal?

Fuente: con información de Opinión.

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