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Gaza: la flotilla de la historia con la indignidad a bordo

La Flotilla de la Libertad es una cruzada que emprenden todos los años decenas de activistas para llevar víveres y medicinas a ese "campo de concentración a cielo abierto" que es el territorio de Gaza, en Palestina. Consta de 50 barcos de tamaño diverso, con voluntarios de 44 países, que se dirigen a tierras gazatíes. Llevan miles de toneladas de alimentos y medicamentos al pueblo que el sionismo quiere borrar a "fuego lento" para hacerlo desaparecer de la memoria de las generaciones futuras.

Por: Ricardo Monetta

17 junio, 2026

5:06 pm

Llevan el nombre de Perseverancia, con gente absolutamente comprometida con la consecución de un mundo sin fascismo, poniendo en juego su persona, desarmada, y con la intención de hacer llegar ayuda a las manos de una población hambrienta que da tanto ejemplo de resistencia al fascismo colonial. Por supuesto que los ejércitos fascistas van a tratar, como otras veces, de impedir su llegada, y no les importa que el mundo entero sepa el crimen que se comete, a pesar de que las pruebas son tan contundentes que hasta la Corte Penal Internacional solo emite tenues resoluciones para detener esa infamia.

Sin embargo, el representante del ente colonial fascista, Ben Gvir, ha tachado de «terroristas» a las personas que manifiestan solidaridad y propone a su gabinete que se las asalte y se las meta en prisión. Mientras tanto, el mundo «occidental y cristiano» mira para otro lado y los narradores internacionales secuestran la realidad.

La flotilla representa a miles de millones de seres humanos que exigen que se detenga esta barbarie y que se juzgue a los representantes de ese crimen colonial; que se acabe con la impunidad de ese régimen y se defenestre su ideario supremacista; que se disuelva la «colonia» y se devuelva a sus verdaderos dueños: el pueblo palestino. Con ello se acabaría también con la promesa de Gran Bretaña, Italia, Francia y EE.UU., plasmada mediante cartas como la de Balfour.

El final de la Segunda Guerra Mundial dejó oculta la vía de continuación de los intentos imperiales de persistir, y hoy nos encontramos en medio de una tercera guerra global, que desarrollan por etapas, arrancando por Palestina para intentar doblegar a los pueblos.

Pero esto no nació hoy. Hace más de 70 años se usó la Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917; la declaración francesa de Jules Cambon, secretario general del Ministerio francés, dirigida a Sokolov; la carta del 14 de febrero de 1918 de Stephen Pichon, ministro francés, a Nahum Sokolow; la carta del 31 de agosto dirigida por el embajador de Italia en París, en nombre del barón Sonnino, ministro italiano de Relaciones Exteriores; y también la carta del presidente de EE.UU., del 31 de agosto, W. Wilson al rabino Stephen Wise, representante sionista.

Estos documentos restablecen, por cuenta de Francia, Italia y EE.UU., los compromisos de Lord Balfour y están reproducidos en la tesis doctoral de Berfield. En ese entonces, el Imperio Británico, colonialista supremo si los hubo, era el que regía los destinos de una buena parte del mundo, de ahí que aparezca como quien entrega Palestina a los financieros sionistas. También se sabe de los acuerdos entre sionistas y la Alemania nazi («Acuerdo de Haavara»).

Los actores responsables que sostienen la obra genocida que realiza Israel sionista en Gaza y Palestina han manejado siempre la falsedad para que no se los vea como parte fundamental del colonialismo, en realidad continuador de la Segunda Guerra Mundial, puesto que, aunque firmaban el final de la guerra, lo cierto es que dejaron «abierto» el caso de Palestina. Y hoy se ven las consecuencias.

Fuente: Prensa Alternativa

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