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El reloj de arena para la guerra de Medio Oriente

Mientras el tiempo consume los tiempos de guerra, el reloj de arena de la historia infame de una guerra absurda, ilegal y trasnochada, pergeñada por dos países, EEUU e Israel, con objetivos parcialmente comunes, pero finalmente de naturaleza hegemónica, ha comprometido en un modo de crisis total a innumerables países ajenos al escenario bélico. Sumado a una crisis climática cuya existencia se ha negado, han puesto al mundo en un caos, como si fuese un ovillo "parido" por el Diablo al que no se le encuentra la punta.

3 agosto, 2026

4:22 pm

A Donald Trump le está llegando el agua al cuello porque no ha logrado ningún objetivo declarado con grandilocuencia desde el Salón Oval, como si fuera el centro de diseminación de las políticas rectoras de un imperialismo en decadencia. Además, ese recinto es el lugar de humillación de quienes representan a una élite, tanto europea como americana. Fracasados todos, reciben las órdenes cual lacayos y siervos inútiles y se rinden con pleitesía al representante de un imperio que los explotó durante casi 70 años, dejando atrás la miseria y la deshumanización a fuerza de guerras inventadas y saqueos organizados de naciones vulnerables.

Pero ahora, al «reloj de arena» le falta el tiempo de la toma de decisiones, fruto de la desesperación ante una derrota que se asoma en el horizonte, a medida que se desnudan las incapacidades manifiestas y la crueldad que acompañan cada una de sus acciones.

Lo que está pasando en Medio Oriente es una nueva arquitectura, un cambio tectónico en el poder político mundial. Es obvio que, silenciosamente, China está utilizando su poderío global en todos los frentes de su esperado ascenso para reemplazar al menguado eje imperialista anglosionista, en sus estertores cada vez más dramáticos.

EEUU ya no es la nación más rica ni la más poderosa del mundo, como lo fue en el último siglo. Claramente, ahora lo es China. Por supuesto, de la manera más simbólica, sin confrontación directa entre ellos. El último éxito de la nación asiática, para quienes no lo conocen, ha sido la creación de la supercomputadora cuántica más rápida del mundo.

Pero otro logro de China, desde el triunfo militar y tecnológico, es que ha ayudado enormemente a Irán a neutralizar el arma más letal de Israel y de EEUU, que eran los ataques mortales de decapitación. Tras el asesinato del jefe de Seguridad iraní, Ari Larijani, el 17 de marzo, con bombas israelíes fabricadas en EEUU, apenas tres semanas después del inicio de la guerra contra Irán, la capacidad de Israel y EEUU para llevar a cabo esos asesinatos quedó completamente neutralizada al recibir Irán asistencia y apoyo tecnológico directo de China y Pakistán.

Los aliados de Irán y la capacidad tecnológica de este han allanado el camino para el progreso de Teherán, creando un profundo cambio en el poder geopolítico, pasando por la disminución de la alianza entre EEUU, Israel y Occidente.

Es sumamente curioso que los ataques de precisión de Palantir/Google contra Irán cesaron después del 17 de abril debido a las avanzadas capacidades de interferencia y depuración electrónica de China, que se extendieron hasta Irán.

Este panorama multipolar más amplio revela que la nueva Ruta de la Seda de China se extiende desde Asia-Pacífico hasta Asia Occidental y mucho más allá, mientras que, simultáneamente, el imperio de EEUU, en tiempo real, se desmorona.

El ataque totalmente inmoral contra Irán del 28 de febrero, cometido por los criminales de guerra Trump y Netanyahu, es un presagio de su autodestrucción. Irán está implementando, junto a Omán, un sistema de peaje conjunto para el paso de todos los buques, dejando que los grupos técnicos de Irán y EEUU en Suiza continúen las negociaciones.

Mientras tanto, la fuerza ofensiva israelí sigue con sus ataques en el sur del Líbano, en un intento desesperado de socavar la paz en Medio Oriente. Desde el 28 de febrero, el Líbano sufrió una invasión por parte de Israel y más de 4.570 libaneses han sido asesinados, mientras que al menos 1.200.000 libaneses han sido desplazados de sus hogares.

Los grandes medios de comunicación occidentales, bajo un control asfixiante del mundo sionista, siguen etiquetando falsamente como terroristas islámicos a las fuerzas de resistencia que luchan por la libertad, como lo hace la Guardia Revolucionaria de Irán en respuesta a los traicioneros ataques del ente EEUU-Israel, asesinando a su jefe espiritual, el ayatolá Jamenini; como lo hace Hezbolá en el Líbano y los hutíes en Yemen, a los que se han sumado las milicias chiitas de Irak.

A todos ellos se los presenta como enemigos salvajes de Occidente, cuando los verdaderos terroristas han sido el Estado de Israel desde 1948, expulsando a 700 mil palestinos. Y los llamados «terroristas islámicos» del ISIS y Al Qaeda siempre han sido patrocinados, entrenados y financiados por la CIA y el MI6 británico.

Este engaño perverso y esta grave injusticia han permitido que el mundo se sumerja en guerras interminables para saciar el apetito del sionismo mesiánico de Israel.

El débil intento de Donald Trump de obtener un tratado de paz fue chantajeado por los detentores de los Archivos Epstein, donde se lo vincula a Trump en actos de pedofilia. Trump es un sicópata narcisista, maligno y delirante, sin ninguna inclinación a reconocer sus crímenes económicos y morales.

La estratagema mucho más realista de Trump, dentro de su despreciable carácter, es preparar el terreno para otro ataque de falsa bandera, como el del 11-S de Nueva York. Esta fue la confesión de la informante israelí Laura Loomer, traicionando la intención de Israel First.

Mientras tanto, Donald proclama a los cuatro vientos que se va a jugar la última carta que tiene a mano, habiendo fracasado en todas sus tentativas anteriores: un bombardeo indiscriminado contra objetivos militares y civiles, tal cual lo hizo Bill Clinton en 1999 en Yugoslavia, bombardeando los Balcanes durante 78 días seguidos.

Pero cuidado: en ese entonces no había quien defendiera a Yugoslavia, Serbia, etcétera. Hoy es distinto. Moscú y Beijing no van a ser meros observadores, pues el nuevo orden mundial quizá dependa de esa batalla.

¿Le hará caso el «orangután naranja» a su «jefe» en las sombras, Benjamín?

¿Se abrirán las puertas del infierno por culpa de dos desquiciados seres inhumanos con poder político?

Fuente: Opinión y Prensa Alternativa.

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