Casi seis millones de trabajadores argentinos no cuentan con protección social y perciben ingresos inferiores a los de quienes tienen empleos protegidos. Así lo señala un relevamiento del Centro de Innovación de los Trabajadores (CITRA), vinculado al CONICET y la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), que expone el alcance de la precarización laboral.
La situación afecta al 46,2% de los asalariados privados y al 11,1% de los empleados públicos. Entre los cuentapropistas, el porcentaje trepa al 66,6%. En total, el informe contempla unos 12,8 millones de trabajadores, de los cuales alrededor de seis millones se encuentran sin protección social.
La desprotección también se refleja en los ingresos. La diferencia entre quienes tienen cobertura y quienes no la tienen alcanza el 61% entre los cuentapropistas, el 50,7% entre los asalariados públicos y el 48,7% entre los privados.
Las brechas se registran pese a que las jornadas laborales son similares. En el sector privado, los trabajadores protegidos cumplen un promedio de 42,5 horas semanales, frente a las 39,3 horas de quienes no cuentan con esa cobertura. Entre los cuentapropistas, los promedios son de 44,6 y 42,9 horas, respectivamente.
Las investigadoras Sonia Balza y María Inés Fernández Álvarez señalaron que, entre los asalariados, las diferencias están relacionadas principalmente con el grado de regulación de las relaciones laborales. En el trabajo independiente también inciden las dificultades para generar ingresos y sostener los aportes previsionales.
Cada vez más trabajadores necesitan tener dos empleos
La presión sobre los ingresos también se refleja en el pluriempleo. Según un informe de la consultora C-P, el 11,5% de los ocupados tuvo más de un trabajo en 2025, el mismo nivel récord registrado en 2024. En 2017, la proporción era del 8,7%.
El fenómeno se extiende especialmente entre los sectores de menores ingresos, donde sumar una ocupación aparece como una forma de compensar la pérdida de poder adquisitivo.
Entre las personas que tienen más de un empleo, el 63% son jefes de hogar y el 56% son mujeres. Además, el 64% trabaja en relación de dependencia, con una participación importante de empleados públicos.
La acumulación de trabajos también implica jornadas más extensas. Mientras quienes tienen una sola ocupación trabajan un promedio de 37,5 horas semanales, quienes tienen más de un empleo llegan a las 43 horas.
En el grupo identificado como pluriempleo emergente, vinculado, entre otros factores, con la necesidad de complementar ingresos, el 56% trabaja más de 45 horas semanales y el 22% supera las 60 horas.
Los datos muestran que tener trabajo no garantiza ingresos suficientes ni acceso a derechos laborales. La desprotección social, las diferencias salariales y la necesidad de sumar ocupaciones exponen las dificultades de miles de trabajadores para sostener sus ingresos.

