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Concordia, 50% de pobreza: cuando el trabajo no alcanza para un plato de comida

El último informe difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) confirmó que Concordia volvió a posicionarse como la ciudad con mayor nivel de pobreza del país, alcanzando el 49,9%. En ese escenario, los comedores comunitarios se han convertido en el único recurso para que muchas familias puedan cubrir sus necesidades básicas. La crisis y la caída de los ingresos han dejado a trabajadores luchando por llevar un plato de comida a la mesa. No obstante, los responsables de esos espacios populares admiten que la demanda aumenta y los insumos que envía el municipio escasean. Así lo relataron a DIARIOJUNIO los responsables de los comedores de los barrios La Roca, San Pantaleón y 9 de Julio.

Por: Guillermo Coduri

8 abril, 2026

7:11 am

La historia detrás del comedor La Roca

Manuel Cañete es el responsable del comedor comunitario del barrio La Roca. El comedor funciona desde hace nueve años en el barrio de la zona noroeste que lleva ese nombre, delimitado por calle España, Nogueira, 2 de Abril y Boulevard Yuquerí. El comedor no dejó de funcionar ni el Viernes Santo ni ayer lunes a pesar de la lluvia.

Actualmente asisten entre 40 y 50 familias. Sirven 200 porciones. Las familias llevan un tupper que alcanza para cuatro porciones, en promedio. Pero Cañete admite que, a pesar de que van calculando, las raciones a veces no alcanzan. “Nos quedan 10 o 12 tuppers afuera. Son 10 o 12 familias que quedan sin llevar comida”, manifestó. Un tupper vacío puede significar la posibilidad de que haya una familia con muchos menores que no coman ese día. Cañete dijo que hay familias que van con dos chicos y otras con nueve hijos.

En ocasiones, recibe pedidos de vecinos de otros barrios más alejados. Y la respuesta es la misma para todos: se debe hacer fila y llegan hasta donde pueden. “Más de lo que hacemos es imposible”, dijo.

En el comedor, Cañete observa que antes venían personas en situación de calle, con problemas de adicciones o que se habían quedado sin trabajo. Pero ahora también vienen padres de familia que están trabajando. Incluso, mencionó que a algunos de ellos los conoce personalmente y sabe que siempre salieron a trabajar. “Pero hoy en día no les alcanza”, indicó.

Más adelante, el responsable del comedor dijo que en esa zona hay cosecheros de cítricos, empleados de aserraderos o changarines. Respecto de los cosechadores, explicó que el citrus recién está comenzando. En los aserraderos se trabaja poco porque no hay obra pública y donde se vende mucha madera, “no funcionan al 100 %”. “Ellos trabajan mucho con obras, con lo que se construye ya que mucha madera se mete en cualquier obra. Pero hoy en día solamente se vende un poco de madera para hacer un cerco, una casilla y no mucho más”.

El comedor depende de la Secretaría de Desarrollo Humano de la municipalidad. Cañete recordó que, durante el cambio de gestión, el intendente Francisco Azcué dijo que los comedores que estaban en regla y trabajando como corresponde iban a seguir trabajando tal como venían. No obstante, en 2024, Cañete dijo que el subsecretario, Roberto Niez, comenzó a recortarle insumos al comedor sin argumentos válidos. Todo comenzó en una entrevista telefónica a un canal de televisión por cable, donde Cañete mencionó que el barrio había avanzado mucho con la gestión anterior. Desde ese momento, se redujeron las partidas.

la roca final
El lunes pasado, a pesar de la lluvia, en el comedor La Roca cocinaron para los vecinos de la zona.

Cinco kilos de carne en una olla de 100 litros

Cañete explicó que cuentan con una olla de 100 litros que sirve para 200 porciones. “Anteriormente le agregaban entre 15 y 18 purés de tomates para cocinar bien; en la gestión anterior esa gestión me entregaba 18 purés de tomate para cocinar dos días. O sea, para poner nueve purés de tomate en una olla de 100 litros”, indicó.

La leña, la sal, la grasa para la merienda y los restantes condimentos salen del bolsillo de Cañete, de su familia y de quienes se acercan con donaciones. “Tenemos vecinos que nos traen un bolsón de arroz, de fideos para que podamos variar un poco la comida”. En ese sentido, remarcó que, durante un mes y medio, solo le trajeron harina de maíz para cocinar polenta. “No entregaban fideos ni arroz. Ahora entregan arroz y harina de maíz, ya no entregan más fideos”, sostuvo.

Respecto de la carne, sostuvo que le entregan 5 kilos para una olla de 100 litros. Se trata de carne que viene con mucho sebo o grasa, que hay que limpiar. Y lo comparó con lo que consume su familia cuando hace un guiso: un kilo de carne en una olla de tres o cuatro litros. Por ende, remarcó: “esa cantidad no sirve, no alcanza”. En cuanto a la verdura, mencionó que es muy poca. “Nos están obligando a servir una comida muy mediocre como alimento”, mencionó. “Es más agua que otra cosa”, añadió.

Para el responsable, el ajuste en la mercadería apunta a que el comedor “vaya cerrando”. Cañete admitió que la economía del país venía mal desde hace mucho tiempo. “Si hay comedores es porque algo está faltando”. No obstante, remarcó que todo empeoró en 2025 y 2026. Y este comienzo de año “es muy malo”. “La pobreza avanzó un montón. Y se nota en la calle, acá en el barrio tenemos contenedores y hay mujeres con hijos chicos revolviendo en la basura. Podés plantearte si reciben la asignación del estado, pero con una canasta básica de $1.500.000 no podés alimentar a un pibe por $112.000 por mes”, dijo. La AUH (Asignación Universal por Hijo) comprende el pago de $132.000, pero, de bolsillo, son $106.000 y el 20% restante se cobra a fin de año con el certificado de cursado de estudios.

“Todos los días viene una familia nueva”

Gisela es la encargada del comedor comunitario del barrio San Pantaleón, en calle Diamante 2456, que funciona desde hace 11 años. Actualmente entrega 280 porciones a vecinos de esa zona (entre ellos 85 chicos) los lunes, miércoles y viernes. Pero ahora, además, vienen de barrios más alejados donde se cerraron otros comedores como Llamarada-Las Viñas, San Jorge, Cipo. “Tenemos una chica que se viene desde Los Pájaros”, debe atravesar varios barrios ya que se encuentra a casi 2 km de distancia. “Todo por un plato de comida”, admitió.

Hace un año, solo repartían 130. “Todos los días viene una familia nueva al comedor”, mencionó. Entre los concurrentes hay personas en situación de calle, adultos mayores, etc. No obstante, la mujer admitió que, a diferencia del año pasado, concurren familias que estaban en mejores condiciones económicas. En algunos casos, perdieron el trabajo como albañiles, emprendedores, etc.

Gisela remarcó que las partidas que reciben del municipio son escasas. “Cada vez la están reduciendo más”, expresó. El municipio envía diez kg de carne y nueve pollos para cocinar tres días, seis kilos de harina para hacer la merienda y seis litros de leche. Todo eso para una olla de 100 litros. En cuanto a verduras, por semana les entregan 15 kg de papa, 9 kg de cebolla, 6 kg de zanahoria y 4,5 kg de zapallo coreano.

Desde el comedor deben conseguir por cuenta propia la sal, los condimentos y hasta la leña (un camión al mes les cuesta $150.000) que antes era provista por el municipio. “Ahora dejaron de darnos la leña a los comedores y tenemos que comprarla nosotras”, manifestó.

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Al comedor del barrio San Pantaleón, acuden vecinos de diversos sectores de la zona noroeste.

Al mismo tiempo, la mujer sostuvo que reciben recursos provenientes de la campaña nacional “Ni Un Pibe con Hambre”. Se trata de una campaña solidaria nacional para poder abastecer de alimentos a espacios que trabajan el desarrollo integral de las infancias y sus familias en los barrios populares. “Gracias a eso se están sustentando hoy en día los comedores. Recibimos alimentos secos cada dos meses y no sabemos hasta cuándo va a seguir eso porque es un aporte que hace la gente”, mencionó.

La mujer recalcó que todo lo hicieron de corazón y que la única contraprestación que reciben es el plan Potenciar Trabajo, que ahora va a ser eliminado. “Nos gusta hacer lo que hacemos. Nosotros tratamos de hacer reír a las familias. Las personas que vienen por un plato de comida, que vienen pasándola mal, tratamos de devolverles una sonrisa”, sostuvo. “Te duele, te da impotencia que este municipio no esté viendo lo que está pasando”, añadió. La mujer recordó que el comedor comenzó a base de donaciones y seguirá así de ser necesario, si el municipio llega a dejar de enviar partidas. “Si tenemos que salir a golpear puertas para seguir ayudando, se seguirá haciendo”, indicó.

“La gente llora, me pide un paquete de harina”

Hace tres años comenzó a funcionar el comedor del barrio 9 de Julio, en calle Quintana 530. Rosa Mabel Ibarra, la responsable, sostuvo que todo se inició cuando se enteraron de que había un “comedor fantasma” en calle Perú al 400. Con los vecinos, fueron a pedirles que comenzara a entregar la comida. Pero la responsable les respondió que no tenía comedor a pesar de que en el municipio figuraba como tal. “Me indigna que se lucre con la necesidad de la gente”, aseveró.

La mujer manifestó que han llegado a asistir hasta 170 personas de lugares muy distantes como del asentamiento La Bianca, barrio Independencia, barrio Lezca y de otros más cercanos: Almirante Brown, Ex Aeroclub. Al principio venían desocupados. Pero, en 2024, notó un incremento de la cantidad de concurrentes. “Después era gente que se había quedado sin trabajo. Les daba vergüenza, decían ‘señora, es la primera vez que vengo a un comedor, pero es la única manera que les pueda dar de comer a mis chicos’”. También venían cosechadores de fruta que esperaban que comenzara la temporada, pero por cuestiones climáticas o por los conflictos en el sindicato no habían comenzado. “Es gente que se va a pescar, hace empanadas de pescado y tratan de salir adelante, pero no estamos para comprar nada”, dijo.

Ibarra sostuvo que a su comedor asistían chicos, jubilados y gente discapacitada. Pero hace poco dejó de funcionar. “Dejé de retirar la mercadería porque me daban polenta para tres días que yo daba de comer. Yo no puedo darle de comer esa comida: no son pollos para darles polenta, polenta y polenta”, remarcó. Por otra parte, aclaró que a ella no le sacaron el comedor. “Yo no tenía un comedor fantasma. Tengo pruebas de que yo tenía a la gente y ahora me viven golpeando la puerta”, indicó. Le piden una bolsa de harina para hacerles tortas fritas a los chicos. “No tienen comida, ni de dónde sacar”.

Por otra parte, la mujer sostuvo que ella debía hacerse cargo de los condimentos. Asimismo, tenía que hacerse cargo de los costos para ir a retirar la mercadería como la verdura y la carne. “Nosotros trabajamos ‘ad honorem’, no cobramos nada”, se sinceró.

Respecto de la carne, manifestó que venía en “muy mal estado”. Además de contener un alto porcentaje de grasa, traía “mucho olor”. “Llegaba congelada, abría la bolsa y traía mucho olor”, dijo. Debía hervirla tres o cuatro horas para que se pueda comer. “Yo no puedo darles eso de comer a la gente. Le llega a pasar algo y la responsable del comedor soy yo”, mencionó.

A su vez, explicó que solo le daban seis polentas para tres días. “Lo demás lo tengo que poner de mi bolsillo”, indicó. Ibarra es pensionada por discapacidad y también recibe una ayuda de su hijos. “Si no, estaría en la misma situación, recorriendo los comedores”, dijo.

Además, Ibarra manifestó que también eran permanentes los controles para saber cuántas personas asistían. Pero les pedían que se tomen varias horas para llenar planillas. Para la mujer, era una tarea sin sentido. “Si se paraban en la puerta y veían cuánta gente había; para cuántas personas llevaban, ¿para qué les iba a hacer la lista?”, se preguntó.

Ibarra indicó que actualmente está pensando en reabrir el comedor. Es que le siguen golpeando la puerta. “La gente llora, me pide si tengo un paquete de harina, de arroz”, indicó. Para ello, mencionó que solo debe avisar que volverá a retirar la mercadería. Pero no sabe qué insumos están entregando. “Hasta donde yo sé, hasta el aceite han sacado”, dijo.

Lo que más le impacta es que las autoridades municipales “no ven lo que está pasando” respecto de la necesidad de la gente. Ibarra dijo que hace poco cruzó a una nena de dos o tres años en la puerta de un cajero automático en el centro. “’¿Mabel qué haces acá?’”, le preguntó la menor. “Me conoce porque venía a buscar la comida con su papá. Ahora recorre la zona céntrica con su padre. “Ella está pidiendo en la calle cuando yo podría haberle dado un plato de comida”.

comedor 9 de julio
La responsable del comedor del barrio 9 de Julio dejó de cocinar debido a que solo le entregaban polenta pero piensa en reabrir por los permanentes pedidos de los vecinos.

 

2 comentarios

  • la gestión del RADICAL azcué festeja en cada jornada en la que un niño se va a dormir con hambre. Disfrutan ver sufrir al pueblo. Hasta los del PRO han demostrado más humanismo que estos nocheros

  • Germán R.

    A Azcue y el grupito que lo rodea no les interesa, en su mayoría son unos buscas que cuando llegaron siquiera eran propietarios.
    Están manoteando desaforadamente, basta con preguntar a los corralones de construcción y concesionarias de autos a quienes les venden últimamente.

Responder a NachoJP

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