POR: Naiara Galarraga Gortázar El País-España
La empleada doméstica fue explotada por tres generaciones de la misma familia, un caso raro, pero no único. Todavía se levantaba a las cuatro y media de la mañana para preparar desayunos y vestir a los niños para ir al colegio. La familia ha aceptado indemnizarla, pero como Maria vivía confinada sin contacto con su familia, seguirá con sus patrones mientras las autoridades encuentran a sus parientes.
La estadística nos indica que Maria sin duda era pobre, y muy probablemente, negra. Ese es el perfil de los más de seis millones de brasileñas que cuidan niños, cocinan, lavan, planchan o limpian en casas de familias ajenas a la suya. Conquistaron sus derechos laborales hace poco más de una década.
La víctima no manejaba dinero, no tenía cuenta bancaria, ni amigos. Jamás pisó la playa sola. “Vivía en una especie de prisión”, explicó la fiscal especializada en erradicación del trabajo esclavo doméstico Maria Neuzeli a la prensa local. “No sabía cómo moverse por la ciudad, temía la violencia allá fuera. Y como le daban ropa, comida y alojamiento, se sentía pagada por su trabajo”, añadió.
Los especialistas explican que, como la explotación comienza en la niñez, las víctimas ni siquiera son conscientes de la gravedad de la agresión. Además, no conocen más universo que ese hogar. La madre de Maria sirvió para la misma familia.
La familia acusada de mantenerla esclavizada es blanca y se apellida Brasil, un detalle con carga simbólica para un tipo de explotación considerado por los especialistas como un legado de la esclavitud, abolida aquí en 1888.
Los patrones actuales, tercera generación de los Brasil, han alcanzado un pacto con la fiscalía del trabajo por el que se comprometen a comprarle a la víctima un apartamento de 30.000 dólares (26.000 euros) “totalmente amueblado y con electrodomésticos”, dice la nota la nota del Ministerio Público del Trabajo, además de indemnizarla con otros 10.000 dólares (8.500 euros). “La firma de este acuerdo no excluye la posibilidad de que la trabajadora reclame derechos individuales mediante demandas judiciales”, añade.
Fue explotada durante 55 años por tres parejas de otras tantas generaciones formadas por dos jubilados, un abogado y una funcionaria y un veterinario y una segunda funcionaria. También son sospechosos de fraude, según el medio digital G1. El Ministerio Público del Trabajo, que la localizó, tiene indicios de que, además de no pagarla por su trabajo en la casa, se apropiaban de 115 dólares mensuales (100 euros) que Maria cobraba como ayuda contra la pobreza, el famoso Bolsa Familia.
La familia Brasil “niega rotundamente las acusaciones, que no reflejan la relación de convivencia, cuidado y afecto construida a lo largo de décadas con la señora implicada”, según un comunicado divulgado a través de un bufete de abogados. Maria llegó a sus vidas hacia 1971, el año que Kissinger visitó China, John Lennon escribió la canción Imagine y México acogió un primer Mundial de fútbol femenino.

A la conmoción generada por el caso, se suma el escándalo por la decisión de las autoridades de que Maria siga, por ahora, con la familia que la esclavizó durante 55 años. El fiscal Luciano Aragão Santos, coordinador nacional para la erradicación del trabajo esclavo, explica a este diario que los rescates en el ámbito doméstico “son aún más complejos” porque la víctima suele quedar también privada de su autonomía, con anulación de lazos familiares y sin acceso a la sanidad o la educación. Por eso, la salida “requiere un verdadero esfuerzo para la reinserción social de la víctima, el restablecimiento de los lazos familiares y la construcción de una vida autónoma y digna”.
La idea es que su dependencia de la familia explotadora es tan extrema que separarla de repente, sin una red de apoyo estructurada, podría hacerle más daño que bien.
Maria tiene una edad a la que los brasileños más acomodados están ya jubilados y, sean pobres o ricos, tienen preferencia en cualquier cola o para subir al avión.
El tradicional cuarto de la criada desaparece progresivamente en Brasil, pero los edificios con un ascensor social y otro de servicio —para empleadas domésticas, técnicos de visita, vecinos con perro o con la compra— siguen a la orden del día.
Este caso de gravísimas violaciones de derechos humanos salió a la luz gracias a una denuncia anónima, algo cada vez más frecuente porque la concienciación avanza. Y los testigos se animan más a denunciar. Las autoridades brasileñas rescataron en 2025 a más de 2.700 víctimas de trabajo en condiciones de esclavitud, dos tercios en ciudades.
Cada tanto, Brasil queda conmocionado con el rescate de una criada esclavizada durante décadas en el hogar de una familia en apariencia respetable. Cortados casi siempre por el mismo molde, difieren en los detalles.
El punto de inflexión fue el caso de Madalena Gordiano, cuyo rescate en 2021 tuvo enorme repercusión. Indemnizada por la familia acomodada que la esclavizó, se emancipó. Emprendió una nueva vida con nuevos amigos, chapuzones en el mar y clases de zumba que mostraba en redes sociales.


