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Guerra en Medio Oriente: ¿Apocalipsis Now?
Las posibilidades de una guerra en Oriente Medio y sus consecuencias se están discutiendo en estos momentos en Suiza, entre los enviados de Teherán, su canciller y altos jefes militares, y los enviados “todoterreno” de Donald Trump, Witckof y Jarehd Kusnher (yerno de Trump), sobre las posibilidades de llegar a un acuerdo y evitar un conflicto de imprevisibles consecuencias.

Partamos de un principio: ni EEUU ni Irán quieren la guerra. El que la promueve es Israel, que además le impone las condiciones para un acuerdo, decisiones sobre las políticas soberanas de Irán, de cómo defenderse en caso de un ataque conjunto de EEUU y el Estado judío. Va de suyo, y no hay que ser un experto en geopolítica internacional para comprender que las imposiciones de Israel sobre Trump en la mesa de negociaciones son casi imposibles de aceptar.
La primera es que la República Islámica renuncie al enriquecimiento de uranio a niveles casi cero, con una certificación por parte de la CIEA (Comisión Internacional de Energía Atómica).
En segundo lugar, que renuncie al plan de fabricación de misiles supersónicos con capacidades de más de 300 km.
Y tercero, que renuncie a proveer apoyo logístico a los enemigos “proxy” de Israel, como Hezbolá en Líbano, a los hutíes de Yemen con capacidades misilísticas comprobadas. Cualquiera con un mínimo de razonamiento llegaría a la conclusión de que pedirle al enemigo que vaya a una guerra pero que no lleve su principal armamento escapa a todo razonamiento. Lo más probable es que se busque en la negativa de Irán un pretexto para iniciar un conflicto, como lo demuestra la historia tanto de los EEUU como de Israel: el fabricar excusas para legitimarse.
La pregunta es: ¿por qué no le conviene a Trump una guerra con Irán? ¿No es un enemigo que amenace la existencia de EEUU como Nación? Una guerra, si no es rápida en cuestión de días, aparte de ser cara, es muy riesgosa: se pueden perder muchas unidades navales norteamericanas con la muerte de soldados en los portaaviones y destructores que desde agosto del año pasado han estado en el mar con el sitio a Venezuela y ahora en el Golfo Pérsico, y eso mina en demasía la moral de los soldados. Aparte, Trump debe solicitar la aprobación del Congreso para iniciar una guerra. Y tiene mucho que perder si no sucede como lo han planificado, porque se juega su futuro político en las próximas elecciones de medio término. Y si le sumamos los conflictos internos con la Justicia, que lo tiene acorralado, algo muy trascendental: las maniobras de extorsión del lobby israelí en el Congreso y dentro de los grandes aportantes para su campaña electoral. Y el manejo de los archivos del pederasta Jefrey Epsteun, donde Trump está profundamente involucrado y pretende desviar la atención ahora con la aparición de archivos del FBI con la existencia de platos voladores.
Otra cosa importante es que Rusia acaba de entregarle a Irán un plan de ataque de EEUU obtenido por sus servicios de inteligencia. Y lo que contiene ese plan es tan específico como alarmante que puede cambiar el marco estratégico de la guerra: los yanquis han posicionado 400 misiles Tomahawk en sus buques de guerra y con sub.
La saturación del Golfo Pérsico con un tercio de la otrora flota imperial, a modo de extorsión, pretende ser un mecanismo de disuasión, con un número muy importante de aviones de combate situados en las bases de EEUU en países de las monarquías musulmanas. Pero lo que ignoran tanto EEUU como Israel es cuál es la ayuda militar que le han proporcionado a Irán tanto China, con superradares de alta resolución capaces de detectar un misil o avión enemigo a 600 k de distancia, e Irán cuenta con el tiempo en segundos de ejecutar la intercepción.
Por su parte, tanto China como Rusia han firmado un acuerdo de cooperación estratégica económico-militar con Irán por los próximos 20 años. De tal manera, si en junio de 2025, en la llamada Guerra de los 12 Días, Netanyahu fue corriendo a pedirle a Trump que pidiera el alto el fuego porque los misiles iraníes, que eran menos potentes que los que posee ahora, habían atravesado la “Cúpula de Hierro” y causado destrozos que se apresuraron a ocultar, podrían imaginar ahora con esa capacidad potenciada por Rusia y China.
¿Y por qué Rusia y China se involucran en este conflicto? Porque Irán está en una posición geopolítica territorial donde discurre todo el comercio que va y viene desde Asia por el Cáucaso y la famosa Ruta de la Seda. Además, Irán le paga a China su ayuda militar tecnológica con petróleo. Rusia ha sido proveedor de cuatro reactores nucleares con ingenieros y profesionales para el abastecimiento de energía tanto para la industria iraní como para la población.
En esta confrontación se pone en juego un proyecto político-territorial: es que tanto Irán como Palestina y Hezbolá son los únicos que se oponen a la construcción sionista-israelí del Gran Israel. Todos los otros países musulmanes forman parte del imperio yanqui; por lo tanto, no harán ningún movimiento para impedir esa guerra contra Irán, porque son de naturaleza musulmana sunita e Irán es una Nación chiita, heredera de Ciro el Grande, de genética guerrera, que hace décadas sufre el hostigamiento de EEUU por haber depuesto al Sha de Persia, que era un mascarón de proa entregando el petróleo a las compañías de EEUU. Eso los yanquis no se lo perdonan.
El imperialismo ha poblado el Golfo Pérsico de navíos de toda clase, junto a decenas de aviones bombarderos en las bases adyacentes, junto a aviones tanque de aprovisionamiento en el aire, porque los cazas tienen una autonomía corta de vuelo debido a las distancias. Rusia ha proporcionado a Irán una información vital sobre el plan de ataque de los EEUU para cuando este se produzca. Este consta de la instalación de 400 misiles Tomahawk en cruceros y portaaviones, además de submarinos nucleares, sin contar más de 200 cazas de EEUU F35, F32, junto a los de Israel, incluyendo los F16 y los F18 de los portaaviones que deberían actuar en forma sincronizada.
Esto significa un tremendo problema de contraespionaje al conocer los altos mandos iraníes, junto a la capacidad de radares chinos, que conocerán las coordenadas de ataques del enemigo. Lo que hizo Rusia es entregarle un mapa para sobrevivir al ataque inicial, conociendo el camino en tan poco espacio para tamaña concentración bélica.
Lo que tiene de apasionante la geopolítica es que a cada momento se producen novedades que alteran el escenario. Muchos se preguntan por qué EEUU no realiza el ataque a Irán si tiene el mayor despliegue de sus fuerzas armadas en el Golfo Pérsico. Pues que les faltan los bombarderos estratégicos que están en la isla Diego García, que es una base del Reino Unido, y este no les permite usarla en la guerra con Irán, por dos razones: primero, porque si es cómplice a los ojos de Irán por el ataque se expone a una represalia de Irán, y además el cierre del Estrecho de Ormuz elevaría el precio del petróleo que EEUU se lo vende a tres veces más caro. Y otra razón es que el premier británico no le perdona que su Gobierno haya puesto en los archivos de Epstein la figura del príncipe Andrés como cliente del pederasta y la del embajador del Reino Unido en ejercicio, Mandelson, obligado a renunciar.
Es que la venganza, tanto en la vida como en la geopolítica, es un plato que se sirve frío y sin aviso.
La idea de asesinar al ayatollah Jemeini es una obsesión de Netanyahu, que solo piensa en asesinar a cuanto se oponga a sus planes siniestros y utiliza a EEUU como caballo de Troya para cumplir sus propósitos.
Pero como en geopolítica internacional no figuran ni los sentimientos ni el SENTIDO DE LA RAZÓN, es que a veces el fundamentalismo ideológico, religioso y la pretensión de dar continuidad a un sentido hegemónico de la Historia, basado en un falso concepto de supremacía racista de un pueblo elegido por Dios, hace que en nombre de la Libertad y de la Civilización se cometan los crímenes más horrendos, encubiertos como nunca por una narrativa de los medios periodísticos de todo el mundo, salvo excepciones, que da vergüenza ajena.
