Acorralado por la brusca baja en las encuestas, una economía que no termina de arrancar pese a los mentirosos datos oficiales y la cobertura mediática de una prensa obscena, el Presidente ordenó una cadena nacional para contar que se ha erguido como el principal factótum en la empresa destinada a la recuperación de las Islas Malvinas.
Nunca se niega un poco de demagogia a ningún político, ya que es casi un combustible preferido para satisfacer las ilusiones de un pueblo que hace tiempo vive de ilusiones frustradas, pero no consigue la maduración suficiente para separar la «paja del trigo» y desarrollar un espíritu crítico que le permita visualizar la realidad.
Pero Milei no es el primero que utilizó esa estrategia para congraciarse con un pueblo que hace rato le empezó a dar la espalda por la política criminal que no hace diferencia entre ancianos, jubilados, discapacitados, niños, docencia, en fin, todos los órdenes de los cuales se nutre una sociedad normal y mediante justa.
Carlos Saúl Menem fue uno de los presidentes más entreguistas de la historia nacional. Pero eso no lo privó de hacer demagogia de la recuperación de las Islas Malvinas. Por eso hoy Milei se sube a esa ola en un mal momento político y alentado por Donald Trump, que ve una oportunidad de aprovechar el vasallaje a ultranza de Javier y así poder acceder a una base en un punto geoestratégico como lo es el Estrecho de Magallanes y, además, interferir cualquier pretensión de China en una última instancia.
Recordemos que fue hasta ese momento y, en el marco del Consenso de Washington, avanzó con privatizaciones masivas de empresas estatales, apertura comercial en forma indiscriminada, desregulación y un fuerte proceso de endeudamiento. Acuérdense que YPF, Aerolíneas Argentinas, ENTEL, Ferrocarriles Argentinos y las empresas de servicios públicos fueron vendidas o concesionadas en condiciones muy favorables para grandes grupos económicos, tanto nacionales como extranjeros.
O sea, como lo fue también el macrismo y ahora Milei, no se trata de simplemente un programa de «reformas económicas», sino de transferencia del patrimonio y recursos nacionales del Estado hacia el capital privado.
Estos tres tienen una característica: «son el mismo estiércol, con distinto olor».
Para ellos, los tres presidentes no se reduce a una alineación diplomática: es una combinación entre subordinación política a los EE. UU. y apertura económica del capital extranjero. Ningún entreguista proimperialista se priva de hacer demagogia con Malvinas cuando les conviene.
No hay que dejarse embaucar. «La seguridad hemisférica» que pregona Donald Trump, inventando enemigos por todos lados, impulsa la entrega de la soberanía por parte de gobiernos rastreros en América Latina y que encontró en Javier Milei el tartufo ideal para permanecer en las sombras para ocultar sus reales intenciones. Los acuerdos de «cooperación» creados en Washington ponen sus ojos sobre el estratégico territorio austral. Es totalmente falso que de la mano de invasores (G;BRETAÑA), guerreristas (EE. UU.) y saqueadores (Israel) no puede haber seguridad de ninguna índole.
El acto demagógico y mentiroso de Milei por cadena nacional fue un claro ejemplo de homenaje de la Libertad Avanza hacia su «patrón», EE. UU., sobre todo en el marco del reforzamiento de la «alianza libertaria» en el rumbo económico y geopolítico.
Hay que recordar que el 4 de abril de 2024, Javier Milei y su gabinete hicieron un acto en la Base Naval que Argentina tiene en Ushuaia. Ese evento fue transmitido por las redes oficiales.
Aquella noche había dos invitados especiales: el entonces embajador Marc Stanley, máximo diplomático de la era de Joe Biden, y la entonces jefa del Comando Sur, la soberbia Laura Richardson, quien había arribado al país un día antes.
Esa noche gélida, el «Javo» dijo: «Estamos aquí para ratificar nuestro esfuerzo en el desarrollo de nuestra base naval integrada». ¿Integrada con quién? Pues, lógicamente, con EE. UU. Él lo confirmó cuando dijo: «un gran centro logístico que constituirá el puerto de desarrollo más cercano a la Antártida y convertirá a nuestro país en la puerta de entrada al continente blanco. Este es el mejor recurso para defender nuestra soberanía (¡glup!) y abordar de forma exitosa es reforzar nuestra alianza estratégica con EE. UU.».
-Primer acto de la entrega sin pasar por el Congreso.
Siete meses después de aquel acto en Tierra del Fuego, la generala Laura Richardson fue reemplazada. El triunfo de Trump sobre Biden llevó a la Jefatura del Comando Sur al almirante Alvin Hosley, que un año después le cedió el puesto al teniente general Evan Petrus, sustituido a su vez por el general Francis Donovan.
La demagogia y el doble discurso son patrimonio del mileísmo, aun antes de que llegara a la Casa Rosada.
Entre mediados y fines del siglo XX, la «seguridad hemisférica» justificaba la disputa geográfica y la represión a las insurgencias obreras y populares de América Latina por parte de las Fuerzas Armadas reclutadas para la Doctrina de Seguridad Nacional.
Hoy, sin la U.R.S.S. y habiendo implementado a sangre y fuego los planes neoliberales en buena parte de la región, el imperialismo yanqui en decadencia usa a la «seguridad hemisférica» para renovar y justificar su intervencionismo. Justificado en las nuevas «amenazas» (narcotráfico, crimen organizado, migración, «terrorismo») y necesitado de acaparar más mercados por la disputa con China, apela a los saqueos de bienes naturales comunes, control de infraestructuras y rutas oceánicas.
Por eso, tras sus fracasos en Medio Oriente, a través de los acuerdos y compromisos con los gobiernos democráticos de ultraderecha. Lógicamente, Javier Milei está dispuesto a servir a su «patrón natural» y émulo por excelencia.
Está más que claro que entre Milei y Trump hay un fuerte acuerdo de cooperación, o mejor dicho, de sumisión fáctica de Argentina al imperialismo yanqui.
En julio del año pasado visitó nuestro país Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Interior de EE. UU., que descarga su furia xenófoba contra miles de migrantes latinoamericanos. En reunión con Patricia Bullrich (tal para cual), visitó los cuarteles de Campo de Mayo. (¿Será la nueva cárcel de los inmigrantes?). Pero la subordinación proseguía sin pausa.
Tres meses después, el Gobierno firmó dos acuerdos con el FBI. Uno para intercambio de información, asistencia técnica y «cooperación operativa», donde pusieron la firma autoridades de la SIDE y del Ministerio de Seguridad. El otro para capacitación en la Policía Federal, firmado por Bullrich y jerarcas de ese cuerpo. (¿Será como los métodos argelinos aprendidos por la dictadura?).
Hace menos de un mes, como parte de la misma política de sumisión, el Gobierno de Milei organizó en Bs. As. la 40.ª Conferencia Internacional de la Agencia Antidroga de EE. UU., organismo repudiado en los mismos EE. UU.
En el terreno militar, operativiza diversos ejercicios conjuntos con fuerzas especiales de nuestros militares con los de EE. UU.
Como ven, el grado de sumisión es absoluto y no tardaremos en darnos cuenta de la pérdida de identidad nacional, porque el falso discurso de este oxímoron vestido con traje de presidente nos situará en una circunstancia histórica que lamentaremos durante muchas generaciones.
Roger Water, el líder de Pink Floyd, dio con la denominación justa: Sr. Presidente de los EE. UU., ustedes son un país de «gánster». Cuánta verdad en tan pocas palabras.
Fuente: Opinión

