La escuela nunca fue ni será un espacio neutro, porque todos venimos con un bagaje. Lo preocupante es que esto sirve como argumento para generalizar sobre el adoctrinamiento y la ideología en las aulas.
Lo político-social siempre tiene lugar en las aulas y muchas veces puede dar lugar a discusiones, o ¿los contenidos en esas apreciaciones deben ser originados? Esto obliga al responsable del aula a producir un acto pedagógico a partir del debate. El debate es un contrato áulico que no debe ser viciado por la falta de respeto.
Efectivamente, las escuelas adoctrinan en un montón de cosas, como, por ejemplo, en que la democracia es el mejor sistema para convivir que, entre otras razones, permitió votar a un anarcocapitalista que vino a destruir el Estado.
Adoctrina promover la capacidad de los chicos para cultivar la razón y el pensamiento crítico para tomar decisiones informadas y racionales que contribuyan a una sociedad más justa y equitativa. Adoctrina para democratizar el conocimiento. Para garantizar la protección de los derechos fundamentales de los chicos, especialmente en el ámbito educativo, frente a prácticas que puedan vulnerar su dignidad, libertad y desarrollo integral.
También enseña los peligros que acarrea el odio colectivo. Muestra a los chicos lo que la desigualdad social produce. Adoctrina fundamentalmente a no faltar el respeto a los que piensan distinto. Los anarcocapitalistas no soportan que la escuela es un espacio de discusión y de toma de decisión, donde la tarea del docente es enseñar a debatir.
Las expresiones del jueves pasado en una de las escuelas más grandes de la comunidad judía en el país, en el marco de los festejos por el 90.º aniversario de ORT Argentina para hablarle sobre “moral como política de Estado”. Allí Milei mostró el germen de la intolerancia y la violencia, que es el lado oscuro de sus convicciones morales.
Frente a alumnos de 15, 16 años en su mayoría, dijo que el capitalismo “es el sistema que Dios preparó a través de la ley para que después de la caída del hombre que estaba en el Edén, genere prosperidad y se pueda traer el paraíso a la Tierra”.
También les explicaba que Karl Marx era “satanista” y que “en la Torá, en el Antiguo Testamento, existen condenas satánicas a quienes tienen pensamientos marxistas”. En cambio, “el capitalismo es un programa de Dios, que trae abundancia y armonía espiritual y esto está escrito en los Diez Mandamientos”.
El problema no es Marx, lo que Milei les estaba inculcando a los chicos: que el que piensa distinto es MALO porque “Satanás” es la representación del mal. Por eso hay que ser violentos con “el intento ambicioso y devastador para reemplazar el orden divino por el orden humano, porque el resultado siempre es el mismo: infierno en la Tierra”, les explicaba.
Estos conceptos, según les contó a los adolescentes, son parte de “Capitalismo, la divina maquinaria del paraíso”, título del epílogo de su nuevo libro, “La moral como política de Estado”.
Lo espantable es que el presidente que difunde y defiende discursos de odio pueda utilizar un espacio educativo para explayarse sobre la “divina maquinaria capitalista” y el marxismo “satánico” de quienes piensan distinto, o en convocar a abuchear a los periodistas.
En su arenga les aseguró a los alumnos que la construcción de las políticas públicas que su gobierno aplica se basa “en la ética y la moral y se asienta en filosofía griega, el derecho romano, perspectiva de los estoicos y los valores judeocristianos”, que lo conversaba largas horas con Alejandro Fantino.
Les advertía a los chicos que “cuando las políticas están alineadas con esos valores, ustedes tienen armonía entre lo material y lo espiritual y, por ende, prosperan. Y si ustedes prosperan, los réditos políticos son claros, lo van a acompañar en las urnas”.
Pensando en el 2027, hacía notar: “No hay tercer camino, es kirchnerismo y libertarios, no se dejen engañar o eligen el bien o eligen el mal. Si elegimos el bien, prosperamos. Elegimos el mal, nos hundimos. No hay mucho más que hacer. Está todo dentro de nuestras manos”, afirmó.
Al escuchar la perorata del presidente, me imaginé como profesor de esos chicos, cómo desarrollar las ideas de Carl Marx como filósofo, economista y sociólogo en el aula sin que algún alumno me diga: “No, profesor, no me hable de ese satánico”.
Marx no es solo conocido por sus teorías políticas y económicas, sino también por su visión de la educación. Para este autor, la educación debía ser libre frente a la religión y la política; de esa manera, servirá para desarrollar su capacidad crítica para no ser controlado.
Lamentablemente, este anarcocapitalista no está loco, lo que proponía en esa charla es que no hay que confundir educación con escolaridad. Claramente, es partidario de combatir la escolaridad porque es una herramienta del Estado populista para adoctrinar con ideas colectivistas a niños y jóvenes.
Por lo tanto, la primera tarea es apartar al Estado de la educación. La educación, para la escuela austríaca, es una responsabilidad indelegable de las familias que deben adquirir, de acuerdo con su capacidad de consumo, igual que cualquier otro bien que se distribuye en el mercado.
¿Dónde llegamos los argentinos para que nos gobiernen los hermanos Milei?


