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OPINIÓN: sobre impuestos, riquezas y pobrezas

Nuestro país necesita una reforma tributaria integral, no solo para aumentar el volumen de recaudación, sino en una readecuación de la base imponible. En Argentina, a diferencia de los países más desarrollados, proporcionalmente, los pobres pagan más que los ricos.

Por: Nestor Loggio

2 julio, 2026

5:50 pm

Habitualmente escuchamos a los grandes empresarios (verdaderos dueños de la Argentina) decir,  “Argentina tiene que bajar los impuestos”, cantinela repetida hasta el hartazgo por periodistas que defienden los interés de los más ricos, y por políticos que también defienden esos intereses.

¿Cuál es la verdad de la milanesa? Miremos un poco como es la presión tributaria,  en relación al PBI, en nuestro país, y  en países más desarrollados que nosotros.

En Argentina la presión tributaria es de alrededor del 28 % del PBI, en Francia es del 45,4, en los países nórdicos, Finlandia, Dinamarca, Noruega y Suecia, es de alrededor del 45%,  en Italia es del 41,5 %, en Alemania es del 40,1 %, en España es del 37.3 %, en el Reino Unido es del 35.3%, en Canadá es del 34.8%, en Brasil es del 33.3%.

¿Qué pasa allá?, ¿gobernara el peronismo en esas geografías?,  claro que no, solo que en esos países se financia  el desarrollo de la ciencia y la técnica, la inversión educativa en todos sus niveles, la salud pública, el desarrollo económico, con impuestos progresivos, sobre  quienes tienen más recursos, y de esa manera lograr sociedades más desarrolladas y justas.

Dice el Foro Economía y Trabajo en su último informe,  “los impuestos deben ser  progresivos, redistributivos, federales, productivistas, eficientes y soberanos. Debe gravar con mayor intensidad la capacidad contributiva real, la riqueza concentrada, la renta concentrada, la renta extraordinaria y la apropiación privada de ventajas que no derivan del esfuerzo productivo ordinario, sino de posiciones dominantes, recursos naturales, coyunturas externas o marcos regulatorios favorables, y al mismo tiempo, debe aliviar la carga que hoy pesa sobre los salarios, el consumo popular, pequeñas unidades productivas y sectores que invierten, producen y generan empleo formal”.

Aproximadamente el 70% de la recaudación se origina en impuestos indirectos, que luego son trasladados a precios de bienes y servicios, mientras que solo el 30% descansa en impuestos directos al capital y las ganancias. Desde que asumió,  Milei no hizo más que aumentar esa brecha, bajando los impuestos a los bienes personales, generando exenciones a las grandes compañías, con el RIGI y el súper RIGI. Solamente en el año 2025 el empresario Galperin (el hombre más rico del país) tuvo exenciones fiscales de cerca de 100 millones de dólares, utilizando una ley obsoleta de promoción de la economía del conocimiento,  que nació para fomentar las pymes del sector, y que hoy no hace más que transferir riquezas hacia los más ricos.

Urge recuperar un proyecto de país que este pensado en las mayorías. Perdemos permanentemente empleo formal, se cierran Pymes, el verdadero motor del empleo y de la movilidad social ascendente, se cae a pedazos la industria nacional.  No existe país en el mundo que logre el desarrollo si no es con base científico-tecnológica (recomiendo leer el libro “Retirar la escalera”,  del sur coreano Ha Joon Chang, docente en la Universidad de Cambridge).

El modelo extractivista, de concentración de la riqueza,  es para que viva bien el 20% de la población. Esa experiencia ya la vivimos, con Martínez de Hoz, con  Menem, con Macri.

El desarrollo con inclusión debe tener como base el equilibrio fiscal (como nos enseñó en su gobierno Néstor Kirchner), y promover las exportaciones, que nos permiten ingresar dólares  (la recuperación de YPF, en el gobierno de CFK, es la plataforma nodal de esa estrategia), pero si no va atada a un programa de desarrollo de proveedores locales, que impulsen la creación de Pymes, nuestro norte será Perú o Nigeria, riqueza hiper concentrada y pobreza mayoritaria.

Los mejores años de nuestro pueblo fueron aquellos donde el motor del crecimiento fue el mercado interno (que representa el 70% del PBI), y para ello debe haber más empleo y buenos salarios, recuperar el círculo virtuoso de inversión, consumo, más inversión. Ello es posible, solo necesitamos recuperar el gobierno con dirigentes creíbles, y fuertes convicciones, pero eso será motivo de una próxima nota.

 

 

 

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