De cara a las elecciones municipales de 2027, Álvaro Sierra, contador público, especialista en finanzas y presidente de Compromiso por Concordia, sostiene que la ciudad necesita una transformación que va más allá de las propuestas de cada candidato o partido. Su diagnóstico apunta a una forma de ejercer el poder que, a su entender, se repite gestión tras gestión: decisiones concentradas en el intendente, escasa participación de los vecinos y proyectos que comienzan y terminan con cada administración.
En diálogo con DIARIOJUNIO, Sierra cuestionó lo que definió como un modelo de “patrón de estancia” y planteó que la primera política pública de un eventual gobierno suyo sería modificar esa relación entre el Municipio y la sociedad. La propuesta incluye un esquema de Municipio Abierto, mecanismos permanentes de participación y un plan estratégico de desarrollo denominado Concordia 2056.
Pero la discusión excede la incorporación de herramientas de gestión. Si el problema es una cultura política que concentra las decisiones en una sola persona, la cuestión es cómo evitar que un nuevo intendente termine reproduciendo las mismas prácticas que hoy cuestiona.
—Usted dice que Concordia necesita cambiar la forma de gobernar y no solamente cambiar de intendente. ¿Está diciendo que los distintos gobiernos, más allá de sus diferencias partidarias, terminaron reproduciendo una misma manera de ejercer el poder?
—Sí. En Concordia seguimos teniendo un modelo de patrón de estancia, donde el intendente se cree dueño del Municipio y decide prácticamente todas las políticas públicas sin la participación de los vecinos. Cambian los gobiernos, cambian los partidos y los colores políticos, pero la forma de gobernar sigue siendo la misma. Y los grandes problemas de Concordia también siguen siendo los mismos.
— Cuando habla de un patrón de estancia, ¿se refiere a una forma de administrar, a una concepción de la autoridad o a una relación de subordinación entre el intendente y el resto de las instituciones?
—Me refiero a una forma de ejercer el poder en la que las decisiones dependen demasiado de la voluntad de una persona. Hay decisiones trascendentales que comprometen el futuro de la ciudad durante décadas y no pueden depender exclusivamente de la voluntad de un intendente. Necesitan debate, participación y consenso social. Al intendente lo elegimos para que administre, conduzca y represente a la ciudad, no para que se considere su dueño ni decida por todos nosotros.
—Pero los intendentes son elegidos por el voto popular y tienen facultades para tomar decisiones. ¿En qué momento la conducción política se convierte en personalismo? ¿Quién establece ese límite?
—No se trata de desconocer las facultades y responsabilidades de las autoridades electas. Se trata de entender que la democracia del siglo XXI exige otra relación entre el Estado y la sociedad. Gobernar no es imponer decisiones desde un escritorio. Gobernar también es escuchar, convocar, construir acuerdos y rendir cuentas.
—El problema es que escuchar no es lo mismo que permitir que la ciudadanía incida. Un intendente puede convocar reuniones, recibir instituciones y después hacer exactamente lo que tenía previsto. ¿Qué tendría que cambiar para que la participación no sea una escenografía?
—No queremos que la participación ciudadana quede en un discurso o dependa de la buena voluntad del intendente de turno. Estamos trabajando para incorporar a nuestra plataforma de gobierno un sistema de participación con procedimientos claros, regulados y permanentes, que establezca cómo intervienen los vecinos y las instituciones en las principales decisiones municipales. Nuestro primer compromiso es que la participación deje de ser una promesa y se convierta en una forma institucional de gobernar.
—Su planteo supone una crítica al personalismo de los gobiernos anteriores y del actual, pero también compromete a su propio espacio. Si Compromiso por Concordia llegara a gobernar, ¿qué mecanismos concretos impedirían que usted o quién sea terminara decidiendo de la misma manera que los intendentes a los que cuestiona?
—La idea es construir un modelo de Municipio Abierto, con participación permanente de los vecinos, las instituciones, las universidades, los gremios, los colegios profesionales, los sectores productivos y también las distintas fuerzas políticas de la oposición. Concordia necesita un intendente que convoque, que escuche y que sea capaz de sentar en una misma mesa a quienes piensan diferente. Los problemas de la ciudad no tienen dueño partidario y las soluciones tampoco deberían tenerlo.
—Eso describe una voluntad política, pero todavía no responde cómo se limita el poder. ¿Está dispuesto a establecer por ordenanza mecanismos obligatorios de consulta, instancias públicas de rendición de cuentas y procedimientos que no pueda modificar discrecionalmente el intendente?
—Estamos trabajando en mecanismos concretos para llevar este modelo a la práctica. Queremos que los procedimientos sean claros, regulados y permanentes, y que la participación no dependa de la voluntad de quien gobierne.
—¿Y qué pasaría si una consulta ciudadana contradice una decisión que usted considera conveniente para la ciudad? ¿Estaría dispuesto a revisar su posición o la participación tendría un límite cuando la opinión de los vecinos no coincida con la del Ejecutivo?
—Gobernar también es escuchar, convocar, construir acuerdos y rendir cuentas. No se trata de que todo lo realizado anteriormente esté mal, sino de cambiar la relación entre el Estado y la sociedad. Las decisiones trascendentales necesitan debate, participación y consenso social.
—En otras palabras, ¿su propuesta apunta a compartir el poder o solamente a consultar antes de tomar decisiones?
—El desafío de Concordia no es encontrar otro intendente que decida por todos. Es construir un gobierno capaz de decidir con todos.
Transparencia: ¿un problema de herramientas o de voluntad política?
—Usted señala que Concordia retrocedió del tercer al decimosexto puesto nacional entre 2022 y 2024 en el Índice de Transparencia en Administraciones Municipales de la Fundación Mediterránea. ¿Qué información considera que el Municipio no está publicando o no permite controlar adecuadamente?
—Tenemos que recuperar inmediatamente el terreno perdido en transparencia y avanzar hacia un modelo de gestión pública que adopte los más altos estándares internacionales en la materia, incorporando mecanismos e indicadores objetivos que permitan medir, evaluar y controlar permanentemente la transparencia municipal.
—Pero si las herramientas tecnológicas ya existen, como usted sostiene, ¿por qué los gobiernos no las utilizan de manera suficiente? ¿Falta capacidad técnica o hay decisiones políticas que se resisten a exponer la gestión al control ciudadano?
—Hoy la tecnología permite consultar a los vecinos, conocer las prioridades, controlar las obras y el destino de los recursos públicos. Se puede fortalecer el Presupuesto Participativo y establecer consultas ciudadanas. No faltan herramientas: falta una decisión política de abrir el gobierno a la sociedad y someter su gestión al control ciudadano.
—Cuando habla de controlar el destino de los recursos públicos, ¿su propuesta contempla que cualquier vecino pueda seguir el recorrido de una obra desde la licitación hasta el pago final, conocer sus modificaciones y verificar si se cumplió lo contratado?
—Tenemos que avanzar hacia un modelo que incorpore indicadores objetivos y permita medir, evaluar y controlar permanentemente la transparencia municipal. Ese es el sentido de la propuesta de Municipio Abierto.
—¿Y publicaría también la información que pudiera resultar políticamente incómoda para su propia administración, incluidos los errores de gestión, los incumplimientos de contratistas o las observaciones de los organismos de control?
—La rendición de cuentas tiene que formar parte de la manera de gobernar. No puede depender de la voluntad de un intendente de turno.
“¿Por qué Concordia cambia de gobierno, pero no logra resolver sus problemas?”
—Concordia tiene recursos naturales, producción, comercio, turismo y una ubicación estratégica. Sin embargo, usted reconoce que arrastra problemas estructurales desde hace décadas. ¿Cuánto de esa situación atribuye a la falta de planificación y cuánto a decisiones concretas de los gobiernos que administraron la ciudad y donde usted fue un importante funcionario técnico?
—Todos conocemos el potencial de nuestra ciudad: sus recursos naturales, su ubicación estratégica, el comercio, la producción, el turismo y su patrimonio cultural. ¿Por qué, teniendo tantas oportunidades, Concordia continúa sin resolver sus problemas estructurales? Para mí, parte de la respuesta está en la ausencia de una planificación estratégica sostenida y construida con participación social.
—La falta de planificación es una explicación posible, pero también puede convertirse en una forma de evitar responsabilidades. ¿Qué decisiones equivocadas de las distintas gestiones considera que explican los problemas que hoy tiene Concordia?
—No podemos seguir teniendo proyectos de ciudad que empiezan y terminan con cada intendente. Por eso estamos trabajando en Concordia 2056, una visión estratégica de desarrollo a 30 años, que será uno de los ejes centrales de nuestra plataforma de gobierno para 2027 y que pondremos a consideración de los concordienses. Necesitamos definir entre todos qué ciudad queremos construir y sostener ese rumbo más allá de los gobiernos.
—Treinta años es un horizonte extenso para una ciudad que necesita resolver problemas inmediatos. ¿Cómo se evita que Concordia 2056 se convierta en otro documento de buenas intenciones como el «Pacto de Julio», presentado durante una campaña y archivado cuando cambien las prioridades políticas?
—La idea es que sea una planificación construida entre todos y que su rumbo pueda sostenerse más allá de los gobiernos. No podemos seguir empezando de cero cada vez que cambia un intendente. Estamos trabajando en la propuesta para incorporarla a nuestra plataforma de gobierno y ponerla a consideración de los concordienses. La planificación tiene que ser una construcción colectiva, no el proyecto personal de quien ocupa la intendencia.
Parque Ferré, las ciclovías y la Peatonal: ¿quién decide qué necesita la ciudad?
—Antes de comenzar la entrevista, usted puso como ejemplo positivo la recuperación del Parque Ferré, donde participaron vecinos, escuelas, instituciones religiosas y organizaciones barriales. También mencionó las ciclovías y el intento de ampliar la Peatonal como ejemplos de proyectos que generaron rechazo. ¿La diferencia estuvo en la calidad de las obras o en la manera en que se tomaron las decisiones?
—Cuando se escucha a la gente, los proyectos mejoran. El Parque Ferré es una demostración concreta de que la participación funciona y puede ser reconocida incluso más allá de las diferencias políticas. En cambio, las ciclovías ejecutadas en una gestión anterior siguen generando controversias, y el reciente intento de ampliar la Peatonal terminó con la anulación de la licitación después del rechazo de comerciantes. Son ejemplos de lo que ocurre cuando se avanza con proyectos sin haber construido previamente los consensos necesarios con quienes van a convivir con esas decisiones.
—En el caso de la Peatonal, la oposición de los comerciantes tuvo un peso importante. Pero ¿cómo se evita que la participación termine reducida a escuchar al sector que tiene mayor capacidad para presionar? ¿Qué lugar ocupan los vecinos que no tienen una cámara empresaria o una organización que hable por ellos?
—Por eso proponemos un modelo que convoque no solamente a los sectores productivos, sino también a vecinos, instituciones, universidades, gremios, colegios profesionales y organizaciones sociales. Las decisiones deben construirse con una participación amplia y no depender de un único sector.
—¿Quién define qué voces son escuchadas y cuáles quedan afuera? Porque un Municipio puede convocar a una mesa de diálogo y, aun así, seleccionar a los interlocutores que le resultan más cómodos.
—La participación tiene que contar con procedimientos claros, regulados y permanentes. No puede quedar librada a la buena voluntad de quien gobierna.
La oposición, los partidos y las decisiones que comprometen el futuro
—Usted propone convocar a las fuerzas políticas de la oposición. En la práctica, los oficialismos suelen interpretar las críticas como obstáculos y las oposiciones suelen rechazar las iniciativas del gobierno. ¿Qué estaría dispuesto a compartir con otros espacios políticos, incluso con aquellos que tengan una visión de ciudad completamente distinta de la suya?
—Los problemas de la ciudad no tienen dueño partidario y las soluciones tampoco deberían tenerlo. Hay decisiones trascendentales que comprometen el futuro de Concordia durante décadas y necesitan debate, participación y consenso social.
—¿Eso incluye discutir proyectos con la oposición antes de que estén definidos, o solamente invitarla cuando el Ejecutivo ya tiene una decisión tomada?
—La idea es que la participación sea permanente y que permita intervenir en las principales decisiones municipales. Necesitamos construir acuerdos y sostener una visión de ciudad que trascienda a los gobiernos.
—En ese esquema, ¿qué papel deberían tener el Concejo Deliberante y los organismos de control? ¿Considera que hoy cumplen plenamente su función de contrapeso frente al Ejecutivo?
—La ciudadanía tiene que participar, proponer, controlar y exigir resultados durante toda la gestión. Y el gobierno tiene la obligación de garantizar mecanismos reales para que eso ocurra.
2027: ¿una nueva propuesta o una nueva manera de ejercer el poder?
—En 2027 los concordienses volverán a elegir intendente y cada espacio presentará sus recetas para los problemas de la ciudad: empleo, pobreza, servicios públicos, infraestructura y desarrollo productivo. ¿Por qué cree que la discusión sobre la forma de gobernar debería tener un lugar central en esa elección?
—Porque Concordia no va a salir adelante porque aparezca un iluminado que tenga todas las soluciones. Eso no existe. Los problemas estructurales de nuestra ciudad son demasiado complejos para que una sola persona pretenda resolverlos. Si queremos resultados diferentes, tenemos que empezar por cambiar un modelo de gestión que se viene repitiendo desde hace décadas.
—Pero el personalismo también puede aparecer detrás de un discurso participativo. Un candidato puede prometer que va a escuchar a todos y, una vez en el gobierno, concentrar las decisiones. ¿Qué compromiso verificable puede asumir hoy para que los vecinos no tengan que confiar solamente en su palabra?
—Nuestro primer compromiso es que la participación deje de ser una promesa y se convierta en una forma institucional de gobernar. Queremos avanzar hacia un sistema con procedimientos claros, regulados y permanentes.
—¿Aceptaría que su gestión fuera evaluada públicamente por el cumplimiento de esos compromisos y que los vecinos pudieran señalar, con información verificable, cuándo el gobierno no cumple con lo prometido?
—La democracia no puede limitarse a que los vecinos voten un intendente cada cuatro años y después se desentiendan de lo que sucede. La ciudadanía tiene que participar, proponer, controlar y exigir resultados durante toda la gestión. Tenemos que cambiar la forma de gobernar. Esa sería nuestra primera y principal política pública si nos tocara conducir el Municipio.
—¿Y eso significa que un intendente debería aceptar que no todas las decisiones importantes tienen que llevar su firma política, que no todos los proyectos tienen que ser identificados con su nombre y que no puede atribuirse en soledad los resultados de una gestión?
—El desafío de Concordia no es encontrar otro intendente que decida por todos. Es construir un gobierno capaz de decidir con todos. Tenemos que dejar atrás una forma de ejercer el poder que pertenece al pasado y avanzar hacia una ciudad moderna, participativa, transparente y con una visión compartida de futuro.
—Para cerrar: si los problemas de Concordia sobreviven a los cambios de partido, de intendente y de discurso, ¿no es hora de admitir que el cambio pendiente no depende solamente de quién gane las elecciones, sino de terminar con una cultura política que confunde gobernar con mandar?
—Concordia ya ha tenido distintos gobiernos, distintos partidos y distintas promesas de cambio. Pero seguimos con los mismos problemas. El verdadero cambio no será simplemente cambiar al intendente. El verdadero cambio llegará cuando terminemos con el modelo de patrón de estancia y entendamos que la ciudad no le pertenece a quien gobierna, sino a todos los concordienses. Y que su futuro debemos construirlo entre todos.

