Cuando se estudia la figura de José G. Artigas, líder político de la Liga de los Pueblos Libres a principios del siglo XIX, es decir, la versión más moderna, democrática, republicana y federal de Mayo de 1810, combatida por la oligarquía portuaria de Buenos Aires, que veía en ese proyecto un peligro frente a sus privilegios, deben tenerse en cuenta las fuentes que impregnaron su ideario y su acción política.
Y es natural, en ese sentido, que León XIV reivindique a Artigas, porque toda la base social y militar del caudillo oriental fue guaraní. Guaraníes que en aquellos tiempos fueron parte de las misiones jesuíticas, porque fue la forma que tuvieron de resistir la esclavitud de los «encomenderos» de la Corona y los «bandeirantes» anglo-portugueses.
Claramente, el programa político y el humanismo de Artigas son herederos de la atmósfera cultural jesuítica.
Es interesante cómo, en ocasiones, la historia puede servir como puente cultural para que el pueblo entienda sus raíces. Al reivindicar a Artigas, León XIV va hacia el fondo de la historia, de nuestra historia, y logra unir la cultura cristiana de siglos con el presente.
Artigas es, en buena medida, el mundo jesuítico-guaraní, de donde también salió José de San Martín, nacido en una «reducción» jesuítica. Pero Artigas también son sus herederos, como Estanislao López, que siguieron en la praxis su legado, y todos los que posteriormente levantaron esas banderas para terminar de dar forma a la nacionalidad argentina y a América Latina.
De ahí la reivindicación que hizo el Papa en su discurso en la Plaza Independencia. Allí, el pontífice hizo referencia a la figura de Artigas diciendo: «Artigas es conocido por su famosa frase: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”», frase que León XIV utilizó para reflexionar sobre la responsabilidad del poder público.
Entender y analizar la historia nos hace comprender la esencia de nuestra idiosincrasia.












