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Educación, Opinión

3 noviembre, 2026

La inteligencia artificial: una revolución que pone en discusión el lugar de la inteligencia humana

La inteligencia artificial está transformando el mundo del trabajo, el conocimiento y la educación. Pero su desafío más profundo es otro: qué sucede cuando las máquinas comienzan a realizar tareas que hasta hace poco considerábamos propias de la inteligencia humana. En este escenario, la Constitución de Entre Ríos, la escuela pública y los docentes adquieren una responsabilidad estratégica: formar personas capaces de pensar, crear y decidir, sin renunciar a su propia inteligencia.

Roberto Schunk (*)

5:10 pm h
ia vs inteligencia humana

Las reflexiones que comparto en este artículo forman parte de las preocupaciones desarrolladas en mi libro Educación y desarrollo para el siglo XXI, particularmente en el capítulo V, dedicado a la educación en la era de la inteligencia artificial. Allí planteo los desafíos que las transformaciones tecnológicas representan para la educación, el pensamiento crítico y las capacidades humanas. La irrupción de la inteligencia artificial nos obliga hoy a profundizar esas reflexiones y a preguntarnos qué lugar queremos reservarle a la inteligencia humana en la sociedad que estamos construyendo.

De la máquina de vapor a la inteligencia artificial

La historia de la humanidad está atravesada por grandes transformaciones tecnológicas que modificaron la producción, el trabajo y la organización de las sociedades.

La primera Revolución Industrial, impulsada por la máquina de vapor, transformó los sistemas productivos y dio origen a nuevas formas de organización del trabajo. La segunda Revolución Industrial, con la electricidad, el acero y los motores de combustión interna, profundizó esos cambios y amplió extraordinariamente las capacidades de producción y transporte. La tercera, con la informática, la electrónica y las telecomunicaciones, modificó la manera de trabajar, comunicarnos y acceder al conocimiento.

Hoy estamos frente a una nueva revolución tecnológica, cuyo rasgo distintivo es la irrupción de la inteligencia artificial. La diferencia fundamental con las anteriores es que las máquinas ya no se limitan a sustituir fuerza física, acelerar procesos o transmitir información. Comienzan a realizar tareas que requieren capacidades intelectuales: analizar información, reconocer patrones, producir textos e imágenes, traducir, resolver problemas y asistir en la toma de decisiones. La novedad no es solamente que las máquinas hagan más cosas. Es que comienzan a realizar tareas que requieren capacidades intelectuales que hasta hace poco considerábamos exclusivamente humanas.

¿Una revolución tecnológica o una revolución de la inteligencia humana?

La inteligencia artificial puede procesar enormes cantidades de información, identificar relaciones, elaborar respuestas y generar contenidos en tiempos que resultan difíciles de imaginar para una persona. Esto abre posibilidades extraordinarias para la investigación científica, la medicina, la producción, la educación y la organización de nuestras sociedades. Pero también nos plantea una pregunta fundamental: ¿qué sucede cuando comenzamos a delegar en las máquinas no solamente tareas, sino también parte de nuestros propios procesos de pensamiento? No se trata de afirmar que la inteligencia artificial reemplazará completamente a la inteligencia humana; se trata de reconocer que ya puede realizar determinadas operaciones cognitivas que antes dependían exclusivamente de las personas.

Debemos distinguir entre procesar información, comprender su significado, formular preguntas, construir conocimiento y asumir la responsabilidad de las decisiones que tomamos. Una respuesta producida por una máquina no necesariamente implica comprensión. Una información disponible no se convierte automáticamente en conocimiento. Y una decisión asistida por tecnología no elimina la responsabilidad humana sobre sus consecuencias.

El desafío consiste, entonces, en utilizar estas herramientas para ampliar nuestras capacidades, sin generar una dependencia que debilite nuestra autonomía intelectual.

El riesgo de dejar de pensar

La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta extraordinaria para aprender, pero también puede ser utilizada para evitar el esfuerzo de pensar. Si un estudiante utiliza una aplicación para obtener una respuesta sin comprender el problema, podrá resolver una tarea, pero no necesariamente habrá aprendido. Si sustituimos la formulación de preguntas por la aceptación automática de respuestas, corremos el riesgo de debilitar una de las capacidades más importantes de la inteligencia humana: pensar críticamente.

La educación no puede reducirse a transmitir información ni a obtener respuestas correctas. Su función es desarrollar capacidades para comprender, interpretar, cuestionar, relacionar conocimientos y construir nuevos aprendizajes. Por eso, en la era de la inteligencia artificial, el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad de formular preguntas, la cooperación y la responsabilidad adquieren una importancia todavía mayor. La verdadera amenaza no es solamente que las máquinas puedan realizar operaciones intelectuales, sino que las personas dejemos de ejercitar nuestra propia inteligencia.

Quisiera también dirigir una invitación especialmente a los jóvenes. Ustedes son protagonistas de esta nueva revolución tecnológica y tienen la posibilidad de explorar, crear e innovar como nunca antes. Utilicen la inteligencia artificial, experimenten con ella, descubran sus posibilidades, pero no renuncien a la curiosidad, al pensamiento propio ni a la capacidad de cuestionar. No se conformen con encontrar respuestas: aprendan a formular nuevas preguntas, a imaginar soluciones y a construir conocimientos. El futuro no está escrito por la tecnología; lo construirán ustedes con sus decisiones, su creatividad y su compromiso con una sociedad mejor.

La Constitución de Entre Ríos frente al desafío de la inteligencia artificial

En este punto, nuestra Constitución Provincial contiene una definición extraordinariamente importante para pensar el futuro de la educación.

El artículo 257º establece que la educación es el derecho humano fundamental de aprender durante toda la vida, accediendo a los conocimientos y a la información necesarios para el ejercicio pleno de la ciudadanía, en una sociedad libre, igualitaria, democrática, justa, participativa y culturalmente diversa.

Además, asigna al Estado una obligación primordial e indelegable de proveer educación común, entendida como instrumento de movilidad social. Esta definición adquiere una dimensión especial frente a la inteligencia artificial. Aprender durante toda la vida, acceder al conocimiento y desarrollar capacidades para ejercer plenamente la ciudadanía no son objetivos secundarios: constituyen un mandato constitucional.

Pero nuestra Constitución va todavía más lejos. El artículo 261º establece que el sistema educativo debe promover la creatividad, el pensamiento crítico y autónomo y la relación entre escuela, ciencia y tecnología; es decir, aquello que hoy aparece como uno de los principales desafíos de la inteligencia artificial ya está reconocido expresamente como una finalidad de nuestro sistema educativo.

No estamos frente a una discusión exclusivamente tecnológica; estamos ante la necesidad de cumplir y actualizar un mandato constitucional frente a una transformación histórica. Los artículos 258º y 262º refuerzan, además, la obligación de garantizar igualdad de oportunidades, permanencia en el sistema y condiciones educativas adecuadas, particularmente en las zonas rurales, periurbanas y desfavorables.

El artículo 267º establece que el Estado debe asegurar el respeto a la labor docente y brindar perfeccionamiento gratuito, permanente y en servicio. Finalmente, el artículo 271º dispone que la Provincia debe desarrollar la ciencia y la tecnología como bien público, garantizar la libertad de investigación y promover el aprovechamiento social del conocimiento para el bienestar general y el fortalecimiento del sistema productivo.

Nuestra Constitución nos ofrece, por lo tanto, una orientación clara: conocimiento, tecnología, educación y desarrollo deben estar al servicio de las personas y de una sociedad más justa.

La escuela pública y el docente entrerriano: pilares estratégicos del desarrollo

Si la inteligencia artificial puede proporcionar información y respuestas, la educación tiene una responsabilidad mucho más profunda: formar personas capaces de comprenderlas, cuestionarlas, utilizarlas y decidir qué hacer con ellas. La escuela pública ha cumplido históricamente una función decisiva en la democratización del conocimiento y en la construcción de ciudadanía. Ha sido un instrumento de integración social, igualdad de oportunidades y ampliación de derechos.

En la nueva revolución tecnológica, esa función adquiere una importancia estratégica. La escuela pública debe garantizar que el acceso a la inteligencia artificial y a sus posibilidades no se convierta en un nuevo factor de desigualdad. No podemos permitir que las diferencias económicas y sociales determinen quiénes acceden a las herramientas tecnológicas y quiénes quedan excluidos de ellas.

Pero existe una cuestión todavía más importante: la formación de inteligencia humana. La inteligencia artificial puede proporcionar información, pero el docente contribuye a formar inteligencia humana, pensamiento crítico y conciencia social.

El docente no es un transmisor de contenidos que pueda ser reemplazado por una aplicación. Es quien acompaña procesos de aprendizaje, despierta curiosidad, ayuda a formular preguntas, promueve el intercambio de ideas y contribuye a desarrollar capacidades para comprender la realidad. El docente entrerriano, tanto en las escuelas rurales como en las urbanas, en la educación inicial, primaria, secundaria, técnica, agropecuaria y universitaria, es protagonista de esta transformación. Nuestra Constitución reconoce esa centralidad cuando establece el respeto a la labor docente, la formación permanente y las condiciones necesarias para el funcionamiento de las escuelas.

Por eso, incorporar inteligencia artificial a la educación exige fortalecer a los docentes, garantizar formación, recursos, tiempo y condiciones dignas de trabajo. No podemos trasladarles nuevas responsabilidades sin proporcionarles las herramientas necesarias. Tampoco podemos utilizar la tecnología como argumento para reducir la presencia del Estado o sustituir el vínculo humano que constituye el corazón de la educación.

El desafío no es reemplazar al docente por la inteligencia artificial, sino fortalecer al docente y a la escuela pública para que todos los entrerrianos puedan aprovechar las oportunidades de esta nueva revolución.

Una oportunidad para el desarrollo de Entre Ríos y Argentina

La inteligencia artificial puede contribuir a incrementar la productividad, mejorar procesos industriales y agropecuarios, fortalecer la investigación científica, optimizar servicios públicos y ampliar las posibilidades de innovación.

Pero las oportunidades tecnológicas no se distribuyen automáticamente de manera equitativa. Su aprovechamiento depende de las decisiones económicas, políticas y sociales que adoptemos. Argentina necesita desarrollar capacidades propias de investigación, innovación y producción de conocimiento. No puede limitarse a consumir tecnologías desarrolladas en otros países, sino que debe construir una estrategia que articule educación, universidades, ciencia, tecnología y producción.

Entre Ríos tiene condiciones para avanzar en esa dirección.

La integración de nuestras universidades, instituciones científicas, escuelas técnicas y agrotécnicas, empresas, cooperativas y organismos públicos puede contribuir a desarrollar soluciones tecnológicas vinculadas con nuestras necesidades productivas y sociales. La inteligencia artificial debe ser parte de una estrategia de desarrollo provincial que fortalezca nuestras capacidades, genere oportunidades de trabajo, mejore la productividad y contribuya a reducir las desigualdades.

En este sentido, el artículo 271º de nuestra Constitución constituye una referencia fundamental: la ciencia y la tecnología deben ser un bien público y contribuir al bienestar general.

El desarrollo no puede medirse exclusivamente por la cantidad de bienes que producimos o por la productividad que alcanzamos. También debe evaluarse por las capacidades que construimos, las oportunidades que generamos, las desigualdades que reducimos y el bienestar que alcanzamos como sociedad.

Utilicemos la inteligencia artificial, pero no le entreguemos nuestra inteligencia

No debemos rechazar la inteligencia artificial ni idealizarla. Estamos frente a una herramienta de enorme potencial, cuyo impacto dependerá de cómo la utilicemos y de las decisiones que tomemos como sociedad. La pregunta fundamental no es solamente cuánto podremos producir con ella, sino qué tipo de personas y de sociedad queremos construir.

¿Queremos una sociedad que dependa cada vez más de respuestas automáticas o una sociedad que desarrolle ciudadanos capaces de pensar, crear, cuestionar y decidir?

¿Queremos que la tecnología profundice las desigualdades o que contribuya a democratizar el conocimiento y ampliar las oportunidades?

En Entre Ríos tenemos una responsabilidad particular. Nuestra Constitución establece principios que no podemos dejar de lado: educación como derecho humano, igualdad de oportunidades, pensamiento crítico y autónomo, respeto al docente, ciencia y tecnología como bienes públicos y aprovechamiento social del conocimiento.

Cumplir estos principios en la era de la inteligencia artificial exige fortalecer la educación pública, jerarquizar a nuestros docentes, garantizar el acceso al conocimiento y construir una política de desarrollo que coloque a las personas en el centro de sus objetivos.

La inteligencia artificial debe estar al servicio del desarrollo humano, no a la inversa.

Utilicemos la inteligencia artificial, pero no le entreguemos nuestra inteligencia.

 

(*) Roberto Schunk es contador público y docente universitario. Fue ministro de Producción de Entre Ríos entre 2011 y 2015. Se dedica a la investigación y la docencia en la Universidad Nacional de Entre Ríos (Facultad de Trabajo Social y Facultad de Ciencias de la Educación) y en la Universidad Nacional del Litoral (Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales). Su trabajo académico se centra en economía y políticas públicas provinciales. Actualmente participa en debates sobre la situación fiscal y productiva de Entre Ríos.

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