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Más changas, menos empleo estable y menos valor agregado: Concordia avanza hacia una economía de subsistencia

Concordia muestra un mercado laboral marcado por la informalidad, la caída del empleo registrado y el crecimiento de actividades de supervivencia. En la Costanera de los Pueblos Originarios, la Costanera Nebel, por Avenida Castro y la zona del lago de Salto Grande, decenas de puestos improvisados y vendedores ambulantes ofrecen torta fritas, churros, pasteles, roscas y otras elaboraciones caseras. También crecieron las ferias donde se intercambian o venden ropas usadas, tejidos, artesanías y chucherías. Volvió incluso una práctica que parecía haber quedado relegada: el trueque como forma de resolver necesidades cotidianas. Son estrategias que muestran la capacidad de las familias para adaptarse frente a la falta de ingresos, pero también exponen una economía cada vez más orientada a la subsistencia. Al mismo tiempo, miles de trabajadores esperan el comienzo de una cosecha, una changa en la construcción, un puesto eventual en el comercio o recorren la ciudad juntando cartón y otros materiales reciclables para vender. Ya no son actividades marginales ni secundarias, es el nuevo mapa de un mercado laboral que va delineando un círculo de decadencia difícil de revertir.

Por: Federico Odorisio

9 julio, 2026

8:11 pm

Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondiente al primer trimestre de 2026, la desocupación en Concordia fue del 6,1 %, por debajo del promedio nacional, que alcanzó el 7,8 %.

El mismo informe revela que Concordia registra una tasa de actividad de 42,3 %, muy inferior al promedio nacional (48,6 %) y al de la Región Pampeana (49,9 %). Ese indicador muestra qué porcentaje de la población participa del mercado laboral, ya sea porque tiene un empleo o porque está buscando uno.

La tasa de empleo también figura entre las más bajas del país: 39,8 %, frente al 44,8 % nacional. En términos simples, significa que menos de cuatro de cada diez habitantes de Concordia tienen un empleo, una proporción considerablemente menor que la del conjunto del país.

A eso se suma otro dato: el 10,1 % de los trabajadores está subocupado, es decir, trabaja menos horas de las que necesita y busca ampliar sus ingresos.

Pero el problema de Concordia no es solamente cuántas personas trabajan, sino qué tipo de trabajo consiguen.

Más de uno de cada dos trabajadores está en la informalidad

Según datos de la Dirección General de Estadística y Censos de Entre Ríos, correspondientes a junio de 2025, el 51,4 % de los trabajadores de Concordia desarrolla actividades informales. Un panomara que posiblemente se vea agravado en 2026.

En algunos sectores la situación es todavía más crítica.

En hoteles y restaurantes, el 81,5 % de los trabajadores no está registrado. En la construcción, la informalidad alcanza al 66,3 %, mientras que en el comercio supera el 51 %.

A esto se suma otra modalidad que el Centro de Empleados de Comercio de Concordia viene señalando como una práctica extendida: trabajadores registrados por media jornada que, en la práctica, cumplen jornadas laborales completas.

Detrás de esos porcentajes aparecen miles de personas sin aportes jubilatorios, sin obra social, sin vacaciones pagas, sin aguinaldo y sin estabilidad laboral.

Doce horas en el citrus para ganar menos que una compra de supermercado

La citricultura sigue siendo uno de los principales empleadores de la región.

Actualmente un cosechero cobra alrededor de 450 pesos por canasto. Un trabajador con buen rendimiento puede completar entre 80 y 110 canastos diarios, lo que representa un ingreso de entre 36.000 y 49.500 pesos por jornadas que pueden extenderse hasta doce horas.

Pero ese ingreso nunca está asegurado.

Cuando llueve o se registran heladas no hay cosecha hasta que la fruta no esté seca. Si no hay cosecha, no hay jornal.

Fuentes del sector estiman que durante la temporada el promedio efectivo ronda apenas tres días y medio de trabajo por semana, lo que deja ingresos mensuales de entre 545.000 y 750.000 pesos, dependiendo del rendimiento y de la cantidad de jornadas efectivamente trabajadas.

La cuenta se vuelve todavía más ajustada cuando se la lleva a la vida cotidiana.

El jornal mínimo alcanza para comprar menos de dos kilos de carne vacuna o apenas 20 litros de la leche más económica que hoy se consigue en los supermercados de Concordia. Una garrafa de diez kilos ronda los 23.000 pesos, por lo que más de la mitad del jornal mínimo puede destinarse únicamente a cocinar y calefaccionar la vivienda.

Además, desde el Sindicato Obrero de la Fruta denunciaron durante años que alrededor del 90 % de los cosecheros trabaja sin registrar, una situación que los deja sin aportes jubilatorios ni obra social.

El ocaso del arándano 

Hace apenas una década, la cosecha del arándano convocaba a miles de trabajadores cada primavera.

Concordia llegó a tener más de 1.500 hectáreas implantadas y Argentina exportaba cerca de 20.000 toneladas de fruta fresca.

Hoy el panorama es muy distinto.

Según el Comité Argentino de Arándanos, la producción nacional cayó más del 60 % y actualmente no supera las 7.000 toneladas anuales.

La reducción de la actividad también significó menos trabajo estacional para la región.

Otro de los sectores donde la informalidad aparece como una constante es la actividad forestal. Tanto las cuadrillas dedicadas al desmonte y la tala como buena parte de los trabajadores de aserraderos integran un universo laboral del que existen muy pocas estadísticas oficiales, pero que históricamente estuvo atravesado por el empleo no registrado, los jornales diarios y las deficientes condiciones de trabajo.

La actividad está representada por la Unión Obreros y Empleados de la Industria Maderera de Concordia, que tiene jurisdicción en los departamentos Concordia, Federación y Colón. Sin embargo, el gremio mantiene un bajísimo perfil público y resulta prácticamente imposible dar con su secretario general Andrés Ramón Torres para acceder a información oficial sobre la situación laboral del sector.

El empleo estatal y privado también se achica

La pérdida de puestos de trabajo no afecta únicamente a las economías regionales.

Desde el inicio de la gestión de Francisco Azcué, la Municipalidad de Concordia acumula cerca de 400 desvinculaciones entre contratos no renovados y otras modalidades de reducción de personal.

El sector privado tampoco logra absorber esa mano de obra.

Según el Centro de Empleados de Comercio, durante el primer semestre de este año ya se registraron más de 460 bajas.

La cifra supera ampliamente las 345 bajas registradas durante todo 2025.

Mientras tanto, apenas hubo entre 40 y 50 incorporaciones al empleo formal.

El secretario general del gremio, Juan José Simonetti, sostuvo que el problema se concentra en los pequeños comercios, que representan cerca del 85 % del empleo comercial de la ciudad.

Muchos reducen personal. Otros reemplazan trabajadores registrados por monotributistas o modalidades más flexibles de contratación.

La economía del día a día

La ciudad conserva pocas actividades capaces de generar empleo formal, estable y relativamente bien remunerado. En cambio, predominan ocupaciones de baja productividad, temporarias o informales, donde los ingresos suelen ser insuficientes y la estabilidad laboral es la excepción.

Cuando desaparece un empleo registrado, miles de concordienses deben reinventarse.

Algunos hacen changas. Quienes tienen un vehículo o una moto se registran en aplicaciones de reparto o transporte de pasajeros como Uber o Pedidos Ya. Otros consiguen trabajos temporarios en la construcción, la jardinería o tareas de mantenimiento.

Otros integran cuadrillas de desmonte.

Muchos recorren la ciudad juntando cartón, plástico o aluminio.

Decenas de familias venden tortafritas, churros o pasteles en espacios públicos.

Otros intentan sostener pequeños emprendimientos.

Todas esas actividades comparten una misma característica: la incertidumbre.

Si llueve o cae una helada, el cosechero no cobra.

Si el clima espanta a los clientes, el vendedor ambulante vuelve a su casa con buena parte de la mercadería.

Si no aparece una obra, el albañil no trabaja.

Si el comercio vende menos y sus costos aumentan, reduce personal.

El ingreso de miles de hogares depende de lo que ocurra en el día a día.

La venta ambulante, las changas, el reciclado urbano, las cosechas temporarias y los pequeños emprendimientos ya no son fenómenos aislados. Forman parte de un nuevo mapa laboral que crece al mismo ritmo en que se reduce el empleo estable y de calidad.

Cuando una familia vende churros para comprarle comida a otra familia que también vive de un pequeño emprendimiento, mientras un tercero realiza el reparto mediante una aplicación, la rueda económica continúa funcionando, pero sin generar nuevo valor. Son ingresos que permiten sobrevivir, pero que difícilmente impulsan inversión, empleo formal o crecimiento sostenido.

La consecuencia es un círculo difícil de romper: menos empleo de calidad, significa menos consumo y menos inversión; menos actividad registrada implica menor recaudación y menor capacidad del Estado para sostener obras, servicios y empleos.

Entonces se impone el modelo del ajuste perpetuo, donde la economía de subsistencia va profundizando las mismas condiciones que la originan, y más familias se ven obligadas a resolver la urgencia del presente sin poder proyectar el futuro, disputándose las migajas que los pocos ganadores dejan caer.

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5 comentarios

  • Nos vamos aproximando al ocaso de lo que fue Concordia, solo quedarán los estancieros, y las alpargatas. Y roguemos que el HLB del citrus, que está golpeando la puerta, no destruya el único trabajo, que pese a que es una precarización total, sostiene por unos meses a gran parte de la población. LA CIUDAD SE SOSTIENE CON LOS 10 MIL PLANES AUH, LAS JUBILACIONES MORATORIA Y DEMÁS PLANES SOCIALES. Nos convertiremos en ciudad fantasma. Estamos PEOR QUE NUNCA.

  • Se terminó la época de lo fácil y vivir del estado hay que laburar !! Cómo en cualquier parte del mundo?!! Fin!!

    • ay Pablo. no leíste la nota. mucho texto para tu cabeza de mandril? así que x las dudas metiste el típico comentario de forro argentino.

  • Los que cambiaron

    Todas las madrugadas tomo transporte a mí trabajo, antes de subir al cole, pasa una camioneta llevando en su caja trabajadores. No tienen nada que los cubra! No llevan toldo por si llueve! Hace frío y con heladas pasan siempre del mismo modo acurrucados del frío hasta llegar.
    Este es el país que voto a Milei

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  • Nacho Peron

    Una vergüenza Azcue y Frigerio, cero ideas, ni siquiera pueden terminar la planta de agua. El peronismo tampoco, Cresto Bordet, una desidia. Lo único positivo en términos de desarrollo fue el Vasco Orduna, que al menos pensaba en término de desarrollo, y Asueta que gestiono la reactivación del frigorífico cap yuqueri y advertía sobre la importancia de que volver a regularizar el trabajo citrícola, todo lo demás agua, Francolini que la ciudad es una panadería, Azcue cree que es un estudio de grabación de videitos, y la mesa chica del peronismo está más preocupada por cooptar la ciudad que en desarrollarla, no creen en el desarrollo

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