La jubilación debería significar el paso hacia una etapa de descanso, celebración y tranquilidad después de una vida de esfuerzo laboral. Sin embargo, sabemos que actualmente, al igual que en otros momentos históricos en nuestro país, más que a la alegría, la jubilación se parece a una pesadilla. Me refiero a la década del 90, en la que el aumento de los suicidios se convirtió en una trágica expresión de la crisis social y económica provocada por los bajos haberes previsionales, el ajuste estatal y el endeudamiento de los adultos mayores. Como sucede hoy, las jubilaciones mínimas no alcanzaban para cubrir los costos básicos de alimentación, alquiler y medicamentos, lo que condujo a muchos jubilados a una situación límite de desesperanza y aislamiento.
En ese momento, Norma Plá se convirtió en el símbolo indiscutido de la resistencia de los jubilados, encabezando históricas protestas frente al Congreso de la Nación, movilizándose, como ahora, los días miércoles para visibilizar el ajuste, la pobreza previsional y la desprotección del sector de los pasivos. En ese contexto, una frase del más grande jugador de fútbol de todos los tiempos, Diego Maradona, quedó inscripta en la conciencia colectiva: “A muerte estoy con los jubilados, lo que les hacen es una vergüenza”, dijo en medio de una manifestación y agregó: “Yo defiendo a los jubilados, tenemos que ser muy cagones para no defender a los jubilados”, en una movilización en la que ya era habitual, igual que hoy, la respuesta represiva por parte del Estado a sus reclamos.
Del mismo modo, el escenario configuraba un Estado policial presente para golpear impiadosamente a los adultos mayores y un Estado social ausente para desampararlos. En ese contexto, Norma, con un coraje que desconocían los represores, declaraba ante una nueva detención: “Siempre estoy detenida, pero no por ladrona ni por corrupta, sino por decirle la verdad a estos señores que nos están apaleando constantemente, pero la vamos a seguir. Somos más pueblo que milicos. No se olviden de eso”.
Norma fue un faro y dejó un legado de dignidad y resistencia para los jubilados que hoy vuelven a pelear los miércoles, con una dignidad que contrasta con la vergonzosa represión estatal, la indiferencia y hasta la cruel justificación de parte de la sociedad que —animada por trolls de todo tipo— excusa con perversidad el abandono diciendo que los jubilados “siempre estuvieron mal”.
La historia del neoliberalismo se repite y se agrava en el país y, particularmente, en la provincia de Entre Ríos que, a la licuación de los salarios, sumó una ley previsional inmoral que quita derechos adquiridos y, en nuestra ciudad, por la crítica situación del PAMI, que al romper el convenio con un sanatorio privado, deja al límite del desamparo la salud de los adultos mayores.
Aun en estas circunstancias y tal vez por ellas, deseo un feliz día a todos los jubilados, en especial a los que luchan, a los que honran con valentía y dignidad la condición humana, a los que enseñan a las nuevas generaciones que la desobediencia a la opresión es el único camino del decoro y el orgullo que da sentido a la existencia y, particularmente en Concordia, a los que se plantan todos los miércoles y marchan, como una memoria que no deja de arder, en la plaza 25 de Mayo, todos los miércoles en los que no debemos olvidar ni normalizar que a los jubilados les siguen pegando abajo, en medio de la tristeza y el desasosiego.
Desasosiego
Hoy es jueves y no pude dormir anoche
Una abuela había caído nocturna y frágil
Bajo los palos y los gases
Y ya no creo que la poesía pueda
Ni que Dios todos los miércoles
Ni siquiera que el Hombre salve su dignidad del fuego
Y que explote en minúscula
Pero es miércoles y la abuela cae, y cae el Hombre y Dios cae
Y la poesía nada
Se ahoga en los carros hidrantes, se aterra y estremece
Se asfixia, retrocede, tambalea
Sin bastón y sin dientes se abisma
Entre las sombras y el asfalto
Y las palabras nada pueden parece
Y también caen y la poesía nada
Y el Hombre nada, y Dios nada
Nada de nada.
Sergio Brodsky

