En el 71° aniversario del bombardeo a Plaza de Mayo, que inició el golpe de Estado de 1955 para derrocar a Juan Domingo Perón, luego concretado en septiembre de dicho año, se recuerda la histórica masacre en la Ciudad de Buenos Aires y uno de los tiempos más oscuros en la Argentina. Ese día, la Aviación de la Armada y parte de la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la emblemática plaza como parte de una sublevación militar en el segundo mandato del peronismo.
Como consecuencia, asesinaron a más de 350 personas e hirieron a más de 2000. Dicho ataque tenía como principal objetivo darle muerte al Gral. Perón y dio inicio a la persecución y proscripción del peronismo. A pesar del brutal número de muertes, el hecho quedó impune.
El piloto Adradas, héroe del bombardeo en Plaza de Mayo
Ernesto «Muñeco» Adradas fue uno de los principales héroes de aquel fatídico día. El joven teniente de la Fuera Aérea Argentina salvó miles de vidas y protegió a la ciudad durante los ataques.
La Capital Federal fue atacada por 40 aviones de combate, un batallón de infantería y un grupo de civiles armados en un intento por derrocar al presidente Juan Domingo Perón, quien había sido elegido democráticamente. El jefe aviador golpista, capitán Néstor Noriega, se negó a posponer el bombardeo a pesar de las condiciones desfavorables y en cambio, ordenó un ataque continuo con una línea de aviones uno tras otro, y con reabastecimiento en los aeropuertos de Ezeiza y Aeroparque.
La primera bomba cayó sobre un trolebús lleno de trabajadores y las demás causaron la muerte de más de trescientas personas. Su objetivo no solo era derrocar al gobierno de Perón, sino también infundir miedo y escarmiento en la población en el lugar de manifestación de las masas plebeyas: la Plaza de Mayo.
En medio del caos y la destrucción, «Muñeco» se transformó en uno de los principales protagonistas del primer combate aéreo en Sudamérica con un avión a reacción. En respuesta al bombardeo, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Juan Fabri, ordenó que una escuadrilla de aviones despegara de inmediato de la base de Morón con la misión de derribar «cualquier avión enemigo en el aire»; aunque algunos pilotos formaban parte del complot.
En ese momento crítico, cuando se preguntaba qué harían los pilotos, la escuadrilla se enfrentó a los aviones enemigos y logró derribar uno de ellos a pesar de la presencia de traidores entre sus filas. Adradas persiguió al segundo avión y con gran habilidad y precisión, disparó 10 veces hasta que el avión enemigo resultó gravemente dañado y su piloto tuvo que eyectarse en paracaídas para salvar su vida. Sin embargo, la valentía de Adradas no finalizó allí.
Meses después, en septiembre de 1955, el golpe de Estado cumplió su objetivo. Bombardearon varias ciudades con sus buques de guerra, amenazando incluso con destruir las ciudades de Berisso y La Plata al cañonear la destilería de YPF. «Muñeco» Adradas volvió a ser protagonista en esta ocasión: se enfrentó a los buques enemigos, demostrando su coraje y determinación en defensa de su país y su gente. Pero, tras el éxito del golpe, fue arrestado y juzgado. Fue condenado por haber derribado a un avión y realizar «proselitismo activo». En 1956, fue dado a retiro.
La vida de Adradas continuó después de su carrera en la Fuerza Aérea. Trabajó en diversos empleos, como remisero y fumigador aéreo, hasta que finalmente pudo ingresar a Aerolíneas Argentinas como piloto. Durante sus años como piloto internacional, Adradas también participó en la resistencia llevando correo clandestino a Puerta de Hierro. Su valentía y lealtad al pueblo argentino fueron reconocidas el 20 de junio de 1973, cuando el General Juan Domingo Perón lo eligió como miembro de la tripulación del Boeing 707 que lo traería de regreso al país después de su exilio.
Contexto histórico y económico, con el rol clave de la Iglesia Católica
Previo al bombardeo, un año antes, el peronismo ganaba las elecciones generales que se celebraron para elegir vicepresidente con el propósito de cubrir la vacante que se había generado en el cargo tras la muerte de Hortensio Quijano. En aquel momento, el Gobierno pretendía conseguir respaldo popular ante un frente opositor que iba en aumento y cada vez más movilizado, compuesto por la Iglesia católica, la Sociedad Rural, y amplios sectores de las Fuerzas Armadas, principalmente la Marina.
Si bien se impuso con el 62,54% de los votos, había algo que generaba preocupación y aumentaba la puja con el sector eclesiástico que, finalmente, les dio a los militares golpistas la excusa perfecta para el golpe. Se trataba del creciente enfrentamiento con la Iglesia que comenzó luego de que el Gobierno impulsó en 1954 una ley de divorcio, y, unos meses después, eliminó la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Para luego, el 20 de mayo de 1955, convocar a una Convención Constituyente con el propósito de declarar un Estado laico.

El 16 de junio fue jueves, estaba nublado y frío. Mientras una multitud contemplaba el desfile militar, alrededor de las 12.40, el cielo se oscureció ante la presencia de 40 aviones de la Aviación Naval y de la Fuerza Aérea que comenzaron a tirar bombas sobre una Plaza de Mayo repleta y buscaron también hacer blanco sobre la Casa Rosada.
Las aeronaves llevaban dibujados en su fuselaje la insignia «Cristo Vence» y en la primera de sus oleadas, una de las bombas impactó de lleno contra un trolebús repleto de pasajeros, dejando la primera gran cantidad de muertos de esa trágica jornada. Por su parte, Perón se refugió en los subsuelos de la sede del Ejército y consiguió salvar su vida. El bombardeo finalizó pasadas las 17.30 y los atacantes huyeron a Uruguay, donde el presidente Luis Batlle les concedió asilo político.
Las tropas del Ejército que permanecían leales a Perón sofocaron el levantamiento por la tarde, cercando a los alzados en el Ministerio de Marina, que se rindieron ante el fracaso del golpe de Estado que habían lanzado. Esa misma noche, Perón pronunció un discurso pacificador e instruyó la formación de un consejo de guerra para los golpistas. Manifestantes oficialistas ganaron las calles por la noche y quemaron la Catedral Metropolitana y 10 iglesias más en el centro de Buenos Aires.


