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El discurso del rey desnudo de soberanĂa
En el aniversario de la Gesta de Malvinas, los actos oficiales estuvieron marcados por discursos que, lejos de reivindicar la soberanĂa argentina, profundizaron la entrega y el vaciamiento simbĂ³lico. Entre el servilismo explĂcito de Javier Milei y el panamericanismo fantasioso de Victoria Villarruel, se desdibujĂ³ la causa Malvinas, se marginĂ³ a los excombatientes y se volviĂ³ a poner en juego la memoria histĂ³rica de un reclamo que trasciende gobiernos.

Los aniversarios solemnes con respecto a las fechas patrias tienen ese «no sĂ© qué» de rutina melancĂ³lica, sin llegar a ser una conmemoraciĂ³n eufĂ³rica. Porque las nieves del tiempo han logrado diluir ese sentimiento patrio de otras Ă©pocas. Pero este aniversario de la Gesta de Malvinas tenĂa una connotaciĂ³n especial por la representatividad de quienes presidieron los actos, que eran esperados con ansiedad.
Luego de haberse hecho efectivos los mismos, tanto en la Plaza San MartĂn en la Capital como el realizado en Tierra del Fuego, es difĂcil ocultar la indignaciĂ³n de propios y extraños cuando ese personaje antropolĂ³gicamente retrĂ³grado y pusilĂ¡nime que ostenta el cargo de Presidente de la NaciĂ³n desconociĂ³ lisa y llanamente el reclamo histĂ³rico de la soberanĂa argentina sobre las islas, reconocido por las Naciones Unidas desde 1965. A la vez que se les negĂ³ la participaciĂ³n a los excombatientes, hĂ©roes de la gesta.
Tanto Milei como la vicepresidenta Villarruel pronunciaron dos discursos en apariencia antagĂ³nicos, pero en el fondo, idĂ©nticos en lo que se refiere a escamotear el significado emancipatorio de la recuperaciĂ³n de Malvinas en 1982.
Mientras que el «bufĂ³n» de Trump batĂa todos los rĂ©cords de servilismo, sosteniendo la tesis segĂºn la cual las Malvinas son inglesas porque asĂ lo determinan los usurpadores que allĂ moran, desde el lejano sur la indoblegable «malvinera» Villarruel jugaba todas sus fichas en su cruzada por la recuperaciĂ³n de las islas, apostando al panamericanismo, o sea, a EE. UU. Lo de Milei representa un nuevo escalafĂ³n hacia la cumbre de desmalvinizaciĂ³n y el entreguismo. MĂ¡s «lacayo» no se consigue. Tuvo en la platea a funcionarios de gobierno y un puñado de ancianos, la mayorĂa exoficiales de las FFAA, que escuchaban impertĂ©rritos una alocuciĂ³n con furcios, donde exaltaba a los kelpers y denostaba a los polĂticos argentinos. Mientras tanto, la «recua» que estaba a su lado —P. Bullrich, Petri, Espert, Menem, Francos, J. Macri y cĂa.— fingĂan demencia ante tanto estropicio histĂ³rico.
Lo de Villarruel fue mĂ¡s emotivo. ViajĂ³ a Ushuaia para pedir un reconocimiento a los veteranos y caracterizĂ³ a la causa Malvinas como un reclamo continental, y poder expulsar a la potencia colonialista. Pero se venĂa venir el mismo cipayismo de Milei cuando expresĂ³, como parte de esa estrategia, los contactos con la que fue jefa del Comando Sur de EE. UU., la generala Laura Richardson, con miras a instalar una base militar en Ushuaia. Las crĂticas a ambos discursos, por ser contradictorios a la ConstituciĂ³n, les merecieron el mote de «traidores a la patria». El bufĂ³n de Trump propone que un paĂs solo puede ser soberano cuando se es prĂ³spero y cuando la Argentina sea potencia.
Mientras tanto, entreguemos el paĂs en consignaciĂ³n, como se estĂ¡ haciendo no solo con Malvinas, sino con los miles de hectĂ¡reas que rodean a los parques nacionales Nahuel Huapi y volcĂ¡n LanĂn. Es que tanto Milei como Villarruel apuestan a Trump. El primero para mendigarle su influencia en el FMI para la extensiĂ³n del prĂ©stamo ante el problema de no sucumbir ante la crisis que Ă©l mismo provocĂ³. Y Villarruel le hace guiños a Trump para que EE. UU. le quite apoyo a Gran Bretaña en Malvinas, al igual que Galtieri y su camarilla de oficiales lo intentaron en 1982 con Ronald Reagan. Naturalmente, el panamericanismo que intenta Villarruel es una fantasĂa. Hace rato que el imperialismo occidental es un sistema de dominaciĂ³n global, que tiene su vĂ©rtice superior en EE. UU. y su lugarteniente es el Reino Unido, que por otra parte no podrĂa sostener la base de la OTAN en las islas sin el apoyo yanqui.
No nos olvidemos del efecto causa y consecuencia, porque el intento de recuperar las Malvinas, con correlaciĂ³n de fuerzas totalmente adversas, contribuyĂ³ al triunfo militar del Reino Unido. Que a su vez tirĂ³ por la borda trabajos de CancillerĂa hechos con notables progresos. Fue una torpeza polĂtica de una casta de militares originados por la dictadura militar y una afrenta de quienes, de la noche a la mañana, se vieron involucrados en una aventura delirante y trĂ¡gica.
Este gobierno, totalitario y autocrĂ¡tico, solo cree en la soberanĂa de sus hechos polĂticos, que no hacen mĂ¡s que indignar todos los dĂas por la pĂ©rdida de todas las soberanĂas imaginables. OjalĂ¡ que conservemos la soberanĂa sobre la memoria histĂ³rica de quienes se atrevieron a fundar esta NaciĂ³n, y que supimos degradar, cada uno a su turno.
¡Al que le quepa el sayo, que se lo ponga!
¡Viva la Patria!
