Hoy es una fecha propicia para recordar lo que sostenía el periodista político, filósofo y crítico de medios Walter Lippmann: “No puede haber una ley superior en el periodismo que decir la verdad y afear el mal”. En esa misma línea, la teórica política alemana Hannah Arendt relacionaba las distintas formas de decir la verdad con “la soledad del filósofo, el aislamiento del científico y del artista, la imparcialidad del historiador y del juez, y la independencia del buscador de hechos, el testigo y el reportero”.
“El reportero y buscador de hechos ocupa un lugar especial entre quienes se comprometen a buscar las verdades de las que dependen las personas dueñas de sus actos”, señalaba Michael Schudson, docente de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, al interpretar las reflexiones de Arendt.
El periodista narrativo y escritor polaco Ryszard Kapuściński sintetizó como pocos la función del periodista: “El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse”.
Aquello que definía Kapuściński, referente moral del periodismo del siglo XX por su profundo humanismo, fue reafirmado por el escritor y periodista George Orwell, quien sostenía que la verdadera función del periodista consiste en “publicar lo que alguien no quiere que se publique”.
Por su parte, Rodolfo Walsh, símbolo de la resistencia intelectual frente a la censura y la violencia estatal, afirmaba que “el periodista debe apostar por la verdad, por más peligrosa que sea, como único principio ético y profesional”. Y agregaba: “El periodismo es libre o es una farsa, no hay término medio”.
Completa esta reflexión el periodista y escritor Bill Kovach al afirmar que “el periodismo es la primera versión de la historia. Las pautas éticas son para los periodistas como las estrellas para los antiguos navegantes”.
Luego de recordar estos conceptos, que durante buena parte del siglo pasado cimentaron al periodismo como profesión y como servicio público, cabe preguntarse si la deontología periodística contempla hoy, con la misma firmeza, los deberes mínimos e irrenunciables de la práctica profesional.
Los desafíos del futuro: ¿qué periodistas para qué periodismo?
En el contexto actual, dominado por la cultura de la hiperconectividad y atravesado por discursos que buscan desacreditar al periodismo, mientras una minoría concentra el poder político y económico en detrimento de amplios sectores sociales, sigue habiendo personas cuya tarea consiste en comprender la realidad, analizarla e informar sobre ella. Ese es el papel del periodista.
Los claroscuros acompañan al periodismo en su recorrido por las sociedades digitales. También es cierto que muchos profesionales han abandonado la esencia del oficio, convirtiéndose en meros transmisores de los intereses del poder, reproduciendo discursos sin ejercer la necesaria mirada crítica, a cambio de beneficios económicos o posiciones de privilegio.
El periodismo del futuro estará marcado por la inteligencia artificial, la lucha contra la desinformación y la necesidad permanente de adaptarse a un entorno mediático en constante transformación. No cabe duda de que la inteligencia artificial generativa representa la próxima gran revolución tecnológica, una revolución que trae consigo una enorme cantidad de interrogantes. ¿Cómo afectarán estos cambios al ecosistema de la información? ¿Fortalecerán o debilitarán la calidad del debate público? ¿Contribuirán a una ciudadanía mejor informada?
Estas preguntas cobran especial relevancia frente a las posiciones que sostienen que la inteligencia artificial no debe tener ningún tipo de regulación. El debate excede la cuestión tecnológica: involucra la libertad de expresión, la calidad democrática y el funcionamiento mismo de las instituciones. La pregunta es hasta dónde puede llegar una tecnología de semejante potencia cuando se combina con proyectos políticos que promueven la desregulación absoluta.
Alguien me decía que estos son tiempos para observar a los periodistas y a los medios como quien observa un automóvil impecable que está por comprar. Conviene mirar debajo del capot. Porque detrás de cada discurso, de cada silencio y de cada línea editorial, existen intereses, relaciones de poder y decisiones que merecen ser conocidas. Después de todo, el control del pensamiento sigue siendo un negocio próspero.
Feliz Día de las y los Trabajadores de la Información

