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La pelea con Trump y Milei le da alas a la reelección de Lula en Brasil

Las injerencias externas refuerzan el discurso nacionalista del presidente brasileño en su disputa electoral con el clan Bolsonaro. A pocas semanas de que los brasileños acudan a las urnas, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, libra una batalla en solitario contra los principales representantes de la extrema derecha americana, empezando por Donald Trump. En pocos días se han acumulado crisis diplomáticas con el presidente de Estados Unidos y con el argentino Javier Milei: sanciones, aranceles y desaires diplomáticos desde el norte; insultos y desplantes desde el país vecino.

6 agosto, 2026

11:53 am

POR: Joan Royo Gual-elpais.com

 

En pocos días se han acumulado crisis diplomáticas con el presidente de Estados Unidos y con el argentino Javier Milei: sanciones, aranceles y desaires diplomáticos desde el norte; insultos y desplantes desde el país vecino. Lula trabaja estos días para transformar las crisis en argumentos en defensa de la soberanía nacional, y sobre todo para dejar claro ante la opinión pública que los ataques a Brasil tienen un responsable dentro de casa: Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente y su principal rival en las elecciones que se celebrarán en octubre.

Los problemas más serios llegan desde Washington. Esta semana, la administración Trump negó la visa a la embajadora brasileña alegando que Brasil estaba tardando demasiado en aceptar a su candidato a embajador. Lula definió ese gesto como “irresponsable” e “impensable” entre dos países con más de 200 años de relaciones diplomáticas. La Cancillería brasileña, siempre prudente, también elevó el tono. Consideró el gesto gravísimo y lo atribuyó “al interés fuera de lugar en interferir en las próximas elecciones presidenciales”.

Pocos días antes, Brasil había negado el visado a dos emisarios del Departamento de Estado de Estados Unidos. El argumento fue que tenían previsto intoxicar y participar en la estrategia de desinformación de la ultraderecha brasileña para poner en duda la fiabilidad del sistema electoral. La alargada sombra de la Casa Blanca preocupa en Brasilia tanto como los hilos que mueven los señores de Silicon Valley. El Gobierno teme una campaña masiva de noticias falsas en redes sociales, que en estos comicios podrá verse agravada por el uso de la inteligencia artificial.

El episodio de la embajadora llegó cuando Brasil aún se recuperaba del último golpe de la guerra comercial de Trump. El republicano aplicó a los productos brasileños tarifas del 25%, con la justificación de que Brasil practica competencia desleal, por, entre otros motivos, haber desarrollado un exitoso sistema de pagos electrónico, el Pix, que está mermando los beneficios de empresas estadounidenses; también por intentar imponer una mínima regulación a las big techs, cuyos magnates están cada vez más alineados con el trumpismo. Poco después se sumó otra tarifa del 12,5% con el argumento de que Brasil exporta productos realizados con trabajo forzoso, algo que el Gobierno brasileño también rebatió.

Para Lula, cada golpe procedente de la Casa Blanca es una oportunidad para acercarse a la clase empresarial y para recordar quiénes son los responsables en última instancia: los miembros de la familia Bolsonaro. Los hijos del expresidente presionan desde hace más de un año a Trump para que aplique sanciones a Brasil para frenar el juicio a su padre, por intento de golpe de Estado. Otro de los hijos del patriarca, el exdiputado Eduardo Bolsonaro, vive en Estados Unidos dedicado a esas presiones. Hace justo un año, Trump imponía a Brasil un tarifazo del 50%, el más alto del mundo, como represalia por la “caza de brujas” a su amigo Bolsonaro, su discípulo en los trópicos. También hubo sanciones contra el juez que lideró el proceso y contra autoridades del Gobierno. A pesar de las presiones, el juicio siguió adelante con normalidad y Bolsonaro padre fue condenado a 27 años de cárcel.

Ese vínculo entre Trump y los Bolsonaro es una de las principales bazas electorales de Lula, que con frecuencia se refiere a ellos como los “traidores de la patria”, por anteponer sus intereses personales a la economía del país. Ese discurso nacionalista le funcionó muy bien durante el tarifazo de hace un año y fue clave para recuperar popularidad. Ahora, todo indica que insistirá en esa estrategia, aunque habrá que ver cuál es su techo. Por el momento, las encuestas dan a Lula algo de ventaja frente a Flávio Bolsonaro, pero el escenario está muy abierto y todo apunta a un resultado ajustado.

“La injerencia estadounidense acaba siendo beneficiosa para Lula, sobre todo si el Gobierno consigue colgarle a Flávio Bolsonaro la responsabilidad que tuvo en ese proceso de perjudicar a Brasil para obtener beneficios personales”, explica Leonardo Paz Neves, investigador del Núcleo de Inteligencia Internacional de la Fundación Getúlio Vargas de Río de Janeiro. Para el especialista, el tamaño, el peso geopolítico y la cada vez menor dependencia de las exportaciones a Estados Unidos hacen que Brasil pueda permitirse sacar algo de pecho y no bajar la cabeza cuando Washington estrecha el cerco.

Los dolores de cabeza para los diplomáticos brasileños, no obstante, también llegan desde más cerca. Hace pocos días, Milei acudió a São Paulo a arropar el lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro y aprovechó para insultar a Lula, abriendo una nueva crisis entre los dos países. Brasil y Argentina tienen dos economías muy interdependientes, pero las relaciones están prácticamente congeladas desde que Milei llegó a la Casa Rosada. Desde el Gobierno de Lula se trata siempre de no responder a las provocaciones y mantener los canales institucionales abiertos.

Con incendios en tantos frentes, apenas ha tenido repercusión otra crisis, esta menos grave, procedente de Paraguay. El gobierno del conservador Santiago Peña se quejó de unas declaraciones de Lula sobre la guerra de la Triple Alianza, que entre 1864 y 1870 unió a Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay, un conflicto que prácticamente acabó con todos los hombres adultos paraguayos y que es especialmente sensible en Asunción.

Durante un discurso improvisado, Lula simplificó el origen de la guerra al decir que “un bello día, Paraguay decidió invadir Brasil” y al final la guerra duró cinco años. Lula y Peña hablaron después por teléfono y todo indica que la crisis no irá a más. En cualquier caso, en los últimos días, Lula ha aumentado las referencias bélicas en sus discursos, subrayando que las Fuerzas Armadas tienen que estar preparadas para “que nadie meta la nariz” en Brasil y que la izquierda tiene que entender de una vez por todas que invertir en defensa es muy necesario, porque Brasil tiene una frontera inmensa que proteger.

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