“La rosa es sin porqué, florece porque florece” (1), pero que lo haga ahora, en la aridez de la barbarie, de la destrucción de la cultura, del cierre del Coro Nacional de Niños, cruel, brutal, insensato, es infinitamente conmovedor, es imperiosamente necesario.
El arte sucede (2) en el mundo, sucede en nuestro país, sucede contra los embates, como resistencia, y simplemente, tenaz, enternecedoramente sucede. Sucede la rosa sin motivo, sin explicaciones, sus espinas inquietantes, su rojo intenso, su aroma me envuelve en los jardines floridos, en los balcones poblados de macetones de geranios donde porque sí crecen y los helechos se fugan rebeldes como las 19 Flores Rojas de Trelew, por las grietas descuidadas de los muros pretorianos, en un descuido milagroso, en una ciudad que parece hundirse literalmente en las turbias aguas de un río de males que acecha y en la tristeza de su gente que, de nuevo, aun en el medio del lodazal, con maravillosa terquedad, la cultura florece y florece.
Sucedió el hecho fantástico que se desplegó en la Feria del Libro de la SADE, la apuesta de un grupo de escritores empeñados a expandirla. Sucedió, me ocurrió de la nada, en la invitación a participar de la Jornada Escuela-Familia y Comunidad de la Escuela Juana Azurduy, donde fui, estuve y aprendí con otros, esos que están, que se quedan en los días difíciles, que llegan despacio sin prometer el cielo pero te hacen sentir menos solo, donde una mano adolescente escribió en una cartulina “no hagas a los otros lo que no te gusta que te hicieran…”, donde se construye hogar, donde nunca estás solo, ese hogar en el que se construye comunidad y cuidado.
Estuve allí, invitado por Vanesa, Vanina, Marianela, corazones docentes, para compartir la palabra como una frazada que cobija del frío. Ahí, en ese microespacio escolar, todo el amor, toda la emoción sublimada en una ronda de lectura, en un leer por leer, sorprendido de las glosas poéticas de Valentín, salidas del dolor y hechas poema, y de los otros chicos, que en ese rito, como dijo Nadina Barbieri, esa maravilla que transporta con su voz mundos extraordinarios, mentando al Principito, dijo, ese rito, ese momento único en el que los pibes, en círculo, en la biblioteca, mirándose las caras, mirándonos a los ojos, fueron sacándose la piel del pudor y vistiendo de magia esa aula cálida en medio de la humedad y del frío, de la llovizna melancólica y el cielo plomizo, leyendo producciones increíbles, atónitas. ¡Ay, pero cómo escriben nuestros chicos! ¡Cuántas bellas poesías, reflexiones, pensamientos, que estaban como cosas entre las cosas, esperando un oyente para ser dichas, un lector para ser leídas! ¡Cuántos tesoros hay para desenterrar, para abrir las playas de la esperanza en el futuro que son estos jóvenes, ahí guardados, ahí esperando!
Ahí están los jóvenes y sus docentes y el arte que sucede y las flores que florecen porque sí. Un grupo de alumnos de la escuela José Gervasio Artigas creando una representación teatral que tramará la vida de Alfonsina Storni, para pensarla, problematizarla, transformarla en herramienta de cuidado para el mes amarillo, en el que se concientiza sobre la prevención del suicidio, y me dan el placer, el orgullo de acompañarlos, de ser parte de un proyecto que esparce su inspiración poética en ese diálogo único e innovador que revaloriza la vida de la escritora que escribía para no morir, asfixiada por las paredes de una oficina, un mundo de hombres, de opresiones, de prejuicios, una loba valiente que quebró con el rebaño, que tuvo un hijo, fruto del amor, de amor sin ley, una mujer precursora, muy reconocida a los que los chicos quieren recrear e imaginar otra forma al fin, otros modos, de canalizar tanto dolor, alternativos de su trágico final, ¡qué feliz me hace que me inviten a esa tarea vital!
Y estará el 24, ahí, ya se va volviendo buen hábito, las Terceras Jornadas de Didáctica y Promoción de la Lectura “Borges Lee”, en la Escuela “Jorge Luis Borges”, con un programa extraordinario (2) del que me han hecho parte para mi mayor alegría de lector, de amante de la lectura, de promotor de ese espacio de encuentro llamado “Leer por leer”. De esa pasión dichosa, del goce del diálogo con el espíritu y el pensamiento de quienes escriben obras bellísimas y —milagro asombroso— de la conversación exquisita con los ausentes, hecho fantástico, alucinado, por el que “Con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos, y escucho con los ojos a los muertos” (3). La palabra, la escritura, la lectura, es una pasión que merece ser promovida como acto de resistencia y liberación. No en vano los tiranos queman libros, persiguen poetas, censuran la imaginación, impugnan sus derechos para imponer la brutalidad y el autoritarismo. Bienvenido Borges, bienvenida la escuela que lleva su nombre, que, como en el amor platónico en el que cada cual busca su mitad perdida, ofrece amorosamente “que esa cosa entre las cosas, que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos”, que esos símbolos encuentren sus destinatarios, para que ocurra “esa cosa singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica” (4), ese encuentro entre la vida y los ojos, para que la imaginación, la magia, el intercambio autor-lector, suceda. En esta época en que un real atolondrado vacía el alma, que hunde mortecino el espíritu y la vida, que estos encuentros sucedan, esperanzan. Vaya si los necesitamos.
Sergio Luis Brodsky
- Poema de Ángelus Silesius.
- Jornadas reconocidas por la Dirección Departamental de Escuelas. Puede buscarse información en la Escuela Borges.
- Poema de Quevedo.
- Jorge Luis Borges, “Biblioteca personal”, prólogo.

