El comportamiento predominante está marcado por picos de ocupación asociados a fines de semana, eventos culturales, festivales y competencias deportivas, más que por reservas anticipadas o estadías largas. Allí donde existe una agenda activa y una propuesta clara, la demanda responde rápidamente y la ocupación se acelera.
CAME destaca que el visitante actual controla más el gasto y ajusta la duración de su estadía, con promedios que oscilan entre tres y cuatro noches en destinos de vacaciones plenas y permanencias más cortas en plazas de paso o escapadas regionales.
El consumo, aunque más selectivo, sigue generando un impacto económico significativo en las economías locales.
Los eventos y la cultura aparecen como los principales motores de la temporada, funcionando como disparadores del viaje y sosteniendo la actividad turística incluso en un contexto de mayor prudencia en las decisiones de consumo.


