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La Argentina de la derrota

Entre denuncias cruzadas en el oficialismo y señales de reconfiguración opositora, una lectura histórica sobre cómo las fracturas internas, la crisis económica y la pérdida de legitimidad ya marcaron el rumbo de un gobierno en retirada en la Argentina. Con el telón de fondo del 2 de abril, la actualidad política se vincula con los años finales de la dictadura.

Por: Veronica Lopez

6 abril, 2026

3:37 pm

Las novedades de la semana corta circularon en torno a las denuncias al Jefe de Gabinete, Adorni, llamativamente encabezada por una diputada de su mismo partido. El “caso” Adorni, deja al desnudo lo que ya es un grito a voces, las profundas discrepancias en el interior del gobierno libertario. Las disputas ya son inocultables a tal punto que los avances sobre el Jefe de Gabinete son portada de los diarios La Nación y Clarín, que hace escasos meses eran fieles portavoces, más que la del limitado portavoz oficial, de las políticas gubernamentales.

Lo que no deja dudas que a poco (más o menos) de transitar cualquier gobierno, son las disputas internas las que abren las puertas para la organización de la oposición. Lo que quedó demostrado en la vigilia realizada en la Carpa de la Dignidad, por el 2 de abril “Día del Veterano y de los caídos en la Guerra de Malvinas” y en el Acto por el 44° de aniversario de la Guerra de Malvinas, en Ushuaia, donde el gobernador Gustavo Melella invito a los gobernadores Axel Kicillof y Ricardo Quintela. Foto que habla mucho de lo que lo que sucede en la oposición, mientras el oficialismo se debate entre denuncias de corrupción.

En relación a la fecha que se conmemoró este 2 de abril, es oportuno profundizar en el análisis de qué sucedía y cómo llego el gobierno militar a la Guerra de Malvinas.

Hacia 1980 habían pasado cuatro años del inicio de la Dictadura Cívico Militar Eclesiástica. Dos señales empezaban a visualizase. Una los ruidos internos en la F.F.A.A; otra la reorganización del frente sindical y político partidario.

Pasada la primera fase de represión absoluta, que era el consenso unánime de las FFAA, se evidencian con nitidez tres líneas internas:

_ Socialcristiana – liderada por Videla y Viola: sostenían la idea de un gobierno sin plazos, para lograr un país occidental, cristiano, con principios morales, consolidación económica, mejora en la situación social y finalmente elecciones.

_ Nacionalista popular – liderada por Massera: buscaba apoyo popular sobre la base del triunfo sobre la subversión, carismático, con la idea de un peronismo sin Perón, con mucha ascendencia en la Marina.

_ Línea dura – liderada por Suárez Masón y Menéndez: antiperonista y antimarxista extrema, dispuesta a mantener una dictadura indefinida, con el programa económico-social de Martínez de Hoz hasta sus extremos.

Viola sucede a Videla, en marzo de 1981, luego de una complicada negociación entre las tres fuerzas y las tres líneas, esto lo posicionaba en una situación incómoda porque contaría con menos consenso y menos poder que su antecesor; se lo consideraba un militar con tacto político y lo pone en juego cuando inicia su gobierno e intenta sumar civiles al Proceso, así designa en cargos de la administración a muchos civiles, de partidos afines ideológicamente al gobierno.

El intento de Viola no dio resultado, mientras la economía asfixiaba y enviaba a la pauperización a importantes sectores sociales. Esta es la parte de la historia económica del país que más resuena con la actualidad.

Para detener las “corridas” hacia el dólar, el gobierno (hacia 1979) empieza a retrasar la paridad cambiaria y el peso quedó sobrevaluado ( dólar barato). La tasa de rendimiento de la producción era muy inferior a la financiera, las regulaciones bancarias favorecían el ingreso de capitales golondrinas atraídos por los elevados intereses y la garantía de no devaluación. Ambos fueron los padres de la “bicicleta financiera” y la “plata dulce”. ¿Cómo funcionaba esto? Se cambiaban, por ejemplo, U$D1000 a $5 cada dólar, se ponían los $5000 a un interés del 20% semanal, se los retiraba volvían a comprar y se obtenían U$D 1200, la ganancia en dólares era fabulosa. Con el peso sobrevaluado nace la “Plata dulce” y el “deme dos” que se hizo popular en Miami, para la clase media acomodada, y en Brasil para la clase trabajadora, que intentaba lograr un rendimiento extra a sus bajos salarios.

Mientras el déficit fiscal se compensaba con nuevos créditos pedidos a la banca internacional, especialmente al FMI, es llamativo como se accedía a esos créditos, cuando estaba claro que se estaba gestando una deuda incobrable.

La inflación no cedía y se volvía inmanejable y ahí aparece un concepto económico que es justo sobre el que nos encontramos parados ahora “estanflación”, es decir inflación más recesión. Hoy la inflación aparece camuflada y manipulada, pero no puede ocultarse de la realidad, mientras fabricas cierran, el desempleo azota, y los comercios bajan estrepitosamente sus ventas.

En 1980 el sistema colapsó. Quebró el Banco de Intercambio Regional dejando a numerosos ahorristas en la calle. Se desató el pánico financiero y hubo una masiva huida de dólares de los capitales golondrinas, sucedido por la quiebra en cadena de varios bancos.

Por otra parte, empezaba a aparecer en escena el dirigente sindical cervecero Saúl Ubaldini, quien no parecía temer a confrontar con el gobierno, disponiendo, en julio de 1980 una huelga general y en noviembre un paro con movilización. Así, la unidad de la CGT demuestra que han perdido el miedo al régimen.

Mientras, los medios se animan a hablar de los “desaparecidos” y se hace público el ataque al periodista Manfred Schönfeld, del diario la Prensa, lo que años antes era impensado.

Hacia junio de ese año aparece la Multipartidaria, donde peronistas y radicales, junto a dirigentes de otras fuerzas políticas empiezan a demandar apertura participativa

En este contexto, en lo que se consideró un golpe dentro del golpe, Leopoldo Galtieri asume la presidencia, proveniente de la línea de Massera y con el respaldo del Presidente Reagan. Ya era inocultable las diferencias al interior de las FFAA.

Galtieri busca reafirmar la confianza pública con la designación de Roberto Alemann en la cartera de economía y a Nicanor Costa Méndez en relaciones exteriores, mientras que el general Alfredo Saint Jean se hace cargo del área política. Fortaleció las relaciones con el gobierno de Reagan e intento un acercamiento con los partidos políticos, con la certeza de que “las urnas están bien guardadas” como expresaría por esos años. En este camino populista organiza “el gran asado nacional”, en un viaje a La Pampa, donde asisten más de 10.000 personas, en febrero de 1982, pero esto no le generó redito político alguno.

El clima social estaba cada vez más convulsionado, entre la pauperización de los salarios, las denuncias de corrupción y la creciente oposición hacia el régimen militar. En ese marco el 30 de marzo de 1982, el gobierno toma conciencia del descontento social cuando se produce la multitudinaria marcha “Por pan, paz y trabajo”, convocada y encabezada por la dirigencia sindical, pero con un amplio apoyo de las bases, en todo el país. La marcha culmina con una violenta represión policial en Buenos Aires y Mendoza, pero además desde los balcones de los edificios las fuerzas policiales fueron atacadas con botellas y objetos diversos, lo que demuestra la inocultable debilidad del gobierno de Galtieri.

Desde 1981 Massera pergeñaba la recuperación de Malvinas, considerando que eso generaría el apoyo popular que estaban necesitando. La excusa fue perfecta cuando un grupo de operarios de una empresa chatarrera argentina desembarca en la Isla San Pedro, en Georgias, lo que produce discrepancias diplomáticas.

Así dadas las cosas en el territorio y la oportunidad en las Islas, en las últimas horas del 1° y las primeras del 2 de abril de 1982, las tropas argentinas fueron desembarcando en la Isla Soledad.

La historia que continuó fue que la misma plaza que un día antes se había llenado reclamando al gobierno, ahora se llenaba para aplaudir y vivar a Galtieri.

Lo sucedido en los meses de ocupación, requieren otro análisis, porque dejaron al descubierto no solo la improvisación del plan, sino también la falta de expertis estratégica, y fundamentalmente la cobardía de los altos mandos de las fuerzas, que no solo se quedaron mayoritariamente en tierra firme, sino que los que estuvieron en el teatro de operaciones continuaron aplicando sobre jóvenes soldados, de apenas 18 años, las mismas políticas represivas y de tortura, de los años de persecución sobre la población argentina.

Lo que la historia deja claro es que no se puede pedir políticas diferentes a quienes llegan al poder con mandatos de recorte, represión, improvisación y con un solo plan “disciplinar” a la clase obrera.

Verónica López

Lic. en Cs de la Educación.

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