Las proyecciones privadas ubican el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en una franja de entre 2,2% y 2,5%, por debajo del 2,6% registrado en abril. El propio Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central estima una variación cercana al 2,3%, en línea con esa lectura más optimista.
De confirmarse estos números, mayo podría convertirse en el registro más bajo desde octubre de 2025, lo que el Gobierno interpretaría como una señal de consolidación del sendero de desinflación. Sin embargo, distintos analistas advierten que la baja aún es “gradual” y que la dinámica de precios sigue lejos de una estabilidad sostenida.
En la previa, el dato de la Ciudad de Buenos Aires —2,1%— funcionó como referencia anticipada, aunque con diferencias marcadas entre rubros: mientras algunos precios mostraron moderación, otros continúan presionando al alza, especialmente alimentos y servicios regulados.
Entre las consultoras, LCG estimó una suba de entre 2,2% y 2,4%, mientras que Equilibra señaló que la baja de los precios regulados fue clave para contener el índice, compensando aumentos estacionales fuertes, como el salto en verduras. Analytica, en tanto, proyectó un 2,5%, mostrando que el rango de dispersión todavía es significativo.
El punto que genera más atención es justamente ese: la desaceleración existe, pero no es homogénea. Detrás del número general, los componentes del IPC siguen mostrando tensiones, con algunos rubros todavía lejos de un comportamiento estable.


