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«Cosecha Blanca»: cocaína, tercerización y trabajadores exprimidos hasta el límite

La investigación judicial por el presunto uso de cocaína como forma de pago de jornales a cosecheros de la fruta de Concordia vuelve sobre una discusión que excede el episodio de este fin de semana que terminó con dos detenidos. El fiscal Francisco Bernhardt confirmó que la pesquisa comenzó con un informe de inteligencia de la Policía Federal y que existe un antecedente de características similares en 2018. Por su parte, el histórico dirigente del Sindicato de la Fruta, Alcides Camejo, sostiene que el uso de drogas dentro del circuito de la cosecha no es una situación excepcional y denuncia que contratistas se aprovechan de la vulnerabilidad y de los consumos problemáticos para reducir costos, aumentar el rendimiento del trabajo y quedarse con una parte mayor de lo que genera cada jornada. Un sistema laboral que tiene como último eslabón a los trabajadores más pobres y vulnerables de la región.

Por: Federico Odorisio

7 septiembre, 2026

8:11 pm

La noticia que trascendió durante el fin de semana parecía, en principio, circunscripta a un procedimiento policial. Un colectivo que trasladaba trabajadores rurales fue detenido sobre la Ruta Nacional 14 y la Policía Federal encontró 45 envoltorios de cocaína. Luego, durante un allanamiento en una vivienda vinculada a los sospechosos, fueron encontrados otros 15 envoltorios, dinero en efectivo y celulares.

Dos hombres, identificados como M.S.S. y S.A.N., quedaron detenidos y fueron acusados de comercialización de estupefacientes. Ambos están vinculados al traslado de trabajadores rurales desde Concordia hacia establecimientos citrícolas de la región. Pero el dato que llevó el caso a otro terreno es la hipótesis que intenta determinar la Justicia: que parte de la cocaína podría haber sido utilizada como forma de pago, o de compensación, por el trabajo realizado durante la cosecha.

El fiscal federal Francisco Bernhardt explicó que la causa se inició a partir de un informe de inteligencia de la Policía Federal elaborado en junio. A partir de esa información comenzó una investigación que permitió localizar a un trabajador de la cosecha que declaró como testigo y cuya identidad se mantiene bajo reserva.

Según relató este trabajador, que además atraviesa una situación de consumo problemático, al momento del pago los hombres detenidos recorrían el colectivo ofreciendo cocaína a los trabajadores.

Bernhardt explicó que, frente a la situación de vulnerabilidad de las personas involucradas, se optó por intervenir rápidamente para interrumpir la actividad que se estaba investigando. Esa decisión tiene sus pro  y contras: la ventaja es detener una maniobra delictiva donde las victimas son personas en situacion de mucha vulnerabilidad. La desventaja es un cierto costo para la investigación, porque una intervención temprana impide seguir indagando de incógnito y puede impedir determinar hasta dónde llegaba el circuito, si se trataba de una situación aislada o de una práctica habitual y generalizada con otros actores involucrados.

Ahora, los teléfonos secuestrados durante el procedimiento aparecen como una de las principales herramientas para intentar reconstruir qué había detrás de la maniobra. Los detenidos serán indagados durante la próxima semana y luego la jueza federal de Concordia Analía Ramponi deberá resolver si corresponde dictar la prisión preventiva.

Un antecedente de 2018

El fiscal recordó que en 2018, cuando se desempeñaba como fiscal federal auxiliar en Concepción del Uruguay, tuvo bajo su jurisdicción una investigación por comercialización de drogas en Concordia que presentaba características similares.

El antecedente no permite asegurar que el mecanismo investigado ahora sea habitual dentro de la cosecha, pero sí establece que el episodio actual no sería el primer antecedente judicial de una maniobra de este tipo en Concordia.

Cocaína, tercerización y explotación

Para entender por qué el hecho del fin de semana puede exceder el expediente por comercialización de drogas hay que repasar cómo funciona el circuito laboral de la cosecha.

El productor necesita trabajadores durante determinadas etapas de la temporada. Allí aparecen los contratistas o empresas que tercerizan parte de la actividad: reclutan trabajadores, forman las cuadrillas, organizan los traslados a las quintas donde se realiza la cosecha.

El trabajador queda en el último eslabón de esa cadena. Y es también quien tiene menos capacidad para discutir las condiciones en las que trabaja.

Alcides Camejo, histórico dirigente del sector de los trabajadores de la fruta, sostiene que ese esquema permite que el contratista obtenga importantes márgenes mientras reduce lo que finalmente queda en manos del trabajador.

Según su explicación, actualmente el productor paga alrededor de $14.000 por bin, cuando, de acuerdo con lo que sostiene Camejo, debería pagarse entre $25.000 y $28.000. De esos $14.000, afirma que unos $8.000 quedan para el trabajador y aproximadamente $6.000 para el contratista.

A partir de allí, sostiene que quienes manejan las cuadrillas buscan preservar su margen de rentabilidad recurriendo a diferentes mecanismos, entre ellos la venta de mercaderías (como la venta de comida, bebidas y otros productos a los trabajadores durante los traslados y las jornadas de cosecha) y también de drogas dentro del propio circuito.

Camejo aseguró que la cocaína como forma de pago tampoco sería una novedad.

El dirigente sostiene que hace casi 10 años había intentado advertir a las autoridades sobre la presunta utilización de drogas dentro del circuito de la cosecha.

“Yo lo denuncié en 2017 ante la señora que era Ministra de Gobierno y Justicia de Entre Ríos. La señora no me contestó, no me contestó y me bloqueó. Yo quería que fuera a pedirle a Gendarmería o a la Policía Federal para hacer estos operativos. Esto yo lo sabía, es de público conocimiento, todos te lo dicen, hasta la Policía te lo dice. Pero si no hay orden de arriba, no pueden hacer nada”, afirmó.

Pero el planteo de Camejo tiene otra arista y es que la droga no solo podría estar funcionando como una herramienta de explotación laboral para capturar parte del ingreso del trabajador y aumentar el margen de ganancia de quienes manejan la cuadrilla, sino también como una forma de que el trabajador rinda más, soportando el cansancio, el hambre y las temperaturas extremas.

Según el dirigente, los trabajadores comienzan a consumir desde el momento en que suben al colectivo. Durante la jornada, sostiene, reciben nuevas dosis y el valor de esas sustancias se va descontando de lo que finalmente deberían cobrar.

Camejo afirma que trabajadores que pueden generar entre $70.000 y $80.000 durante una jornada terminan llevando a sus casas apenas $5.000 o $10.000, o directamente nada, porque parte del dinero queda en manos de quienes les suministran la droga.

En ese sistema que describe, el contratista no solo recuperaría parte del dinero que paga por el trabajo, sino que además, la droga funcionaría como una herramienta para incrementar el rendimiento de algunos trabajadores, que podrían permanecer durante más tiempo realizando tareas físicas y postergar momentos de descanso o alimentación.

De comprobarse una modalidad de esas características, el problema dejaría de ser exclusivamente laboral o exclusivamente penal. La droga pasaría a formar parte de una relación de trabajo perversa porque se apoya justamente en la vulnerabilidad de quien tiene menos herramientas para defenderse.

“No debe haber trabajador más vulnerable que el de la cosecha, y tal vez el de la forestación, el del monte”, resumió Camejo.

El trabajador de la cosecha ocupa desde hace décadas uno de los lugares más frágiles del mercado laboral regional.

Es un empleo temporario, físicamente exigente y condicionado por la producción. Para muchos trabajadores representa una fuente de ingresos indispensable durante una parte del año. La necesidad de conseguir una jornada por unos pesos pesa más que la posibilidad de discutir condiciones laborales.

En ese contexto, el consumo problemático agrega una vulnerabilidad adicional. Y Concordia aporta el escenario especialmente sensible de arrastrar desde hace años niveles de pobreza extraordinariamente elevados y una situación social en la que cada vez resulta más visible la presencia de consumos problemáticos en los barrios más postergados.

Además, la venta minorista de drogas puede convertirse en una forma de supervivencia para algunas familias y el «transa» del barrio puede terminar ocupando espacios que el Estado deja vacantes: dar trabajo, prestar dinero, ayudar a sostener un comedor, colaborar con un club, resolver problemas cotidianos y establecer la leyes de la calle.

En tanto, el caso particular de los trabajadores de la fruta también mostraría un sistema laboral en el que la pobreza, la tercerización, el consumo problemático y la necesidad de sobrevivir pueden haberse convertido en partes de un mismo negocio, donde los niveles de explotación estarían llegando a extremos de deshumanización de graves consecuencias sociales.

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3 comentarios

  • Orlando Sosa

    …el sistema capitalista ,es el modelo mafioso más poderoso del planeta…una lacra de la humanidad coo expresa Carl Marx NACIO CHORREANDO SANGRE Y BARRO…

  • lo único que va para arriba y cada vez más alto son los negocios inmobiliarios, edificios cada vez más grande y cada vez menos gente viviendo ahí. Raro, no?

  • El lobby eterno de la citricultura, industria con las autoridades de turno
    Por eso la ciudad más pobre con prestamistas más rico….
    Condenados de la vida, nuestro pueblo concordienses

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