Carteles arrancados
A poca distancia del Castillo de San Carlos, sobre un sendero, hay un cartel de madera que establece la prohibición de circular en bicicleta tirado en el suelo. Alguien lo sacó del sendero ya que fue colocado en el medio del mismo para que no puedan cruzar y lo arrojó al piso para poder seguir entrenando. No son ciclistas recreativos quienes suelen rodar por las calles aledañas al Parque sin inconvenientes: son quienes concurren al Parque para entrenar en los caminos que suben y bajan de los cerros.
En esos lugares no pueden circular para proteger la vegetación. “Los ciclistas no comprenden esta cuestión”, acotó Molina. “Que sea un espacio público no significa que podamos hacer lo que queramos”, dijo. Hay circuitos marcados dentro del Parque, y además, generan otros espontáneos.
El conflicto estriba en que los deportistas entienden que es más importante la salud que la protección de los arboles. Para Molina, hay un problema no solo de educación sino de conciencia ambiental. Mencionó que los seres humanos forman parte del medio ambiente y se debe respetar las zonas verdes del parque. “Si no nos damos cuenta, no podemos comprender cuales son las cuestiones que debemos tener en cuenta para conservar la biodiversidad del parque, del pulmón verde”.
La Jefa del Parque entiende que los únicos visitantes que se oponen las reglamentaciones son los ciclistas. Hay carteles que impiden tirar basura en cualquier lado, que no permiten circular a perros son correa ni bozal y establecen prohibición de circular en auto por cualquier lado.
Sin embargo, los únicos que se arrancan o se queman son los de las restricciones a las bicicletas. Los demás permanecen intactos. Es no significa que son acatados por todos los automovilistas, que a veces se desvían, o los propietarios de perros; muchas veces están sueltos.
Un parque sin plan de manejo
Siempre hubo polémica en torno al uso del Parque San Carlos. Hoy son los ciclistas, ayer eran los vehículos que circulaban por cualquier lado, arrojaban basura, subían a los cerros, abrían trochas en las lomadas, camionetas que cargaban arena, árboles que aparecían quemados, monumentos vandalizados, etc.
Hay ordenanzas que establecen los usos y prohibiciones pero nadie se encargaba de hacerlas controlar. Hoy están los guardiaparques, y el personal de la Guardia Urbana. Pero aún así, Molina dijo que al parque le sigue faltando un plan de manejo, de gestión o de uso. Una vez establecidos los espacios de recreación y de conservación, tendría un encuadre legal el Parque como área natural protegida a nivel provincial.
Molina destacó que el parque tiene atractivos de diversos tipos: culturales, históricos, patrimoniales, biodiversidad, etc. “El concordiense lo relaciona con el disfrute. Sigamos disfrutando el Parque pero ¿De qué manera?, ¿Qué lugares?, ¿Cómo? ¿Qué queremos conservar? ¿El Castillo? ¿La selva en galería? ¿La zona del pastizal?”, se preguntó. Un ejemplo concreto es el Tucu Tucu, una especie protegida. Se trata de un roedor que vive bajo tierra en túneles que él mismo excava en suelos arenosos, pastizales. Molina mencionó que hay que prever situaciones potenciales como una señora que camine por el Parque y se esguince un tobillo al pisar esas madrigueras.

Tránsito controlado
Justamente, una de las polémicas que se generaron fue la imposibilidad de acceder al Parque en vehículos. Luego de la pandemia, el Parque se cerró por completo al tránsito. Posteriormente, se reabrió pero de manera limitad: solo se puede ingresar a baja velocidad, con balizas encendidas y estacionar en el Monumento al Éxodo y en el Castillo de San Carlos. En tanto, por calle Chajarí se puede acceder al estacionamiento del ex Hostal del Río.
Molina dijo que eso se mantiene sin cambios. Y la gente adoptó esa nueva modalidad. “Vemos que la gente disfruta de los niños pequeños, jugando a la pelota, con plena libertad”, remarcó. En ocasiones, ella misma recibe las críticas, cuando ingresa en su vehículo particular. “La gente nos dice ‘¡No se puede andar en auto!’. No nos conocen o no saben que uno viene a trabajar”, admitió.
De cualquier manera, remarcó que se contemplan algunas excepciones como permitir a las docentes cuando realizan alguna jornada con la comunidad educativa, a los estudiantes de corta edad cuando hay altas temperaturas, etc.

Verano sin playas
La perspectiva de un verano atípico, ensombrecido por el fenómeno del Niño, las lluvias cuantiosas y un río por encima de sus caudales habituales, requieren pensar en atractivos alternativos a las playas. Molina sostuvo que están inmersos en ese hipotético escenario y, por ello, recibieron el apoyo de la Subsecretaria de Turismo. De esa forma, obtuvieron asistencia técnica del Parque Nacional El Palmar. “Fueron muy interesantes. Fueron jornadas de encuentros para revisar cuales son las acciones de gestión que llevamos adelante y cuáles son las problemáticas que tenemos que abordar”, indicó.
El último encuentro reunió a varios funcionarios del Municipio. Molina remarcó que se necesita de la colaboración de varias secretarías y subsecretarías como Electrotecnia, Parques y Jardines, Seguridad Ciudadana, Edos, Veterinaria etc. Destacó que de esa forma, los funcionarios pudiesen abordar cuestiones tales como la recolección de residuos, la seguridad para los visitantes (el cuatriciclo con integrantes de la Guardia Urbana volverá a recorrer las calles internas especialmente de noche durante el verano), cortes de arboles, cerramientos de las tres bombas de impulsión de agua potable que están dentro del parque ya que la gente se sienta encima de ellas, el mantenimiento del corte de pasto tal como se realiza en esta gestión, etc.
Un papel fundamental juegan las ruinas del Castillo. Son el atractivo más importante de San Carlos. La Jefa del Parque sostuvo que están organizando diversas actividades como una obra de teatro producida por la escuela “El Principito” relacionada con la obra literaria del aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. En tanto, una artista plástica va a realizar un mural relacionado con la misma obra.
Normas de convivencia
En un contexto marcado por los conflictos en torno al uso del espacio público y la incertidumbre sobre las condiciones de las playas para el próximo verano, el Parque San Carlos enfrenta el desafío de consolidarse como un lugar de disfrute, pero también de conservación del patrimonio natural e histórico de Concordia.
La recuperación de sus senderos, el cuidado de la biodiversidad y la puesta en valor de las ruinas del Castillo forman parte de una agenda que requiere planificación, recursos y coordinación entre distintas áreas municipales. Sin embargo, como advirtió Molina, ninguna medida será suficiente si no existe un compromiso de los propios visitantes con las normas de convivencia.
El Parque es de todos, pero su preservación depende de que ese sentido de pertenencia se traduzca en responsabilidad. Disfrutarlo también implica respetar sus límites.



2 comentarios
Sonporfiados!!!
Los biciboludos siempre se creen superiores al resto.
Mariano
Tenemos un local bailable que fue emblema de una época, cerrado. En un momento que se necesita desarrollar turísticamente concordia, generar empleo genuino, tenemos el lujo de tener cerrado el hostal del rio. Políticas ridículas y nefastas. Y el tema que no puedan circular vehículos y bicicletas, es otra ridiculez.