La circular es digna del análisis que hace Rocco Carbone sobre el fascismo psicotizante (1): una comunicación que afirma lo que niega e impide aclarar el sentido de la contradicción y anula, de ese modo, la capacidad de pensar con claridad, es la estrategia para generar confusión y parálisis. Un ejemplo: Milei desplegando ideas fascistas en la que fuera su escuela, en un discurso que versaba contra el adoctrinamiento político en las escuelas. No es casual que varios alumnos, incluidos los abanderados, se desmayaran irremediablemente. Lo psicotizante es afirmar y negar una idea al mismo tiempo e impedir la clarificación del mensaje ante la protesta del oyente. Esos mensajes paradojales enloquecen o desmayan, como el hambre.
En este caso, la comunicación recomienda bajar los costos que supone la tradicional torta frita, al tiempo que sugiere que la intención es buscar la mejor composición nutricional. Así, la intención es mezquina, miserable, ahorrar con el hambre de los pobres, a la vez que noble y elevada al pensar en su mejor nutrición. Usted me dirá: cinismo puro, insensibilidad como la princesa de Francia mentada por Rousseau, indiferencia frente al sufrimiento, perversidad sin límites. Y sí, es verdad, es la inmoralidad que prima.
Por si quien lee ya no quedó mareado por la contradicción repugnante y además por la angustia, la recomendación del bizcochuelo que agrega la circular, como un alimento más económico, acaba con cualquier pretensión de cordura. El libro de Carbone llama al experimento político de Milei y sus cómplices fascismo, ya que lo define como la principal herramienta del capitalismo en crisis, a fin de que sus costos sean pagados por los trabajadores, con el hambre y el dolor. El fascismo, agrega, no es una idea: es la destrucción de todas las ideas. Por eso no discute con opositores, los persigue, los aniquila.
Para ello necesita construir enemigos hacia quienes dirigir el odio y la destrucción. Queda claro: «los zurdos», «los comunistas», «las mujeres que denuncian falsamente la violencia de género», «los LGBT», «los K», «los jubilados que llevan barras bravas a las marchas», «los trabajadores que alimentan la industria del juicio y funden honestos empresarios», «los trabajadores en general que quieren derechos», «las personas con discapacidad que se abusan de las pensiones y que quieren seguir viviendo, que cargan contra la policía con sus violentas sillas de ruedas en las marchas», «los chicos autistas que concientizan sobre esa condición con una intencionalidad desestabilizadora», «las personas con discapacidad que quieren abusar de las pensiones de 300.000 pesos», «los docentes que quieren cobrar salarios dignos», «los rectores universitarios que, aviesamente, no se dejan auditar», «los docentes e investigadores que quieren contribuir al progreso de la Patria», «los estudiantes que quieren estudiar pero que son demasiado gasto», «los indigentes que ocupan las calles para vivir y no dejan pasar», «los pobres que quieren vivir», los pobres que quieren comer tortas fritas cuando deben comer, por su bien, bizcochuelos», «los periodistas» y sigue la lista.
Pura casta que, para el fascismo, debe desaparecer por el bien de los argentinos de bien. Todos esos que piden pan y no le dan, piden queso, le dan hueso y le rompen el pescuezo. La canción del ajuste y la represión.
Estamos cerca de la revolución, cerca de la celebración de la Revolución de Mayo, a un día de la liberación de la tiranía, del Imperio, de los opresores, de gritar, de veras: ¡libertad!
(1) Rocco Carbone: “Lanzallamas, Milei y el fascismo psicotizante”. El doble vínculo, el mensaje paradojal, que de un modo continuo acompaña el desarrollo del niño, futuro psicótico, es el origen de la esquizofrenia para varias teorías, por ejemplo, la antipsiquiatría. Es, utilizado políticamente —y esa es la tesis de Carbone—, una estrategia comunicativa para producir alienados, individuos que se desconozcan a sí mismos, sus necesidades, al tiempo que padezcan dificultades para percibir y reconocer la realidad.

