Al justificar su paso al costado, Yasky planteó la necesidad de un recambio generacional con proyección política al indicar que “necesitamos un candidato capaz de transitar el próximo período de 10 años, con la fuerza suficiente y las capacidades intactas para defender el campo nacional y popular”.
En ese marco, posicionó a Roberto Baradel —secretario general de la CTA en provincia de Buenos Aires e histórico dirigente del sindicato docente bonaerense— como el nombre para encabezar la nueva etapa de la central obrera.
La sintonía entre ambos no es nueva: desde hace años Yasky viene señalando a Baradel como uno de los dirigentes con mayor proyección dentro de la CTA, destacando su trayectoria y su capacidad de conducción.
Críticas al escenario político y sindical
El anuncio no llegó solo. Yasky acompañó su definición con un duro diagnóstico del presente político y gremial: “Quieren desterrar para siempre cualquier signo de presencia popular y de los trabajadores del ordenamiento legislativo y político de la República Argentina”. También cuestionó el rol actual de la Confederación General del Trabajo al señalar que “Hay una conducción de la CGT que tiene la debilidad congénita de ser empleados que atienden el mostrador de la CGT, trabajando para otros gremios grandes que digitan en las sombras”.
Milei, crisis y disputa por el futuro
El dirigente también se refirió al escenario político nacional al advertir con preocupación que “Estamos en un escenario donde este gobierno empieza a dar señales de que su ciclo se termina, pero no hay claridad ni organización que permita asegurar que el fin del gobierno de Milei signifique un nuevo ciclo del campo nacional y popular”.
En ese sentido, planteó que el desafío inmediato no es solo resistir, sino que «hoy el horizonte es tratar de ensanchar el movimiento de los trabajadores, con la mayor cantidad de gremios que podamos movilizar. Hay que articular un discurso que incluya a los informales, a los independientes y a los excluidos, para la grandeza de la Nación y la felicidad del pueblo trabajador”.
La eventual llegada de Baradel a la conducción de la CTA implicaría la continuidad de una línea sindical combativa, pero también la apertura de una etapa en la que el desafío central será ampliar la representación en un mercado laboral cada vez más precarizado.


