Dicen que la política suele ser generosa con quienes esperan, pero Maximiliano Navarro Jaurena eligió el camino inverso.
Mientras la mayoría de los dirigentes todavía mira de reojo las elecciones de 2027, él ya está en campaña. Recorre barrios, visita clubes, participa de actividades solidarias, se reúne con comerciantes, profesionales e instituciones. Su presencia pública creció de manera sostenida durante los últimos meses y su nombre comenzó a aparecer con mayor frecuencia en la conversación política local.
Pero la instalación de un candidato no depende solamente de hacerse conocido. En algún momento aparece una pregunta necesaria e inevitable. ¿Puede gobernar?
No alcanza con mostrarse cercano al vecino. Tampoco con recorrer los barrios o participar de actividades comunitarias. Un intendente administra un presupuesto de miles de millones de pesos, conduce una estructura de miles de empleados, negocia con empresarios, sindicatos, universidades, organizaciones sociales y otros niveles del Estado.
Ese es el desafío que tiene por delante Navarro Jaurena.
«Me cansé de criticar desde afuera»
Si bien estuvo afiliado al radicalismo y trabajó para la campaña de Azcué, desde del sector que se refencia con el diputado entrerriano Marcelo López, Navarro Jaurena no proviene de una familia política ni hizo carrera dentro del partido UCR.
Es kinesiólogo y desde hace catorce años administra, junto a su hermano, un centro de rehabilitación que con el tiempo fue creciendo hasta sumar un segundo establecimiento dedicado exclusivamente a personas con discapacidad.
Durante la conversación vuelve varias veces sobre ese recorrido. No parece casual. Más que definirse como dirigente político, intenta presentarse como alguien acostumbrado a administrar recursos, coordinar equipos e invertir.
«Yo empecé con este consultorio hace catorce años junto a mi hermano. Después pudimos incorporar una pileta de rehabilitación y más tarde abrir un centro educativo terapéutico para personas con discapacidad. Hoy ahí trabajan más de veinte personas. Cuando uno hace lo que le gusta y administra bien los recursos, las cosas crecen. Yo no aprendí a gestionar en la política.»
Su ingreso a la política, explica, no nació de una vocación partidaria sino del cansancio.
«Me cansé de criticar desde afuera. Si quería que las cosas cambiaran tenía que involucrarme.»
Primero acompañó la candidatura de Francisco Azcué y luego aceptó hacerse cargo de la Dirección de Discapacidad cuando quedó vacante.
Dice que durante esa experiencia aprendió cómo funciona la administración pública, pero también que comprobó que la gestión no avanzaba en la dirección que él imaginaba.
Su alejamiento terminó desembocando en la construcción de un espacio propio dentro de la Confederación Vecinalista Entre Ríos.
Del deporte a la política
Antes de ocupar un cargo público, Navarro Jaurena ya era conocido en buena parte del ambiente deportivo.
Cuenta que hace alrededor de diez años comenzó a colaborar económicamente con distintos clubes de la ciudad.
La historia, según relata, empezó casi por casualidad, cuando un equipo de handball necesitaba camisetas para competir.
Después llegaron otros pedidos: Indumentaria. Botiquines. Pelotas. Redes. Cámaras de seguridad.
La explicación que ofrece no está vinculada al marketing político. Dice que cuando jugaba al fútbol en Juventud Unida de Benito Legerén muchas veces no tenían siquiera la ropa necesaria para competir.
«Me prometí que si algún día podía ayudar, lo iba a hacer. No lo hacía esperando nada a cambio. Nunca fui a un club para decir ‘mandame los lesionados al consultorio’. Lo hacíamos porque podíamos hacerlo. Después empezaron a pedirnos ayuda otros clubes, comedores y distintas instituciones. Gracias a Dios siempre pude colaborar.»
También asegura haber atravesado dificultades económicas durante su juventud.
«Yo también pasé necesidades. Sé lo que significa no tener para comer o no tener una camiseta para competir. Me acuerdo que en Juventud Unida muchas veces esperábamos que terminara de jugar la categoría anterior para que nos prestaran las medias. Esas cosas no me las olvido.»
Ese trabajo previo con clubes e instituciones aparece como uno de los pilares sobre los que hoy construye su presencia territorial.
Pero, ¿alcanza con recorrer clubes y barrios para convencer de que puede administrar una ciudad?
Navarro Jaurena reconoce que no.
Asegura que comenzó a reunirse también con comerciantes, empresarios, emprendedores y profesionales, convencido de que la discusión sobre el futuro de Concordia excede las demandas barriales.
Las recorridas pueden servir para instalar un nombre. Gobernar, sin embargo, exige otro tipo de credenciales. Cuando se le plantea que una candidatura necesita demostrar capacidad de gobierno y no solamente cercanía con los vecinos, su principal argumento vuelve a ser la experiencia de gestión tanto en el ámbito privado como su breve paso por la función pública.
Recuerda la creación de sus centros de rehabilitación, la incorporación de tecnología, la contratación de personal y la administración cotidiana de recursos.
«Yo no aprendí a administrar en la política. En la actividad privada administrás recursos propios. Si te equivocás, el que pierde sos vos. Tenés que pagar sueldos, invertir, negociar con obras sociales, incorporar tecnología y coordinar equipos. Esa experiencia creo que también sirve para administrar un municipio.»
También sostiene que su paso por la Dirección de Discapacidad le permitió conocer el funcionamiento interno del municipio.
Allí aparece una de las definiciones más interesantes: «si llegara a ser intendente, muchos cargos jerárquicos —afirma— deberían ser ocupados por empleados municipales de carrera».
No lo plantea como un reconocimiento político, lo presenta como un criterio de eficiencia.
«Hay trabajadores que llevan veinte o treinta años dentro del municipio y conocen mejor el funcionamiento que cualquiera que llegue desde afuera. Además es la manera correcta de optimizar recursos, usar el capital humano disponible, ya formado, con experiencia y no perder el tiempo en poner funcionarios políticos que no saben y van aprendiendo sobre la marcha. Que es lo que estamos viendo de manera muy clara con esta gestión.»
La propuesta supone romper con una lógica muy instalada en la política, donde buena parte de los cargos jerárquicos suelen responder a criterios de confianza política además de la idoneidad técnica. Navarro Jaurena sostiene que, en caso de gobernar, privilegiaría este último aspecto.
«El militante tiene que tener convicción y compromiso. Si eso no se entiende volvemos a caer en la misma de siempre. En el toma y daca. A mi no me importa si el empleado que yo crea que es el mejor para una jefatura o una secretaría fue militante o simpatizante de tal o cual partido. Yo quiero que esa persona sea idónea. Hay empleados municipales con veinte o treinta años de experiencia que conocen la Municipalidad de punta a punta. Muchas veces un funcionario político termina aprendiendo de ellos. Entonces, ¿por qué no aprovechar ese conocimiento? Para mí sería una manera de jerarquizar al empleado de carrera y, al mismo tiempo, ahorrar recursos.»».
La campaña más larga
Otro rasgo que distingue a Navarro Jaurena es el momento elegido para lanzarse.
Faltan todavía muchos meses para que comience formalmente la campaña y, sin embargo, ya recorre la ciudad como candidato.
Según él, eso tiene dos explicaciones.
La primera es política.
Dice que no quería aparecer únicamente cuando llegara el tiempo electoral como entiende que hace la mayoría de los candidatos.
La segunda es más pragmática.
Reconoce que necesita instalar un nombre todavía poco conocido fuera del ámbito de la salud y el deporte.
«Hay mucha gente que todavía no sabe quién soy. Por eso empecé ahora. No quiero ser de esos políticos que aparecen tres meses antes de una elección. Quiero que la gente vea que voy a seguir recorriendo los barrios antes, durante y después de una campaña.»
¿Una candidatura testimonial?
El vecinalismo suele cargar con una sospecha recurrente. Muchas veces funciona como plataforma de negociación con estructuras partidarias más grandes. ¿Qué ocurrirá si las encuestas o los votos muestran que no tiene posibilidades reales de competir? ¿Está dispuesto a integrarse a otro espacio?
«No tengo ningún interés en negociar un cargo. Yo quiero ser intendente porque creo que puedo aportar algo a Concordia. Si no ocurre, volveré a mi trabajo como hice toda la vida. Nadie me regaló nada. Empecé con un crédito para comprar los primeros equipos del consultorio. Todo lo que tengo salió del trabajo y voy a seguir viviendo de eso.»
Durante toda la entrevista Navarro Jaurena habla con la seguridad de quien está convencido de que puede llegar a la intendencia, a diferencia de otros candidatos de partidos no tradicionales cuya aspiración de máxima es hacer una buena elección.
-¿Y qué pasa si no gana?
-Yo a veces le digo a mi señora que si no se da, me voy a alejar un poco de la política porque esto desgasta mucho. Pero ella siempre me responde lo mismo: ‘Tenés que seguir. Vos querés cambiar las cosas de verdad’… Ser intendente es mi meta. Pero si no ocurre, voy a seguir trabajando de lo que hice toda mi vida. Nunca viví de la política.»


3 comentarios
María
No aprendió a gestionar desde la política »
Dice el candidato
Primero una cosa es gestionar algo privado y de pocas personas
Segundo gestionar y administrar una ciudad con/sin presupuesto
Con/sin roscas,alianzas y otras yerbas
Tercero
Con/sin filiación política»
Cómo será?
Cómo hará?
Con complicidad/silencios ante la realidad
Todos somos Gardel
Y Concordia tiene ejemplos!
Korea del Centro
Muy calladito frente a los despidos masivos, los curros tipo Vitsa, jubilados vip, etc. Tampoco reprocha nada del gobierno provincial ni nacional. Más de lo mismo.
Tito Bisleri
Démosle 40 años de gobierno ininterrumpido. Si cumplido ese plazo Concordia se ubica primera en el ranking de pobreza nacional será igual de bueno que cualquier peronista político profesional. Si Concordia queda aunque sea segunda en el ranking habrá demostrado ser mejor.