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El Camino de la Servidumbre (Parte dos)
En el relato reducido del Camino a la Servidumbre, hay muchos apellidos famosos, no por su contribución al progreso del paÃs, sino por su "entrega" de la soberanÃa, tanto fÃsica como monetaria, de la República. Muchos de estos apellidos se pierden en la historia casi sin dejar rastros de su existencia. Otros se reciclan con un cinismo asombroso, como si fuese la primera vez que participan en la traición a la Patria, apelando al nefasto exilio de la memoria que tiene nuestra sociedad.

Ahora, los que tenÃan una antigua representatividad se presentan hoy como garantes del enemigo: Mauricio Macri, Patricia Bullrich y toda la caterva que nos llevó a los sótanos de la democracia durante cuatro años. No pudimos emerger para respirar un aire más limpio que nos lleve a los pulmones la posibilidad de generar energÃa para seguir luchando por un sistema que nos saque de la profunda desigualdad que impera en nuestras pampas. Y no crea usted que dejo pasar por alto la pérdida de oportunidad que tuvo el FDT con un respaldo popular que le permitió ganar en la primera vuelta, reventándole las urnas a M. Macri, quien rojo de ira decretó una devaluación del 40%.
El FDT sufrió la pandemia, con la detención del aparato productivo, la sequÃa enorme que trajo la restricción de dólares y la Guerra de Rusia-Ucrania que elevó el precio de los commodities. Pero eso no es excusa para que el Gobierno de Alberto Fernández dejara de tomar decisiones ejecutivas que favorecÃan al paÃs, como la expropiación de VicentÃn SRL, que luego se comprobó que era partÃcipe de una gran estafa, además de los $18.000 millones de pesos que Macri le ordenó darle a Javier Gonzáles Fraga, entonces Director del Banco Nación.
El FDT tuvo un presidente en Alberto Fernández, un buen Profesor de Facultad pero carente de la ejecutividad que se requerÃa para el cargo. Fue entonces que en medio de su impotencia, el «personaje» se comió a la persona y se hizo caprichosamente dueño exclusivo de la «lapicera», cometiendo el error fatal de traer a MartÃn Guzmán para que arreglara el problema de la deuda con el FMI. Guzmán lo hizo, pero de una manera tan escandalosa que nos llevaba al default inevitable. Fue cuando Cristina se impuso para que renunciara, eligiendo curiosamente el mismo momento en que la Vicepresidenta daba una alocución. Era el «zorro en el gallinero». Las soluciones adoptadas fueron insuficientes.
En noviembre de 2022, el paÃs estaba al borde del default. Fue cuando se recurrió a Sergio Massa como el hombre de múltiples contactos internacionales, incluso con el FMI, para conseguir «oxÃgeno» económico y salvar los vencimientos de deudas que se acumulaban ese fin de año. El nuevo ministro de EconomÃa golpeó innumerables puertas y pudo, finalmente, sortear la situación, aunque sin solucionar el problema de fondo, que era la imparable inflación y, consecuentemente, el aumento de la pobreza que es lo que más siente el ciudadano común. Con todo, hizo un esfuerzo enorme para tratar de cobijar a los sectores más humildes y al sector previsional, por supuesto, con más emisión.
Luego llegó el turno de las elecciones, donde la Unión por la Patria salió segundo en las PASO y logró una diferencia de 6 puntos en las generales, delante de Milei y Patricia Bullrich. Luego, en el «ballotage», que es un fraude polÃtico, no electoral, porque permite que quienes perdieron en las generales propicien un contubernio para llegar al poder. Por supuesto, es materia opinable.
Y ahora nos encontramos con esta situación, que hace 40 años de la recuperación de la Democracia y a su supuesta institucionalidad, el campo antagónico plebiscitó la dictadura con las mismas herramientas propias de la democracia. O sea, se apoderaron de las mismas herramientas para desestabilizar todo intento de oposición a la restauración conservadora.
El poder que ganó las elecciones está constituido por una plataforma neoliberal «zombi» que produce subjetividades sin Historia. Y que está animado por lógicas mafiosas menemistas-macristas con un sesgo catalizador fascista. Este doble poder zigzaguea entre opacidades polÃticas de gran elaboración. Y lo más sorprendente es la configuración de personajes con extensos prontuarios, de corrupción y de polÃticas de entrega sistemática de la economÃa y de los recursos naturales, que «aterrizan» en el escenario donde pululan ex-funcionarios con cara de monjes benedictinos, como si «orinaran» agua bendita y la «diálisis» del tiempo, le haya depurado el cuerpo y la mente, para ser los responsables una vez más de transitar el ignominioso Camino de la Servidumbre!!!
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