En el actual escenario político, el concepto de "propiedad privada" se agita como un derecho místico e intocable. Sin embargo, para el ordenamiento jurídico argentino, este derecho no es un cheque en blanco. Tras la Reforma de 1994, y con la jerarquía de tratados como la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Art. 21), nuestra Constitución Nacional blindó un principio que hoy el poder pretende ignorar: la propiedad privada debe cumplir una función social.
Anestesia es una palabra de origen griego que significa pérdida de la sensación. Del sentir, de la sensibilidad. En estos días su uso “orgiástico” estuvo en debate. Es tal vez el signo de estos tiempos. Es quizás, más allá del uso de la sustancia específica que la produce, la búsqueda de todo consumo. Desensibilizarse. Freud decía de las adicciones que eran formas tóxicas de suprimir o cancelar el dolor innombrable. El alcohol, un quitapenas. Es probablemente por eso que el consumo sea el síntoma social predominante. Un modo de adormecerse frente al espectáculo de lo siniestro que se urde en lo cotidiano y el de lo espeluznante que parece excepcional pero reconoce las mismas raíces. Una (mala) forma, un intento fallido, de soportar el horror.
Leí hace unos días la nota de Ayelén Oliva en BBC News Mundo, “Estoy en modo supervivencia: por qué tener trabajo en Argentina no evita caer en la pobreza”, y sentí que estaba leyendo una escena conocida. Una de esas escenas que no pertenecen a una sola persona, sino a miles. Porque cuando una trabajadora formal, con estudios universitarios y jornada completa dice que vive en “modo supervivencia”, no está contando solo su historia. Está poniendo en palabras lo que mucha gente siente, aunque no siempre se anime a decirlo así.
En una siniestra maniobra de conspiración, el FBI fabricó supuestos complots para convencer a Donald Trump de que Irán buscaba asesinarlo, mientras que Israel y sus aliados dentro de la administración (AIPAC) explotaron los temores más profundos del ahora presidente de EE.UU. con el objeto de mantenerlo en la senda de la guerra.
Un número importante de videos y episodios mediáticos dan cuenta de que esta gestión tiene una “habilidad” que se destaca por sobre otras: la acción rápida para la comunicación cuando se trata de salvar las ropas y dejar mal parados a trabajadores municipales. La presión social —especialmente en redes— parece imponerse a los procedimientos administrativos, generando decisiones apresuradas y erróneas, inconsistencias institucionales y un clima de incertidumbre para quienes deben hacer cumplir las ordenanzas.
El último informe del INDEC informó una baja en el índice de pobreza en la Argentina. El dato fue presentado como un logro económico. Sin embargo, convive con una realidad cada vez más difícil de ocultar. Caída del consumo, aumento de la morosidad en las fintech y en la banca tradicional, cierre de empresas, deterioro del empleo, más personas durmiendo en la calle o buscando comida en los contenedores, jubilados que no llegan a cubrir sus necesidades básicas y trabajadores formales cuyos ingresos no alcanzan para salir de la pobreza. No se trata de percepciones aisladas. Se trata de un deterioro extendido de las condiciones de vida. La pregunta, entonces, no es si el número es correcto. La pregunta es qué está midiendo ese número.
A fin de encontrar un hilo conductor o descubrir una tendencia, no hay más remedio que meterse con la historia. La hipótesis de partida es que estamos ante una crisis sistémica de la democracia representativa, probablemente terminal.
A través de la historia se ha comprobado que las guerras son un retroceso civilizatorio, donde el homo sapiens, de la nacionalidad que sea, desata el “gen animal” para someter a otros de su misma especie. Eso sería una explicación antropológica. Pero se convierte en un hecho criminal cuando usurpadores de un poder que no les corresponde mandan a la hoguera de la guerra a quienes no habían elegido el camino de las armas para defender, como motivo principal, a jóvenes de sangre nueva que se convirtieron en víctimas del último manotazo del horror en busca de la supuesta legitimación de un poder de facto que ya había aniquilado a miles de ciudadanos en las mazmorras del horror.
En un mundo en el que la región de Medio Oriente no encuentra definición alguna, se suceden los interrogantes: por ejemplo, si hay una posibilidad de una paz concertada o si la intransigencia de Israel a aceptar algún tipo de acuerdo responde a que, para ellos, es una cuestión existencial la derrota de Irán para consumar la creación del “Gran Israel”. Tampoco Irán va a aceptar las 15 condiciones que le quiere imponer EE. UU., porque supondría una derrota humillante que no está dispuesto a conceder. La pregunta es cuál es el plan exactamente de EE. UU. e Israel al lanzar esta guerra contra Irán. ¿O es una guerra que no se puede ganar, porque Irán solo necesita sobrevivir?
En los últimos días, el debate sobre la situación docente volvió a ocupar el centro de la escena. Las expresiones y los reclamos forman parte de una realidad que no desconocemos. La educación es una prioridad, y quienes enseñan merecen siempre ser escuchados.
2 comentarios
Su
EL PERONISMO TIENE QUE PURIFICAR SUS NOMBRES Y GANA CAMINANDO, LA GENTE YA SE DIO CUENTA QUE SON UNOS DELINCUENTES, HAY QUE PROCURAR QUE DEJEN ALGO PARA CUANDO SE VAYAN.
Julio
Excelente nota, la entrega tiene nombre y apellido , tenemos que militar para que esos nombre no integren listas en las próximas elecciones , de uno y otro partido.