Gracias Paraguay, los sudacas en general y los argentinos en particular te debemos una enorme alegría
En Argentina se vivió como una final, como una reivindicación de valores del futbol de potrero, de humildad, de entrega total, de amor a la camiseta, de reivindicación de lo humano frente a la IA. Antes del encuentro los bocones ardían pontificando derrotas y canibalizando los protagonistas. El sempiterno bocón libertario José Luis Chilavert inundó los medios con la cloaca de sus botaratadas y malos augurios para sus colegas que tenían que bancarse la parada de enfrentar a uno de los grandes candidatos del mundial. Así le fue, quedo expuesto en su miseria y por sobre todas las cosas desbancado para siempre del sitial en el que se había auto colocado de ser el mejor arquero de la historia de las selecciones paraguayas. Desde ayer y para siempre ese sitial le corresponderá a Orlando Gill, el modesto arquero de San Lorenzo de Almagro, que de no cobrar en su castigado club argentino ahora disfrutará de un pase a otras latitudes y de los millones de dólares que le tocarán en recompensa por su hazaña.
Esta hazaña del futbol paraguayo vuelve a poner las cosas en su lugar. Si hay que sacar alguna conclusión del resultado es que Se Puede, que tenemos derecho a la ilusión y a la utopía, que tenemos valores que trascienden lo económico, que el sentimiento y el coraje brotan por los poros cuando creemos en nosotros mismos. Que se tratar de tener fe y confianza en lo humano, en el sentimiento, en la hidalguía, en la solidaridad y por sobre todo de la humildad y convicción de nuestros propios valores.

ALGUNOS MEMES DE LA PRENSA PARAGUAYA:

El mundial de futbol seguirá y el gobierno libertario lo seguirá usando para esconder sus delitos, pero nada es para siempre, esta pesadilla va a terminar y la selección paraguaya, con su modestia, pero también su convicción nos mostró el camino: Fe en nuestros valores y convicción para defenderlos frente a los matones y bocones que nos proponen un mundo sin valores, sin solidaridad, sin amor ni humildad.
