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¿Perunizarnos o peronizarnos?

Una definición del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, reabre un viejo debate con implicancias profundas: ¿qué significa que la Argentina “se parezca a Perú”? A partir de un recorrido histórico y político comparado, se puede advertir sobre los riesgos de una “perunización” del país: fragmentación social, debilitamiento democrático y desaparición de la clase media frente a un modelo económico excluyente. Al mismo tiempo permite reivindicar el rol del peronismo como herramienta de integración y movilidad social, en tensión con un escenario regional marcado por desigualdades estructurales.

Por: Veronica Lopez

3 mayo, 2026

10:21 am

“Argentina empieza a parecerse a un país normal como Perú”

Luis “Toto” Caputo

Las particularidades de cada país latinoamericano tienen que ver profundamente con su constitución social, a partir de la cual nacen sus ideologías, políticas y sus desarrollos económicos. La Argentina se caracterizó por tener una fuerte inmigración europea, impulsada desde la concepción de “suplantar” a la población nativa y gaucha para así “integrase al mundo”; Entre fines del S.XIX y principios del XX hubo varias oleadas inmigratorias, esto le dio al país una fisonomía social que transformó profundamente su pensamiento político, es decir su concepción de organización de la polis, y por lo tanto también su forma de concebir la economía nacional. La inmigración trajo consigo las ideas de la revolución industrial, que estaba sucediendo en Europa y las consecuencias sociales que ella implicaba.

Anarquistas, socialistas y comunistas, introdujeron una mirada sobre el rol del trabajador y el trabajo que no se dieron de igual manera en otros países. Rápidamente se forman acá los primeros sindicatos y sociedades de ayuda mutua (mutuales) lo que va creando conciencia sobre los derechos laborales y desde allí se va a desprender el primer movimiento popular de base, el radicalismo. Pasada la primera presidencia de Yrigoyen, las disputas internas dentro del radicalismo, va haciendo virar a este movimiento más hacia la representación de los pequeños comerciantes, empresarios y primeros profesionales, dejando huérfanos de representación a los obreros y trabajadores. Durante la Década Infame, el movimiento sindical unificado va transitando hacia una organización fuerte que encuentra en Perón al líder que comprende los vaivenes económicos e interpreta acabadamente la realidad internacional y nacional, para fortalecer a la masa de trabajadores y trabajadoras.

El surgimiento del peronismo va a otorgar a la Argentina de una particularidad única en América Latina, un movimiento que logró integrar a todo el arco de pensamientos, herederos de la Europa post industrial, más la nueva burguesía nacional. La amplitud y la fuerza del liderazgo caracterizaron la particularidad del populismo peronista, un populismo que represento justamente a las clases populares desde una participación plena y pudo otorgarle un lugar en el campo de la toma de decisiones y de poder.

No todos los países de América Latina tuvieron el mismo derrotero histórico, tal el caso de Perú, que fue totalmente diferente. Históricamente Perú se caracterizó por una fuerte raigambre de los pueblos originarios que transmitieron cultura, lengua y organización territorial. La colonización en Perú tuvo la clara característica de explotación extractivista, donde el fin único fue la expoliación de las riquezas del oro y la plata. Perú queda, luego del periodo de conquista y colonización, diezmada en su población nativa, pauperizada en el nivel de vida y aferrada a un pasado cultural brillante.

Posterior a la independencia, Perú tuvo un largo periodo donde, paulatinamente, la aristocracia española fue suplantada por los terratenientes criollos más una elit militar que domino las disputas de poder durante casi todo el S.XIX; mientras la población originaria seguía excluida y explotada, sin que para ellos la independencia significara un cambio en la tragedia social. A diferencia de lo que ocurría en Argentina, donde las ideas revolucionarias surgían del seno de las corrientes inmigratorias, en Perú, en las primeras décadas del S.XX surge el indigenismo, corriente de pensamiento que encuentra sus raíces en los movimientos campesinos de las sierras del sur, proponiendo el debate político e ideológico sobre el problema indígena, en respuesta al pensamiento aristocratizante que dominaba el poder limeño. Así surge un movimiento que va a ser central en la historia peruana, poniendo en valor lo autóctono como patrimonio nacional.

El proceso de crecimiento de la industria nacional peruana fue lenta y asociada fundamentalmente a capitales norteamericanos, este proceso del fin de la oligarquía y nacimiento de la burguesía dominante, trajo aparejado un cambio social de desintegración del mundo rural, con un movimiento inmigratorio interno, que amplía la comunicación entre diversas regiones del país, un ejemplo es el desplazamiento de grandes masas poblacionales desde las sierras hacia la zona costera, esto va desarrollando la actividad económica en las ciudades que comienzan a crecer y se pasa de una economía primaria, a una secundaria y terciaria de industria, comercio y servicio, pero donde la participación de capitales norteamericanos es sustancial; hacia mediados del SXX, con una sociedad fuertemente reprimida y una apertura económica de libertad de cambio y facilidades para la inversión, Perú presenta una fisonomía social con dos clases sociales muy marcadas: Los ricos (minoría) y los pobres (mayoría)

Perú queda, así constituida, mayoritariamente  población originaria y una pequeña elit, fundamentalmente asociada a los intereses del imperio del norte en plena expansión. En la segunda mitad del S.XX lo que siguió sí fue común en América Latina toda, las fuerzas armadas fueron el brazo ejecutor del poder económico extranjero e interruptor de las democracias incipientes. En 1969 se produce una Reforma Agraria que intentó otorgar algo de dignidad a un pueblo campesino pauperizado desde la conquista.

En las últimas décadas del S. XX, en Perú irrumpe, al igual que en la Argentina, la democracia blanda, funcional al imperio del norte, con relaciones carnales obscenas, mientras aquí transitábamos el menemismo, surgido del seno mismo del peronismo, y llevando al pueblo trabajador a sufrir la primera gran traición, dejando como consecuencia altos índices de desocupación y entrega de derechos; en la misma línea político ideológica, en Perú llega al poder Alberto Fujimorí, produciendo lo que se conoce como el “fujishock” económico, neoliberal a ultranza  y  llegando a interrumpir el proceso republicano, disolviendo el Congreso.

En los inicios del S.XXI, mientras en Argentina, el movimiento peronista retoma sus banderas y se planta frente al imperialismo del norte y la propia oligarquía local, siempre deseosa de entablar más vínculos con el extranjero que con la identidad nacional; en Perú se va produciendo un lento proceso de desintegración social, que lleva a la fragmentación política y el empobrecimiento económico.

En marzo de 2025, el ministro de economía argentino, Luis “Toto” Caputo, hizo público su deseo y expreso su felicidad, de que Argentina vaya camino a ser Perú. ¿Qué Perú? El de una economía ultraliberal finaciera, con altos índices de trabajo informal, bajísimos ingresos para gran parte de la población, que ronda los U$D 300 mensuales; y una pequeña oligarquía con ingresos extraordinarios. En Perú no hay clase media, no hay aspiración a ascenso social, ni mucho menos hay un movimiento político que la represente ni la pretenda construir.

¿Cómo está Perú hoy? El último 12 de abril se celebraron las elecciones presidenciales, donde se presentaron cuarenta y tres (43) partidos políticos, treinta y cinco (35) llevaron candidatos a presidente. Aún se continua con el recuento de votos presumiendo que entrarían en segunda vuelta   Kieko Fujimori con el 17% de los votos y Roberto Sánchez  o Rafael López Aliaga ambos con entre 12 y 14% de votos. Mientras se dirimen todas las impugnaciones y el conteo se hace extremadamente lento, la población peruana aún no puede saber a quién podrá votar el próximo 7 de junio, fecha en la que está prevista la segunda vuelta, lo que es incierto aún dada la cantidad de controversias que se deben resolver. Otros datos a tener en cuenta es que 21 candidatos a presidente obtuvieron menos del 1% de los votos, y que el voto en blanco y nulo supera los votos obtenidos por Keiko Fujimorí. También es de destacar que en un país donde el voto es obligatorio, solo llegaron a las urnas el  58% de quienes están en condiciones de votar, muchos por impedimentos tales como dificultades para obtener en tiempo y forma la documentación necesaria para emitir su derecho al voto. Otra señal es que el voto en blanco fue del 14% , lo que supera en votos a los candidatos que disputan el segundo lugar de la contienda, para ingresar en el balotaje.

El análisis de la realidad política de Perú es que se ha logrado debilitar de tal manera la democracia y el sistema representativo, que la población ya no encuentra ninguna organización que la represente, pero además el mismo sistema se ha fagocitado a sí mismo, lo que deja vislumbrar un futuro, para Perú, donde por un largo periodo deberán abocarse a la reconstrucción de la representación política. La democracia se encuentra totalmente debilitada y el poder se concentra en grupos financieros extranjeros, a los que todos los poderes republicanos responden en forma casi de súbditos.

Si la Argentina se peruniza, estamos frente a un escenario peligroso de fragmentación política, debilitamiento del sistema representativo, corrimiento de los postulados constitucionales, desmotivación social para la participación y fundamentalmente quedar a las puertas de un programa económico altamente excluyente y con la desaparición total de la clase media. En Perú su estructura socio política se construyó para extraer las riquezas que necesitaba el imperio. Argentina posee la riqueza que se presumen indispensable para el futuro, el agua y el aire descontaminado.

Perunizar la Argentina es buscar la desaparición total del peronismo como movimiento que, a lo largo del S.XX ha defendido e implementado programas económicos que apuntaron a la distribución de ganancias. Que hicieron del trabajador y la trabajadora el centro del orgullo nacional, su identidad y la posibilidad de la movilidad social ascendente

Las disputas que se llevan a cabo dentro y fuera del movimiento, pero siempre abarcando el campo nacional y popular deber considerar no caer en la tentación de la fragmentación de tal forma que debilite el poder representativo, democrático y constitucional. Hacia allí quieren arrastrarlos. No caer en la trampa es la primera lección. Y la segunda, tal vez sea repasar la que nos dejó la CGT en 1930, cuando comprendió que la unidad es la única herramienta con fuerza suficiente para resistir la concentración económica y el cuidado de las riquezas nacionales.

Verónica López

Lic. en Cs. de la Educación.

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