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Zapatillas

Última actualización:
hace 254 días

Aunque no es cierto, se atribuye a Sarmiento la imposición de los guardapolvos y uniformes para borrar las diferencias sociales y económicas dentro de la escuela. Que no haya sido, aparentemente, su idea, no quita que le quepa, ya que no será el vestido que tapa lo que eliminará de hecho y realmente esas diferencias que el «gran maestro» hubiera deseado ocultar tras las ropas.

Como sea, creo que las zapatillas son prendas especiales ya que parecen multiplicar su valor simbólico.

En las cárceles, por ejemplo, son fetiches valorizados particularmente. Nadie quiere privarse allí de tener unas buenas «llantas», de marca y alta gama. Son a veces tan objeto de culto que se puede llegar a robarlas, o incluso agredir a otro para sustraerlas.

Es probable que su sobreestimación provenga de la humillación y la frustración del recuerdo de infancias «en patas», en las que la desposesión y el desamparo metaforicen la falta del calzado: Descalzos, desnudos los pies, desposeídos hasta en los cimientos de la existencia, las zapatillas constituyen un deseo reparador.

Como psicólogo que coordino esos espacios de análisis colectivos, no doy respuestas, sino que reenvío el conflicto presentado para ser pensado, es decir, desnaturalizado, por todos. Sí señalo que la Escuela debe cuidar a los niños de las agresiones y las humillaciones, que debe trocar la crueldad por la ternura, por lazos de respeto hacia el semejante. La escuela no es neutra en la transmisión de los valores y en la construcción de los lazos sociales que establecen los chicos. También pienso que, como institución que promueve la enseñanza, puede ayudar a procesar estos antagonismos a través de la instauración de interrogantes, que abran el ejercicio del pensamiento en los niños y adolescentes. Preguntarse, colectivamente, por los valores impuestos por el consumo, la deshumanización que implica y por el origen de las desigualdades y la discriminación consecuente. Desnaturalizándola siempre, repudiándola siempre.

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