Luis “Toto” Caputo vuelve a quedar en el centro de una discusión que tiene como protagonista a los fondos públicos y, particularmente, al dinero de los jubilados. Entre el FGS de la ANSES, las letras del Tesoro, los bancos y los fondos fiduciarios, la historia parece repetirse: recursos que deberían cumplir una determinada finalidad terminan convertidos en instrumentos de financiamiento y negocios financieros.
Cuando la finitud de la vida determina el fin existencial de una persona, se escenifican un sinfín de circunstancias alrededor de la personalidad del ya ausente, con distintas variantes y valoraciones de su trayectoria. Pero cuando se trata de un ser que ha logrado trascender las fronteras del anonimato a través de la difusión de su actuación en distintos medios periodísticos, la cosa cambia, ya que es ineludible la toma de posiciones en cuanto al juzgamiento y el legado que puede dejar quien ya no habita entre sus congéneres.
Trato de ubicar a la Argentina en este mundo agónico y sádico, con líderes corruptos e ineptos que nos arrastran a conflictos absurdos, ya sea por ideologías mesiánicas o por querer mantener un poder hegemónico, en un marco de total crisis económica y política y, sobre todo, social, cuyo único ámbito de discusión es un belicismo explícito contaminado de un odio ancestral que clausura todo tipo de raciocinio que les permita ver esta "coreografía" política. Parece totalmente inútil.
Acorralado por una economía que no arranca, una sociedad que comienza a darle la espalda y unas encuestas que ya no le sonríen, Javier Milei encontró en la cuestión Malvinas una nueva bandera para intentar recuperar iniciativa política. Pero detrás de la demagogia nacionalista aparece la verdadera trama: un gobierno que proclama soberanía mientras profundiza su subordinación política, económica y militar a los Estados Unidos de Donald Trump.
En una civilización tan conectada es imposible para cualquier nación ocultar acciones bélicas tan extremas durante tanto tiempo. El Estado de Israel, desde su fundación, se constituyó como un Estado expansionista sin reparar en los medios utilizados. De tal manera actuó como una Nación fundamentalista, tanto en lo religioso como en lo ideológico.
Donald Trump, el orgulloso y arrogante presidente de un imperio en franca decadencia, todos los días profiere amenazas a quienes considera sus enemigos, de tipo militar y económico, con la esperanza de recuperar un poder como élite dominante. Se encuentra con que el destino le tiene reservado haber sido protagonista de la derrota más humillante desde la producida en Vietnam, en 1964-1973, por su país acostumbrado a ganar batallas pero terminar perdiendo las guerras. Pero el "orangután naranja" no es un accidente aislado en la historia de EE. UU. Es sólo la cristalización grotesca que lleva desde su iniciación como nación, desde el punto de vista de la institucionalidad, que se ha venido nutriendo de la violencia organizada, del saqueo sistemático, de la explotación de los pueblos y de la mentira institucionalizada. Su figura concentra, como una imagen obscena, todo lo que el capitalismo-imperialismo estadounidense produce en su fase más degradada: la adoración a las armas, la codicia sin límites, la manipulación mediática, el racismo estructural y la glorificación de la ignorancia cínica como estrategia política. Donald Trump es a su vez síntoma y enfermedad; síntoma de un imperio en decadencia, y enfermedad que acelera la descomposición del planeta bajo el yugo de las armas, el saqueo y el engaño. La muerte misma.
El avance de la derecha en América Latina ya no necesita golpes militares ni tropas en las calles. Detrás de las nuevas estrategias electorales, las campañas de desinformación y el uso de las redes sociales se mueve una trama de intereses que tiene a Estados Unidos, Israel y sectores de la ultraderecha como protagonistas. Cerimedo aparece, en este escenario, como una de las piezas de un nuevo esquema de dominación regional.
La prolongada permanencia en el mar, el agotamiento extremo, las malas condiciones de vida y la tensión provocada por la guerra con Irán habrían desencadenado una grave crisis a bordo del portaaviones estadounidense Abraham Lincoln, que terminó en un motín con muertos y decenas de heridos.
Vivimos una época atravesada por guerras, desigualdad, crisis políticas, económicas y una creciente destrucción de la naturaleza. Pero esta situación no apareció de repente: es el resultado de un largo proceso histórico en el que el ser humano fue transformando y depredando el ambiente del que depende su propia existencia. Intentar comprender cómo llegamos hasta aquí es también preguntarnos si todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo.
Vientos turbulentos azotan al mundo sin piedad. Son los que levanta la crisis sistémica que agita la estructura de poder global. No son tibios: siembran el caos y cosechan un totalitarismo imperativo que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Este monstruo, tipo Leviatán, tiene dos caras: una de ellas reivindica el fascismo y el nazismo de antaño.