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La República Perdida: No hay neoliberalismo sin traición (Parte Uno)

Última actualización:
hace 137 días

Para que exista este neoliberalismo violento, que vendría a ser el cuarto, desde la «dictadura, menemismo, macrismo y ahora el mileismo», era necesario una campaña de mentiras por doquier en cuanto a promesas a cumplir en el gobierno. Pero no solo son esos ganadores de las elecciones, ni partidarios de esa doctrina quienes traicionan, sino que hay que rastrear en el resto del espectro político y una parte de una sociedad colonizada, para explicarse tamaño dislate que pone al borde del abismo a la República toda, que a través de una organización y alianzas espurias hacen de la extorsión, la injusticia y la impunidad del saqueo con cinismo explícito, en un escenario de desigualdad manifiesta en un culto conocido universalmente a través de la decadencia de Occidente obstinado en mantener los imperialismos de turno, sacrificando a los «peones» más débiles y vulnerables del Sur Global, arrastrándonos a una decadencia que como nación independiente no nos merecemos.

Para que esto sea posible la atracción de los políticos varios, abarcando desde la pertenencia deseada por seres que viven deslumbrados socialmente por la clase por la clase que profesa esa «ideología», hasta los que envueltos en la pelea política terminan siendo funcionales a los intereses, de los que siendo una minoría, solo pueden conseguir de alguna manera el poder por dos vías: o por un golpe de Estado, como en el 55 y 76, o a través de la traición política.

Entre estos últimos se encuentran partidarios de fracciones de la política, o los que dan pasos en falso como la UCR, en la convención de Gualeguaychú. Ahora solo les resta huir hacia adelante. La abjuración de sus principios, la deslealtad y la falsedad serán los nuevos compañeros de ruta.

Los pronunciamientos parlamentarios, que a veces se corresponden con las contingencias políticas y la negociación, pueden tener excepciones en los acuerdos que cada cual realiza. Pensando en la siguiente jugada. Así es la política parlamentaria.

Pero ciertos temas, que hacen a la función del Estado, que hacen a la educación, la salud, a la seguridad, por nombrar algunos, definen el carácter parlamentario.

El neoliberalismo anárquico de Milei solo existe en su imaginación y en sus sueños. Pero lo que no son sueños es su odio hacia lo que el Estado representa, porque ese mismo Estado que con sus leyes e instituciones le pone límites a ambiciones imperiales.

Él es el «vehículo», el intermediario, entre el Poder y las élites quienes lo han convencido de que es único e irrepetible, por eso quiere concentrar el poder a través de la inconstitucional delegación de poderes (art. 29. Constitución Nacional). Y viaja a EEUU y se reúne con Black Row, uno de los Fondos de inversión más grande del mundo, que dicho sea de paso, ya se quedó con más de 17 millones de hectáreas de Ucrania, como pago de una posible reconstrucción de la misma. Y los poderosos aprietan. Por eso tanto apuro. Y saben cómo apretar. Miren sino al FMI, que recomienda al Gobierno que aprieten a los legisladores para que le voten los poderes delegados para autorizar al Poder Ejecutivo, vía Caputo, endeudarse con los organismos internacionales sin pasar por el Congreso. Por eso el neoliberalismo es incompatible con la Democracia.

Durante la dictadura retozaron, practicaron la indiferencia activa sobre los demás. Y a la Democracia la usan sin muestra de asco. El nuevo liberalismo es un «crimen perfecto».

Es un genocidio social prolijo. Por eso buscan legitimarlo mediante la cooptación del Congreso a través de las amenazas y la extorsión. De buenos modales, pero afuera, palos y represión para el que no está conforme. Pero lo más triste es que hay diputados que han firmado un dictamen que no es el original sino que fue modificado en el departamento de un pituco de la Recoleta. Una vergüenza total.

De lo que estamos seguros es que el Libre mercado que mejor funciona es «Mercado Pago». Ya lo decía Arturo Jauretche: «Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende».

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