El empresario recordó que este tipo de controles ya se aplicaron a fines de la década del ’90 con un objetivo similar: verificar la procedencia del combustible y detectar posibles desvíos impositivos. “En ese momento se exigía que las estaciones controlaran el combustible que recibían mediante trazadores químicos. Eran reactivos que se aplicaban sobre una muestra que se extraía directamente del camión, antes de la descarga, para determinar si ese producto provenía de zonas con beneficios impositivos”, detalló.
Según indicó, este mecanismo apuntaba a evitar maniobras de trasvasamiento, especialmente en contextos de escasez, cuando el combustible podía provenir de distintas regiones del país con diferentes cargas tributarias.
Sin embargo, uno de los aspectos más críticos del sistema era el riesgo para la salud. “El producto que se utilizaba era cancerígeno. Por eso el sindicato directamente prohibió que los empleados realizaran ese tipo de tareas”, afirmó Saliva. En consecuencia, la responsabilidad recayó en los propios dueños o encargados de las estaciones, quienes debían manipular los reactivos con equipamiento de seguridad adecuado.
A esto se sumaban las complicaciones operativas, ya que la prueba debía realizarse al pie del camión cada vez que llegaba una unidad. “En estaciones con mucho movimiento, donde pueden descargarse dos o tres camiones por día, era muy difícil sostener ese ritmo. Además, había que completar registros manuales. Todo muy engorroso”, insistió.
A su vez, el costo económico tampoco era menor. “Los productos tenían una vida útil de seis meses y cada kit costaba alrededor de 2.000 dólares. Eso significaba un gasto de unos 4.000 dólares al año”, señaló Saliva. Incluso recordó que, ante el bajo nivel de cumplimiento, en su momento se habilitó la posibilidad de deducir esos gastos del IVA.
“Encima, en ese momento había un solo proveedor de esos productos”, agregó el empresario, y resumió: “Era algo raro y sonaba más a negocio que a un control efectivo”.

En consecuencia, con el paso del tiempo el sistema dejó de aplicarse. “No sé si se derogó formalmente, pero en la práctica se dejó de usar porque era incómodo, caro y la gente le tenía temor por el tema de la salud”, explicó.
Respecto de la implementación actual, Saliva indicó que aún no cuenta con precisiones, ya que no recibió la resolución ni las instrucciones concretas. “Nosotros trabajamos por cuenta y orden de YPF, así que será la empresa la que nos indique cómo proceder”, señaló.
No obstante, anticipó que podrían repetirse algunos de los problemas del pasado. “No sé si ahora habrán mejorado la tecnología, pero en su momento nos pareció algo muy extraño, poco práctico y bastante tirado de los pelos”, concluyó.

